800 Millas del NOA: la travesía de ASN

Nicolás Jaurena
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Los ASN llegaron sin inconvenientes a Jujuy. Luego de bajarlos, acomodar bolsos y valijas en donde se pudiera -salvo los Cobra, ninguno tiene baúl-, salimos hacia Tilcara que sería nuestra primera base de operaciones. A sólo 10 kms del aeropuerto ya casi perdemos a uno… Sus bulones de rueda decidieron eyectarse y hubo que conseguir reemplazos en una ferretería de Jujuy. Ya empezábamos a descubrir que llenar los pequeños tanques de nuestros autos era por lo menos tedioso y había que dejar de lado al porteño apurado que llevamos dentro. Hora y media mínimo para completar toda la caravana a buen ritmo.

Luego de desenfundar en el hotel de Tilcara enfilamos a Humahuaca. No pasó mucho; una pequeña vueltita y a morfar unas milangas de llama con birra. Para ser el primer día fue bastante tranquilo. Tiempo para ajustes menores en algún auto que no quería arrancar y verificar algunas pérdidas de líquidos. Nos empezábamos a acostumbrar al calor, la tierra y la cantidad de gente que se junta -y uno no sabe de dónde salen- cada vez que paramos en algún lado. Cena en Tilcara y a las cuchas.

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El plan del segundo día era ir a las Salinas Grandes, previo paso por Purmamarca y ver el Cerro de los Siete Colores. Hacia allí partimos los 28 tempranito, con la fresca… de 26 graditos. Mientras algunos paseaban por Purmamarca, sacaban fotos y otros se dedicaban a la puesta a punto de los autos que deberían pasar los 4.100 mts de altura antes de llegar a las Salinas. Escuché varias soluciones para el soroche, pero la más aceptada por el grupo fue la de la cebolla en el filtro de aire. Parece que funciona, che.

En la trepada a las Salinas Grandes, por la famosa Cuesta del Lipán, tuvimos nuestro primer incidente serio. Richard rompió un soporte de amortiguador que fue reemplazado por un taco de madera, aportado por un conductor de un camión del cual no recuerdo su nombre -pero si de su estado de ebriedad y apunamiento-, para que pueda seguir viaje. Lástima que decidió no subir y volver a reparar a Tilcara. Yo creo que hubiese llegado sin problemas.

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Ingresamos y recorrimos las Salinas en caravana. Un lugar maravilloso e imponente. La guía se ocupo de que el grupo de irrespetuosos se contuviera y no realizara trompos y derrapes como muchos tenían pensado hacer. Yo era uno… me quedé con las ganas.

La vuelta estuvo divertida, por lo menos en nuestro caso que debíamos ahorrar combustible y volvimos desde los 4.100 mts hasta Purmamarca con el motor apagado, pasando autos y camiones y haciendo un poco de vértigo irresponsablemente. También perdimos al Seven 4×4 que rompió la suspensión luego de un badén. Esta vez era irreparable así que su destino fue el “mosquito”. Juan Carlos consiguió rápidamente lugar en otros autos.

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Al tercer día enfilamos para Salta, por la vieja ruta 9, el camino de “la cornisa” que pasa por La Caldera. Algunos arrugaron pero le erraron fiero. El camino estaba espectacular y muy divertido para manejar, sacar fotos y disfrutar del paisaje. Si van, no lo duden. Es impresionante y se puede hacer sin ningún problema. Este camino es ideal para correr carreritas de trepadas. Nunca lo hicimos ni lo volveremos a intentar.

Llegamos a San Lorenzo entrada la tarde y con un hambre importante. Por suerte estaba “Lo de Andrés” para salvarnos y darnos de morfar, aunque sus cinco cuadras en subida desde el hotel y caminando hizo que algunos llegaran en tres cilindros y pidiendo oxígeno.

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El siguiente día fue libre así que nos dedicamos a reparar los autos que habían sufridos alguna avería. Pastillas de freno, algún cable cortado en las luces traseras de un auto (resuelto con luces de bici), purgado de frenos, bombas de nafta medio remolonas y mucha franela para aquellos que les gusta el auto limpito. Hablando de auto limpio, había uno que le daba a la franela pero no había caso. Ese auto ¡¡¡NO BRISHAAAAA!!!

Esa noche nos recibieron en el Museo de la Gesta Güemesiana con un asado a la cruz, visita al museo y varias horas de guitarreada debajo de un frondoso ceibo. Una noche impecable que terminó en una caravana ruidosa por el centro de Salta donde nuestro nuevo gurú, Arturo, nos dio una clase en vivo de como se hace para conseguir un Blue Label cuando solo hay “Ferné con pecsi”.

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La próxima etapa era ir hasta Cachi, subiendo por la Cuesta del Obispo. Acá cinco autos arrugaron ante los 20 km de ripio que estaban mucho mejor de lo esperábamos y se fueron directo a Cafayate. Una etapa larga y polvorienta que los autos se bancaron en su mayoría sin chistar. Nos comimos una tremenda picada al costado de la ruta en uno de los miradores antes de encarar la última parte atravesando el Parque Nacional Los Cardones. Llegamos a Cachi mugrientos, cansados y con sed, así que nos acoplamos a la mesa de la Cobra Coverton, que nos había abandonado en el camino y se fue solo. Se ve que no tenía señal con el mundo exterior o sus poderes estaban apunados que no se dio cuenta que nadie lo seguía durante 200 km.

La mesa en la galería de la Hostería del ACA se llenó rápidamente de tomadores de cerveza que a medida que les empezaba a entrar en corto el sistema nervioso iban desapareciendo a dormirse una siestita reparadora.

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El genio de Horacio, usando sus contactos, nos organizó una cena con dos chivitos hermosos que tuvimos que rechazar porque somos todos veganos y comimos sólo las papas fritas y las ensaladas que nos ofrecieron…

La siguiente etapa fue la más larga y, para mí, la más cansadora: de Cachi a Cafayate, volviendo por la Cuesta del Obispo y pasando por la Quebrada de las Conchas, Alemania, La Garganta del Diablo, etc. Acá perdimos al “Oso Yogui”, que no tuvo mejor idea que prestarle el auto a “Bubu” y “Bubu” se lo rompió todo. Plancha y al “mosquito”. Llegamos casi de noche pero con “una calor” terrible así que hicimos un poco de pileta mientras nos comíamos unas empanadas que habían sobrado de la espectacular parada estratégica en el puesto frente a Chicoana, en El Carril. ¿Quién la organizó? Horacio por supuesto.

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En Cafayate hubo visitas a bodegas y paseos menores. Nuestra estadía no terminó muy bien porque uno de los rosarinos, evidentemente acostumbrado a otro tipo de comida, mucho más delicada que la que solíamos degustar, terminó internado con suero para evitar una deshidratación producto de una falla severa en su sistema digestivo. Por suerte sobrevivió y pudo continuar viaje un día después.

Emprendimos la última etapa hacia Tafí del Valle, con una parada intermedia en las ruinas de los Quilmes. De toda la vuelta que hicimos, esos 5 km de ripio que había para llegar a las ruinas fueron los peores que nos tocaron. Además del calor, que hizo destrozos en algunos de nosotros. El lugar está genial y han hecho un pequeño museo 0km que es más que recomendable.

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Tafí resultó ser, esta vez, un fiasco. Si bien el hotel era lindo, una pintoresca y antigua estancia, nos recibieron con una picada y nos trataron muy bien a la noche, esa última noche en la que uno puede decir “listo, ya está, puedo liberarme un poco” nos dieron de cenar una cazuela de pollo que traducido al español era una sopa de mierda, de esas que te daba tu mamá cuando te portabas muy pero muy mal. Horrible. Menos mal que pudimos repetir la entrada.

El último día o etapa salimos tranquilos para el aeropuerto de Tucumán por el camino de cornisa que recorre el Valle, precioso. La última parada fue en el Monumento al Indio a sacar las últimas fotos y ya después encaramos para el aeropuerto donde nos esperaba “el mosquito” para traer los autos a Buenos Aires.

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Así finalizó un viaje que muchos soñaron desde que se compraron o armaron su Sport Nacional. Un viaje con amigos y conocidos donde el único objetivo era pasarla bien y disfrutar de nuestras “chatarras”. Ya estamos armando el próximo.

No quiero dejar de agradecer a Gonza que se puso la organización del viaje al hombro y fue el que sacó esto adelante. También al Cabezón y a Guly que se tomaron el laburo de filmar todo, llevar las cámaras, hacer trayectos sólos para adelantarse o porque quedaban atrás. A “Arturo Puig” por ser la “barredora”, el que siempre iba juntando los heridos por el camino. A todos los que ayudaron a reparar o no los autos con inconvenientes. A Santi por su amor por los animales. A la Cobra por desburrarnos permanentemente con sus conocimientos (si no sabía lo inventaba y si no le pasaban el dato por “cucaracha”). A los viejitos por bancarse a los rompehuevos de los pibes. Y sobre todo al grupo que se formó que se bancó una semana de convivencia sin una sola discusión y con un caudal de “bullying” por momentos intensivo. A todos: ¡GRACIAS!

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3 Comentarios, RSS

  1. GraceKryz 27/11/2018 @ 8:31 pm

    Hermosas imágenes y excelentes iniciativa para dar a conocer nuestro NOA, al mismo tiempo.
    ojalá se repita y se convierta en un clásico de clásicos.

  2. Guevarita 28/11/2018 @ 11:21 pm

    Como me lo perdí lpmqlp!!!

  3. Gonzalo Balaguer 30/11/2018 @ 10:51 am

    Muy buena Nico…!! Muchas gracias por la crónica.
    Un viaje soñado. Increíble…!!!!
    Ya estamos trabajando en el próximo destino.

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