Countach!

Hernán Charalambopoulos
blogg
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nunca lo tendras

Gallizio es un personaje de los que quedan muy pocos en el mundillo del automóvil en Turín. Setenta y tantos nunca confesados, porte de dandy, labia fácil y eterno bronceado, distinguen a uno de los mejores proyectistas de autos y prototipos que se hayan conocido en las últimas décadas. En los noventa, junto a su socio, construyeron todos los concept cars con los que Renault maravillaba al ambiente, además de trabajar con BMW y otras grandes marcas. ”G Studio”, la compañía de Gallizio, estaba muy cerca de Bertone, en Susa, a mitad de camino entre Turín y los Alpes franceses, en un valle muy pintoresco a unos cuarenta kilómetros de la capital del Piamonte. Con don Nuccio Bertone nutría una excelente relación, además de ser buenos vecinos.

Un día, luego de un café en el stand de Lamborghini del salón de Ginebra, y hablando de la marca, se despachó con la historia de porque el Countach tiene ese nombre. Countach es una expresión en dialecto piamontés, que significa sorpresa. El dialecto es todavía muy usado por ciertos locales, sobre todo en las afueras de la ciudad, y para diferenciarse de los inmigrantes del sur de Italia, imponiendo así su pedigree.

Cuenta Gallizio que a fines de los sesenta, el gobierno italiano había decidido estimular la producción de leche, otorgando subsidios a los propietarios de tierras que quisieran dedicarse a tal actividad. El astuto Nuccio Bertone, al enterarse, decidió participar de la repartija de subsidios de una manera muy particular: el terreno que estaba al lado del estudio, y de su propiedad, fue transformado en pocos días en una especie de tambo por el cual deambulaban unas cuantas vacas, montado con el exclusivo fin de que en caso de recibir una inspección, el funcionario informase que todo se encontraba en regla. Sin embargo, detrás de las vacas, había un taller que cuando se saturaba el principal, servía como lugar de desarrollo de maquetas. Demás está decir que nunca tomamos leche ni yogurt Bertone, y de las pobres vacas no se conoce cual fue su destino final.

Había mucho trabajo por esos días en el estudio Bertone, donde Marcello Gandini, su diseñador estrella, estaba enfrascado en varios proyectos a la vez aunque había uno que, un poco porque no había espacio y otro poco para conservar aún más el secreto, se realizó en el taller secundario, es decir detrás de las vacas.

Faltaban pocas horas para la presentación final del proyecto, y esa noche hubo que trabajar hasta la mañana siguiente sin parar. En pocas horas vendría don Nuccio Bertone en persona a verificar que todo estuviera en orden para luego llamar al cliente, el siempre difícil Ferruccio Lamborghini.

Esa mañana, antes de las seis, y como de costumbre, el encargado de dar de comer a las vacas se hizo presente en el lugar, y mientras estaba haciendo su trabajo de limpieza del cobertizo, vio una puerta entreabierta. Sabía perfectamente que allí no podía entrar, pero al ver luz a una hora tan inusual, decidió asomarse a ver quien andaba por ahí…
Pensando encontrar una sala con arados, herramientas y ropa de trabajo, lo que vio en primicia mundial fue la versión final del entonces nuevo Lamborghini, sucesor del Miura que meses después habría causado sensación en todo el mundo por lo extravagante de sus líneas…

La gente se encontraba trabajando, algunos concentradísimos y otros semidormidos. Todos pegaron un salto cuando escucharon un grito ensordecedor lanzado por el pobre campesino que creyó haber visto un plato volador… “Countach!” exclamó en piamontés.
Se miraron, intercambiaron carcajadas, y luego de reprender al pobre hombre de campo, lo felicitaron por haberles despejado miles de dudas. Casi al unísono repitieron “Countach!”

pistolita

0 Comentarios, RSS

  1. Gus 02/10/2009 @ 11:48 am

    Primero quiero felicitarlos por el sitio en general. Me parece excelente
    y muy cuidado tanto en la selección de imágenes como en los textos.
    Habiendo conocido a Gallizio en los 90 en G Studio siempre quedé maravillado por la capacidad extraordinaria no solo de él mismo sino también de los proyectistas y modelistas italianos del universo de los carroceros torineses. Era maravilloso ver con que destreza y facilidad podian hacer o deshacer grandes pedazos de yeso (!) sobre las maquetas escala 1 siguiendo los desigños de los diseñadores e interpretando claramente sobre el volumen los dibujitos en birome hechos sobre la marcha a medida que la serie interminable de modificaciones se sucedia…
    Que paciencia!! mi omenage a esa “troupe” de “Tanos” artesanos (haía tipos de 75 años que seguian laburando!!)que no sé si hoy en dia sigue subsistiendo y que han hecho posible la materialización de los autos mas lindos de la historia.

  2. german vaccaro 12/10/2009 @ 8:33 pm

    jaajaj que zarpado remate para esta apasionante historia!!!

    muy bueno el blog muchachos!!!!

    felicitaciones!

  3. juan ponzio 24/10/2009 @ 9:19 am

    IMPACTANTE EL RELATO,ME “SORPRENDIO” LA HISTORIA POR LO PINTORESCA Y TAL VEZ FAMILIAR YA QUE MI PADRE Y ABUELOS SON DEL PIAMONTE Y ESCUCHE HABLAR ESE DIALECTO MARAVILLOSO,DURANTE AÑOS.
    SALUTI.

  4. garabato 24/10/2009 @ 9:52 am

    Allura Govanín, parluma piemonteis !!!!

  5. Papanuel 09/11/2010 @ 5:44 pm

    No quiero imaginarme cómo se llamaría si la historia hubiera ocurrido aquí. Aunque siendo benévolo e inocente, podría haber sido el Lamborghini Ahijuna!

    Por otra parte, me parece que encontré la punta del ovillo para entender el origen del nombre que Mitsubishi le puso al todo terreno que aquí se conoce como Montero.

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