Con mi balsa yo me iré al Paraná

Diego Speratti
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Balsa atracada

Hasta la década de los años sesenta, toda la comunicación vial de la provincia de Entre Ríos con sus vecinas Santa Fé, Buenos Aires, y con la República Oriental del Uruguay, se hacía mediante el cruce en balsas, que atravesaban los caudalosos ríos Uruguay, Paraná, y sus afluentes.

Fue en la década de los años setenta que se terminaron los puentes del Complejo Zárate-Brazo Largo, el de Gualeguaychú-Fray Bentos y el de Colón-Paysandú; a comienzos de los ochenta quedó pronta la represa de Salto Grande con su puente que une Concordia con Salto; y apenas en el año 2003 se empezó a circular por la serie de puentes que conectan a Rosario con la Victoria entrerriana. A algunes de nosotres nos tocó hacer alguna vez un cruce en balsa, pero nuestres padres, madres y abueles completaban jornadas “heroicas” de viaje recorriendo cientos de kilómetros de caminos de ripio y horas pacientes a la espera de las balsas que los cruzaran a aquel “otro lado”.

Antes de esos puentes, sin embargo, se les adelantó el túnel subfluvial “Hernandarias” (luego rebautizado “Raúl Uranga-Carlos Sylvestre Begnis”), que unió las ciudades de Paraná y Santa Fé de la Veracruz, constituyéndose a la vez en la primera comunicación vial de la Mesopotamia con el resto de la Argentina.

El túnel fue inaugurado en diciembre de 1969, por lo que pronto celebrará su medio siglo de servicio. También 50 años atrás, pero en el mes de febrero de 1969, las balsas disfrutaban de sus últimos meses de monopolio del transporte de pasajeros y carga para atravesar el serpenteante Paraná, desde la homónima capital entrerriana hasta las tierras santafesinas ubicadas frente al Parque Urquiza y regadas por el Río Colastiné.

La pintura de época la completa el material rodante viajando sobre la explanada principal de la balsa, un honorable catálogo de mucho de lo que produjo la industria nacional durante la década de los años sesenta.

Fotos: Archivo General de la Nación

Balsa

2 Comentarios, RSS

  1. RANQUEL ARBOLITO 19/03/2019 @ 10:55 am

    A mí, a mi hermano y a mis viejos nos tocó muchísimas veces aquello de jornadas “heroicas” de viaje recorriendo cientos de kilómetros de caminos de ripio y horas pacientes a la espera de las balsas que los cruzaran a aquel “otro lado”; mientras a bordo del 4S verde follage ellos hacían cola en la balsa con la fila mas corta (a veces la civil; otras la militar), con mi hermano hacíamos la cola en la otra, y, a veces, ¡Nos tocaba abordar primero a nosotros y salía corriendo a buscarlos!. Hermoso como jugaban al senku vehicular para equilibrar la balsa

  2. Alejandro Marino 20/03/2019 @ 12:06 pm

    Como dice el Indio Solari ( casualmente nativo de Paranà ) la referencia al tunel me dispara algunos recuerdos que ( tal vez ) mienten un poco.
    Allà por 1970 por alguna razòn mi padre decidiò que la obra ameritaba ser visitada, y coronando un viaje familiar fuimos todos en el Chevrolet. No se merced a que argucias conseguimos una visita guiada al control central ( donde se monitoreaba el transito a traves de un primitivo circuito cerrado de TV, y se comandaba el sistema de ventilaciòn ) que para mis ojos de niño era poco menos que Cabo Kennedy.

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