Autoclásica 2019: Chasqui-boom!

Diego Speratti
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Entre el trabajo de la organización, el de los formadores de opinión y los intereses de la mayoría del público, en cada edición de Autoclásica tenemos siempre grandes temas convocantes. Pero uno de los mayores atributos de la expo es que diferentes atractivos satisfacen con caricias significativas a cada uno de los visitantes.

Y para aquellos buscadores de lo raro, lo desconocido, lo artesanal, lo diferente y lo hecho en Argentina, Autoclásica da la sensación de disponer cada vez más de metros cuadrados ocupados por todo aquello que entra en la categoría “Artesanía Argentina”.

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Una parte de la génesis de estos automóviles artesanales (en su mayoría autos sport) de hoy podemos rastrearla hasta las microcupés de las década de los años cincuenta y sesenta, cuando en Argentina fueron varios los proyectos desarrollados localmente para ofrecer una movilidad económica a la ciudadanía. Uno de estos proyectos “sale a la luz” en el stand del Museo del Automóvil.

Así fue que tuvimos (o tuvieron) en aquella época la posibilidad de comprar 0 km un Messerschmitt, un Isetta, un Heinkel, un Goggomobil, un Bambi, o un NSU Prinz hechos bajo licencia de sus fabricantes alemanes, pero también un Dinarg, un Joseso, un Minicar Decarlo, un Jerry, un Ciudadano, un Derossi, un Rosmovil, un IPAM-Leeds y algunos otros proyectos artesanales argentinos que giraban en torno a mecánicas pequeñas de la época, de fabricantes genéricos, como podían ser las construidas por JLO o Villiers.

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Lo que una inmensa mayoría desconocíamos hasta ahora es sobre la existencia del “Chasqui”, este microauto de formas tan particulares que se exhibe junto a un Tulia GT, un monoposto inspirado en el Alfa Romeo 308 y el “Double Decker” inglés en el espacio del museo de la familia Spadafora.

El Chasqui está convenientemente acompañado de cartelería con información que nos permite conocer su historia: sus autores fueron los hermanos Octavio y Camilo Canal, hijos de inmigrantes españoles afincados en la Zona Sur del Conurbano bonaerense, que tan pronto como mediados de los años treinta, atravesando sus adolescencias, se iniciaron en la fabricación de transportes, construyendo cuadros soldados de bicicletas.

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Los hermanos Canal siguieron trabajando juntos, arreglando autos y camiones y dando un salto importante en su actividad económica a partir de 1946, cuando instalaron su taller mecánico en Lanús Oeste y montaron una máquina que les permitía fabricar chavetas en forma masiva.

La facilidad para emprender proyectos los llevó a diversificar la apuesta construyendo también motores a explosión mono y bicilíndricos, encarando en el proceso la elaboración de los moldes, la fundición de los blocks, la fabricación de pistones, bielas, cigüeñales, engranajes, arboles de levas, carburadores y magnetos, entre otras piezas.

Los motores de un cilindro se utilizaban generalmente como pequeños grupos para generar electricidad y en máquinas para cortar pasto. El de dos cilindros fue colocado, por ejemplo, en una motoneta construida por los hermanos Canal y que, por entonces, hasta Juan Manuel Fangio llegó a probar.

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Para la misma época, entre los años 1951 y 1952, los Canal le encomendaron al artesano chapista Luis Cangiani el diseño y la construcción de un automóvil sport de dos plazas construido sobre la base mecánica de un Chevrolet de seis cilindros de los años treinta. De este auto, conocido como Cangiani, existen testimonios fotográficos pero se desconoce su paradero actual.

Instalados a partir de 1955 en un nuevo taller en Lanús Oeste, en la calle Gral Rodríguez 94, los Canal siguieron aventurándose en la fabricación automotriz, con la construcción de camionetas sobre plataforma mecánica de Ford, para finalmente fabricar un microauto sobre la base de una mecánica Villiers, el mismo proveedor inglés que impulsaba por ejemplo a los Biscuter españoles, los Bond y Frisky ingleses o también al IPAM y al Joseso argentinos.

El carismático (y estimamos que pesado y lento) Chasqui llevaba el motor ubicado en la parte posterior, el retroceso disponía de las mismas marchas hacia adelante ya que se invertía el sentido de giro del motor y su carrocería tipo monovolumen permitía la ubicación de dos filas de asientos. El ingreso al súper espartano interior se hacía a través de una puerta en cada uno de los laterales, y otro detalle distintivo del exterior eran sus faros delanteros ubicados fuera de la carrocería y, suponemos, originalmente construidos para ser usados como buscahuellas.

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Aquellos tempranos años cincuenta fueron los que sentaron las bases para el boom de la industria automotriz argentina, tanto de fabricación masiva como la artesanal. El Chasqui no se reprodujo como el sistema de mensajeros del Tahuantinsuyo, ni viajaba con tanta velocidad, pero el mensaje llegó hasta nuestros días, gracias a que la línea sucesoria de la familia decidió donarlo al Museo del Automóvil de Buenos Aires y el museo a su vez exhibirlo en Autoclásica, en el buen estado de conservación que luce hoy día, y que nos permite descubrir con mayor veracidad el trabajo artesanal de los hermanos Canal.

Fotos: Diego Speratti

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3 Comentarios, RSS

  1. Alvaro 12/10/2019 @ 3:58 pm

    Extraño vehículo….interesante historia.

  2. Eirwal 12/10/2019 @ 8:26 pm

    ¿Fiat Multipla 2 puertas, cupé?

  3. Ettore 16/10/2019 @ 9:13 pm

    Leyendo esta historia de vehículos artesanales, recordé las camionetas Adelmo que venían con motor Ford V8 cabeza plana; alguien va a aportar datos de la misma.

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