El Buick Riviera de Oscar

Hernán Charalambopoulos
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Listener-(1)

Nos conocimos de casualidad en la puerta de Pizza Cero. Yo paseando en mi Chivo y el estacionando un increíble Impala SS con los toques justos de “Tuneta” que lo hacen caminar por el filo de la navaja pero con la vista siempre del “lado bueno”.

De ese encuentro derivaron otros y un día una llamada misteriosa: “¿Che loco, viste el Buick Riviera publicado en Mercadolibre? Es un poco caro pero me gusta…”

Del precio que pedían, ya les había limado cerca de un 20% y los tenía contra las cuerdas. Charlamos, discutimos, y como buen niño caprichoso partió raudo hacia la localidad de Goya, en la provincia de Corrientes. Al otro día, como esperábamos, este increíble Biuck Riviera de 1968 pasó a ser una más de sus mimadas mascotas, emprendiendo un largo camino hasta Buenos Aires. Siempre en manos de la misma familia desde su nacimiento, era la presa preferida de este tipo de cazadores…  ¡¡¡La de cualquiera de nosotros!!!

Listener-(5)

Autoclásica sirvió de excusa para mostrarlo, y entre los miles de visitantes, nos tomamos un espacio para retratarlo en todos sus ángulos. Un auto espectacular como atributo principal. Intentando remar sobre las turbias aguas de este término, llegamos a la conclusión de que la espectacularidad es así: espectacular.

A veces le falta equilibrio y otras le sobra efervescencia, pero nadie queda indiferente ante semejante artefacto. Dentro de los coupés americanos contemporáneos, el Riviera es por lejos el más sofisticado y elegante, al menos desde el plano estético.

Trazos firmes geométricos que muestran volúmenes poco tradicionales tanto en forma como en dimensiones, encastrarse con la suavidad de autos de mucho menor tamaño.

Las secciones maestras o de base (sobre todo la lateral) son lo suficientemente robustas pero a la vez delicadas en sus curvas de construcción que hacen de esta ballena un estilizado tiburón preparado para el ataque.

Lo más efectivo (y que en los años sucesivos se potenciaría hasta llegar a su zenit en 1971) son los remates de planta tanto delantera como trasera. Tanto los volúmenes que “protuberan” como los que se ocultan lo hacen sin reparar demasiado en las buenas maneras, anunciando con potencia su existencia entre la imponente contextura corporal.

Capítulo aparte el interior, verdadera obra maestra del desparpajo tanto en arquitectura como en materiales y colores, además claro de la inmensidad del espacio que hace de este “Granturismo Americano” un verdadero living rodante. Años dorados de pocas pulgas y relaciones carnales sin cuidados, hacían del cliente de este auto un verdadero animal de caza y le entregaban un arma mortal para tal cometido.

Gracias Oscar por mostrarnos esta obra maestra del despilfarro con buen gusto.

Merecida posesión.

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Listener-(4)

4 Comentarios, RSS

  1. Güilbeis 09/12/2015 @ 10:44 pm

    Me gusta mucho el cachalote aunque no llega a orca. Lo mejor, el frente, la ubicación de los faros y cómo quedan tapados. Hay fotos del interior? Me gustaría verlo acelerar ladeandose por el torque para todos y todas.

  2. danielc 10/12/2015 @ 4:08 am

    Hermosa nave, poseída por tipos a su altura:

    http://tinyurl.com/h7c4rke

    Mi sueño junto al Pontiac GTO del 65 al 67.

  3. OGV 10/12/2015 @ 1:38 pm

    Excelente nota.
    Coincido con Daniel acerca del GTO. ¡Por lo menos tuve el Buby!

  4. OGV 10/12/2015 @ 1:43 pm

    Mandé el comentario anterior antes de abrir el link de DanielC
    ¡VIDA LARGA Y PROSPERIDAD!

    ¿y William Shatner que tendría, un Corvette Stingray como el que destruye “Tiberius” adolescente en la Star Trek de J.J. Abramhs, tal vez?

    Off topic total para “trekkies” y “trekkers”

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