El Lorraine Dietrich y la Quadriga

Hernán Charalambopoulos
quaaaa
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageEmail this to someone

1

En las próximas líneas intentaremos de alguna manera navegar dentro de la carga inconsciente que lleva en la mochila la expresión: “Tiene un no sé qué…” Esta frase tan dicha en ámbitos extra automovilísticos como salones de baile, mesas de café a la hora de hablar de la sobrina del diariero, o bien al referirse a a algún objeto en particular, la hemos escuchado cuando la gente pasaba al lado de este Lorraine Dietrich, adorable carruaje romano en versión motorizada.

Aquí empezamos un poquito a contar que picazón ataca a nuestras tripas cuando nos paramos frente a este objeto. En lo personal lo que me recuerda, es la imagen del carruaje de competición de la época del circo en donde se usaban mayoritariamente las Quadrigas  (de cuatro caballos). Recordemos que los Romanos el mayor uso que le daban este tipo de carruaje era deportivo, ya que contadas veces se los veía en el campo de batalla.

Las proporciones son muy similares y por eso llaman a la misma sensación de deporte y velocidad. Hay algo muy voluminoso por delante (en este caso el motor, en aquel el caballo) que arrastra lo que viene detrás de él, pero con la característica de que el cerebro esta en la zona menos voluminosa ( la del conductor ) mientras que el musculo domina en el frente.

2

Esta desigualdad de masa y a la vez de jerarquía de funciones, hace que se generen asimetrías que hacen de estos objetos algo curioso. No son armónicos ni balanceados: Todo lo contrario, hay una tensión producida por el desequilibrio evidente de las masas y quizás sea eso lo que lo hace atractivo.

Volviendo al automóvil, si a esta descripción del carro romano trasformado en objeto motorizado le agregamos que las curvas ayudan a leerlo en toda su magnitud, y las ruedas lo apoyan a  la tierra con vehemencia, estamos ante la creación de un nuevo lenguaje mecánico en el que el caballo era dignamente sustituido por este corazón de lata envuelto en sabia y potente coraza de metal.

El parabrisas del Lorraine Dietrich pequeño y lanzado se clava en el lomo como lo haría la mirada del gladiador quien desde el carro controla los movimientos de sus pupilos. La capota ingenuamente prepara el terreno con una leve pendiente que va desde la zona trasera hacia el capot y no hace más que aumentar el efecto de un animal que está listo para lanzarse: Zona trasera contraída y tensa, con los miembros delanteros ya extendidos listos para recibir en empuje y clavarse lo más lejos posible en su loca carrera de velocidad.

Caballo y motor: Dos pasiones que desde siempre envuelven los sueños de los varones y que con la misma receta nos hacen vibrar a través de los siglos.

quaaaa

3

12 Comentarios, RSS

  1. Gonzalo Balaguer 19/10/2015 @ 8:43 am

    No se si toda esta “teoría” será cierta… Pero con la verba del griego suena muy creíble..! Jaja.
    Que lindo auto..!

  2. Qui-Milano 19/10/2015 @ 9:36 am

    y es exactamente por eso que, clavado en el inconsciente colectivo de los europeos en general y particularmente en los italianos (y por ende en todos nosotros) nos hace reconocer visceralmente como potente y victorioso algo que tenga un capòt enorme y una cabina pequena y agazapada y nos emocione mucho menos lo que es al revès…

  3. Güilbeis 19/10/2015 @ 10:46 am

    Una soberbia descripción de lo que uno siente pero no puede expresar.
    Gracias!

  4. Güilbeis 19/10/2015 @ 10:52 am

    Ah, mirá. Abajo aparece el post “Puntos de vista” del 7/2/2014

  5. José del Castillo 19/10/2015 @ 2:04 pm

    Interesante descripción, ya lo habíamos visto antes con la vaca y la capota de un Rolls, ¿recuerdan?, cómo el ángulo de una línea te cambia por completo un diseño. Bien ahí, Hernán. Gracias por enseñar.

  6. CharlieKober 19/10/2015 @ 7:52 pm

    Interesante punto de vista, no había pensado de esa manera. Gracias por hacer trabajar a mi alicaída neurona.

  7. Lao Iacona 20/10/2015 @ 12:37 pm

    Excelente análisis Hernán. Me impresionó mucho el auto, una belleza.

  8. danielc 21/10/2015 @ 4:24 am

    Gracias Hernán!. Siiempre me alucinan las impensables relaciones que hay detrás del diseño de un coche: volúmenes, imágenes que ni siquiera somos conscientes de tener en el cerebro, historias…

  9. Santino 21/10/2015 @ 1:12 pm

    Muy bueno, Griego!!! Hay que ir al boliche con la fotito y preguntarle a las minas que ven en este auto! Me encantó, la imperial proporción romana que tanto nos atrae.
    Coincido con Gaucho Pobre que el diseño es un poco posterior que el 24, lo mismo las cubiertas, pero igualmente cada vez que lo veo se me pone la piel de gallina. Lejos lo mejor de AC, por lo menos para mi…

  10. Hector Cordeiro 21/10/2015 @ 2:05 pm

    Te felicito Hernán. Nunca lo vi de ese modo pero coincido plenamente.
    Hace unos años alguien muy conocido por nosotros me dijo que el auto deportivo debe tener menor despeje atrás para que parezca que siempre está acelerando.

    • Güilbeis 21/10/2015 @ 11:20 pm

      Mire si se enteran los rápidos y furiosos de la América latinizada que aplastan las trompas de los tracción delantera tuneados.

  11. Güilbeis 21/10/2015 @ 11:22 pm

    Ahí está! Me acaba de caer la ficha del auto al que me recordaba el Lorraine-Dietrich, es el Mefistofeles. Tarde pero cayó.

Tu email no será publicado. Required fields are marked *

*


*

escanear00031-350x392

Sociedad exitista como pocas, el suceso del varón occidental pasa por poseer la mayor... Seguir Leyendo >>