El primer papamóvil

Hernán Charalambopoulos
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Corría el año 1929, y hacía poco tiempo se había firmado un pacto entre el gobierno italiano y las autoridades del vaticano, a través del cual, ponían fin a casi sesenta años de conflictos, originados en 1870 con el nacimiento de Italia como nación.

Finalmente, y a través de este acuerdo, el Vaticano por un lado reconocía al entonces reino de Italia y a Roma como su capital, y por el otro, el Rey Don Vittorio Emanuelle III junto a Benito Mussolini, aceptaban la soberanía del estado Vaticano, que incluía la residencia papal en Castelgandolfo, situada a unos veinte kilómetros de la Santa Sede.

El Vaticano, y su máxima autoridad vivieron alejados del mundo del automóvil desde su nacimiento, ya que a pesar de haber recibido regalos por parte de la mayoría de los fabricantes, a ningún papa se le ocurriría viajar en automóvil dentro de la Santa Sede, ya que sus cuarenta y cuatro hectáreas son muy fácilmente caminables.

A esto hay que sumarle el ostracismo auto impuesto por el Vaticano en protesta al gobierno italiano por no reconocerlo como estado. Es decir que el Papa vivía recluído allí durante todo su mandato. Resulta entonces entendible que los Pontífices precedentes no tuvieran ninguna clase de inclinación tuerca vista su limitadísima movilidad.

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Luego de hacer las paces con el estado italiano, el Papa podía nuevamente disponer de la residencia de Castelgandolfo, y también asomar las narices fuera del Vaticano. Esto abría otro mundo en términos de movilidad terrestre para el Pontífice. La nueva situación fue rápidamente captada por un dirigente de Mercedes-Benz, un tal Katzenstein, que vio la posibilidad de imponer la marca en el divino contexto que ofrecían los muros del Papado.

Habló con el embajador alemán en el Vaticano, y comenzaron las cortas y efectivas negociaciones que darían como resultado un “sí” bastante fácil, y la posterior puesta en marcha de la maquinaria teutona (Luterana y protestante), al mando de Katzestein (¿paisano?) para poner ruedas al sueño de la máxima autoridad católica de la Tierra.

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El auto elegido fue un Nurburg 460 de la serie W08, modelo que había sido lanzado en 1928, y que representaba lo más avanzado en técnica que la casa de la estrella podía ofrecer en su menú por aquellos años.

Motor de ocho en línea con 4.622 cc, que entregaban unos somnolientos 80 caballos, haciendo que las dos toneladas y media de la carroza papal alcanzara luego de grandes esfuerzos los 100 km/h. El auto demandó a los técnicos de la casa más de un año de arduo trabajo, ya que pasó de Mannheim, donde se producía, a Sindelfingen para su ensamblado y aprobación final.

Pequeños detalles ilustran la importancia dada por Mercedes-Benz a este regalo: el tapizado delantero estaba revestido en cuero negro, mientras que el trasero, estaba completamente bordado a mano en brocato de seda y lana bajo un diseño y confección hechos por los monjes benedictinos.

Eso sí que es “customer satisfaction” diría un marketinero…

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Siguiendo con las excentricidades técnicas del automóvil, había una suerte de intercomunicador que le avisaba al “chauffeur” las intenciones del Santo Padre, y un pequeño tablero luminoso en donde se hacían realidad ante sus ojos: ”Izquierda” “Derecha”, “Alto” y algunas más que ilustraban las diferencias entre el que estaba adelante y el señor de atrás.

Llegó la hora de la presentación interna para su chequeo final, y luego de la aprobación dada por el rígido comité de la casa, el Nurburg fue trasladado hasta el Vaticano… ¡andando! Allí, días más tarde fue presentado al Pío XI, quien lo manejó dentro del Vaticano aprobando inmediatamente y admirando semejante presente (no era para menos…)

Cuarenta mil kilómetros más tarde y no sé cuantos millones de cebadas según la publicidad de Taragüi, el auto fue devuelto a Stuttgart para su restauración que culminó en 1984, luego de mas de quince meses en los talleres. Esta vez fue recibido por Juan Pablo II, que con su sonrisa picaresca saltó de inmediato, y puso primera para darse un paseito por los jardines como lo había hecho su antecesor unas décadas antes, dejando de lado Su G-Klasee blanca y blindada con la que se movía, confirmando el buen gusto de los jefes de la iglesia durante casi ochenta años de estrecha colaboración entre los alemanes y el Vaticano.

Hoy, este Mercedes Nurburg 460, luego de años de duro trabajo y muchos servicios prestados, descansa merecidamente en la Galería de las carrozas papales en el Museo del Vaticano.

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7 Comentarios, RSS

  1. Manuel F. 05/03/2010 @ 1:01 pm

    Esas pequeñas historias, tan útiles para cualquier conversación aleatoria. Gracias.

  2. Tete 05/03/2010 @ 5:42 pm

    Excelente material griego ! tal cual dice manuel F, son pequeñas historias excelentes para tirar en una mesa, lueo de una cena,con los asistentes en un cuasi estado alcoholico, con la sorperesa en la cara de quienes la escuchan diciendote, como sabes de autos !

  3. Horacio P. desde Rosario 06/03/2010 @ 5:29 am

    “No sabía que eras tan religioso” acotó otro de los comensales de TT luego de haberse bebido las reservas de una supuesta transfución a Cristo.

  4. PETER380WCOMP 06/03/2010 @ 5:43 pm

    Hermosa maquina, elegante por donde se lo mire… Estimado Hernan, este Mercedes me recuerda otro vehículo de la época, el Itala 61 tan lujoso como los Mercedes o los Rolls; Tendrás fotografías de este o de los modelos de la marca no tan conocida? Saludos y felicitaciones por haber creado este espacio!

  5. Javier M 08/02/2016 @ 10:57 am

    No hay caso, siempre se aprende algo nuevo aqui.
    El auto es espectacular, si el actual es blindado, este no debe precisar blindaje.
    Muy buena nota!

  6. Astonmartin 08/02/2016 @ 11:46 pm

    Muy buena nota.
    Me causa mucha gracia cuando después de algún comentario me dicen “como sabés de autos”.
    Inevitablemente les cuento que mucho no sé, que leo una web que se llama Vade Retro (o antes Retrovisiones) que es mi principal usina de conocimiento automotriz y algunos se interesan y se vuelven fanas de VR.

  7. Güilbeis 10/02/2016 @ 10:16 am

    Muy buena nota, con contenido de historia y un auto interesante. Creo que es el primero que veo con sillón para una sola persona como asiento trasero. Me imagino a los Papas tratando de disimular el entusiasmo de subirse a un auto para dar la vuelta al peyo en el Vaticano.
    Las comparaciones son odiasas pero qué diferencia con el F-350 armado por el ACA, una grúa sin guinche.

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