Manejando el Fiat Dino Coupé

Hernán Charalambopoulos
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que guantessss...
( Nota de archivo) Hay tres autos italianos de finales de los sesenta que marcaron una era y que forman parte de los mejores ejemplares de la ya mencionada década dorada del diseño italiano, que va de 1965 hasta 1975: Uno es el Maserati Ghibli, ya presentado y analizado, el otro es el Alfa Romeo Montreal, y el tercero, auto del que hoy nos vamos a ocupar, el Fiat Dino Coupé.

Mucho tiempo soñé con tener la posibilidad de manejar estos monstruos sagrados, y como en el país no hay rastros de ningún Ghibli, comenzamos por lo que hay. Hoy inauguramos en RETROVISIONES la sección de Test Drive de clásicos, y lo hacemos con todo el ruido: Fiat Dino Coupé.

Siendo esta una prueba de manejo, me gustaría transmitir las sensaciones vividas detrás del aro de madera y no detenerme tanto en datos técnicos, aunque hay un par que merecen destacarse, como por ejemplo, la mecánica de origen Ferrari, en disposición V6, con cuatro árboles de levas a la cabeza y una potencia máxima de 160 CV, dueño de una voz muy particular, que al exigirla brinda grandes estímulos a los sentidos de quien la provoca.

toma !!!


Este motor tiene su origen a mediados de los años cincuenta, y fue precisamente fuertemente impulsado para su fabricación por Alfredo (Dino) Ferrari, hijo del commendatore, tiempo antes de su muerte. En reconocimiento a su labor y para honrar su memoria, Don Enzo decidió que todos los motores V6 y sus derivados lleven el nombre “Dino”, diminutivo de Alfredo, o sea que si transportamos la nomenclatura, y de haber sido concebido en estas tierras, bien podría haberse llamado “Tito” o “Lito”…

Tormo

La cuestión es que este famoso “Dino” fue proyectado para equipar a los bólidos de Maranello en el nuevo campeonato de Fórmula 2, que consentía a partir de la temporada 1967, equipar las máquinas con motores de seis cilindros, pero con la condición de fabricar y homologar quinientas unidades destinadas a la producción. Es decir que a más tardar en febrero de 1967 había que tener un auto en la calle con esa motorización.

El trabajo le tocó a Pininfarina, que en pocos meses desempolvó el Dino Spider,  presentado en noviembre de 1966, con el motor en versión dos litros, el mismo que equipa al coupé que hoy estamos presentando y reemplazado por el 2,4 litros de 180 CV en el año 1969, cuando vio la luz la segunda serie, que además de ligeros cambios estéticos y de interior, incorporaba el tren trasero con suspensión independiente, tanto para el spider como para el coupé.

transnuden

Ferrari sabía que era imposible llegar a esa cifra de producción por sus propios medios así que recurrió una vez más a “Mamma Fiat“, y decimos una vez más porque desde los años cincuenta recibía de manos de Vittorio Valletta, entonces mandamás del grupo, una importante cantidad de dinero a modo de “subsidio patriótico” para que el nombre de la industria italiana figurase en lo más alto de las competencias motorísticas. Valletta y la familia Agnelli sabían muy bien que si Ferrari ganaba se venderían más Fiat sólo por una cuestión de “marca país”. Usando sus contactos, “Il Vecchio” ofreció este proyecto al coloso piamontés, que enseguida vio el negocio y la posibilidad de aumentar su imagen, además de la facturación. La única coupé que tenían en producción era la 2300S carrozada por Ghia que nunca fue un prodigio de prestaciones, ni tampoco de distinción por su línea.

montaggio

El Dino Coupé cayó en manos del estudio Bertone, ya sea para su diseño como también la construcción de las carrocerías, que terminaban siendo ensambladas en Maranello. Un año antes, en 1966, el mismo estudio presentaba el Miura, obra cumbre de Giugiaro (y no de Gandini), auto que tiene a su vez sus orígenes en el perfil del prototipo Testudo de 1962, sobre base Chevrolet Corvair.

Los suaves trazos que recorren el lateral del Testudo, Iso Grifo, Alfa Romeo Canguro, Lamborghini Miura, y para concluir, Fiat Dino Coupé, son la síntesis más pura del movimiento aplicada a la silueta de un auto, y un sello de Guigiaro dentro de Bertone en esos años, cuando fue el responsable de casi todo lo que generaba el carrocero. Si vemos años más tarde la silueta del Aston Martin DBS, Audi 100 Coupé, Ford Capri, o la trompa del Opel Manta, vemos que el Dino fue sin dudas fuente de inspiración para muchos de los coupés de cuatro plazas que aparecieron sucesivamente.

Sus líneas se dejan explorar por el ojo del curioso sin oponer resistencia alguna. Todo es suavidad y fluidez desde la trompa hasta el remate de cola, que fusiona la caída bombeada contenedora de los ocupantes traseros, con el remate cerrado de la sección en donde descansan los faros horizontales derivados del 850 Coupé. Llama la atención la proporción vidrio-chapa, claramente a favor del primero, y contra todos los cánones estilísticos que aconsejan mucho músculo y poca superficie transparente. La receta del Dino Coupé invierte las cantidades de ingredientes y ofrece sin embargo un plato de sabor único: un coupé de lo más elegante con capacidad para cuatro pasajeros, y con el toque deportivo que el linaje de sus entrañas impone a la hora de calzarse el traje.

Pueden sonar arbitrarios estos comentarios, pero al ser uno de mis tres autos italianos favoritos de su época, cada reflexión que expulsen estas teclas, va a rebalsar subjetividad y absoluta parcialidad: Podemos decir que el Dino Coupé es el “quattro posti” más equilibrado de la década del sesenta.

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Cuando su propietario, el buen Edgardo Petrizzo, casi descuidadamente me comentó que quería que lo manejara en un encuentro, me puse como un niño que le anuncian que lo van a llevar el domingo a la calesita. Luego de ir tachando días en el almanaque, llegó el momento: me presenté en el lugar indicado como estaba previsto, aunque veinte minutos antes… Siendo domingo, y bastante temprano, la voz ronca del portero eléctrico le puso techo a mis niveles de ansiedad, con lo que decidí dar unas cuantas vueltas manzana antes de volver a insistir.

Pasado un tiempo prudencial, me acerqué nuevamente al punto de encuentro, dando finalmente con Edgardo que ya acicalado y junto a su familia, se presentó. Nos fuimos a buscar los autos. Yo iría con otra persona en el Dino (mi colega Rafa Varela) y él en su auto particular. Estábamos en el garaje, y un estruendo me hizo dar vuelta: allí se me presentó una mancha color “Giallo positano” que comenzaba a tomar forma, y escondía una mecánica que se estaba desperezando… Salimos a la calle y me explicaron brevemente los comandos principales, para luego desearme suerte, y acordar encontrarnos en la largada del evento, unos siete kilómetros más adelante.

Lo primero que comprobé al sentarme, fue la increíble luminosidad y la gran visibilidad de la que disponemos, con un panorama inimaginable en un auto moderno. Una vez acomodado en el asiento, confirmé nuevamente la teoría de que para los italianos hasta no hace mucho tiempo, la ergonomía era una suerte de ciencia oculta, a la que quizás muy pocos tenían acceso, y con la que nadie se atrevía a enfrentarse. Es como si el Dios de la ergonomía se pudiera enfurecer y hacer enfermar de extraños males a los técnicos que osaran desafiar sus secretos, o algo parecido… Seguramente, al norte de los Alpes el Dios, o Demonio de la ergonomía estaba domesticado, o eran quizás agnósticos, ya que lo enfrentaban sin pudor y el resultado fue siempre una impecable presentación de los autos alemanes en este apartado.

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A ver… si les digo que me subo a un Granturismo italiano, con motor Ferrari, y que el volante tiene la misma inclinación y hasta posición que la de un Fiat 147, ¿me creerían? Seguramente no… La alineación de los comandos recién entró en vigor en la industria italiana hacia la década del noventa con lo que interpretarán que pedalera, volante y torso del piloto, todo está dispuesto en muchos planos, lo que hace que incursionemos en  las más osadas posiciones del kamasutra conductivo antes de decidir donde va nuestro esqueleto a la hora de emprender el viaje.

Materiales nobles en volante, guantera, no así en los asientos (de cuerina), y detalles finos con muy aceptable terminación, enmarcan la experiencia que estaba por vivir a bordo del Dino Coupé. Miré fijo la llave de contacto, la giré hacia la derecha, y de repente la ergonomía, los plásticos de mediocre calidad y todo lo malo que se nos pueda ocurrir pasó completamente al olvido… El V6 me empezó a hablar y desde ese momento caí preso de sus encantos, sin oponer ningún tipo de barreras a sus atrevidas propuestas que se manifestaban a través de alaridos cada vez que mi pie acariciaba el acelerador, pidiéndome que le haga más y más cosquillas desde el puesto de comando.

El cuentavueltas está regulado hasta las 9000 rpm, y  sonaba algo exagerado, pero al descubrir que la usina se comienza a excitar arriba de las 5000 rpm, no me pareció grosera la propuesta de probar hasta el tope, cosa que obviamente no hice, aunque si llegamos a dialogar entre mi pie y su aguja en torno a las 6500/6800 revoluciones, régimen más que considerable para la edad y, sobre todo, para el vecindario, que me habrá propinado más de una maldición en ese domingo a las nueve de la mañana…

La aceleración no es fulgurante y sus cifras son sólo buenas comparadas a las de un auto moderno, pero ¿A quién le importa?… Las sensaciones que brinda son de lo mejor y la relación entre la mecánica y el piloto pasa sin escalas desde la cordialidad al más intenso enamoramiento al cabo de muy pocas cuadras recorridas.

F.Alcorta

En el tráfico se mueve muy suelto, gracias a un conjunto de embrague y caja de lo más amable y bien escalonado, que hacen al Dino deslizarse suavemente, ante los aplausos de la platea masculina: “alta nave..”, profirió un barrendero extasiado, y demás muestras de admiración por parte de la muchachada, hacen que uno definitivamente se la crea cuando está sentado en este aparato. La ruta es su hábitat natural, y al ser el encuentro en las cercanías de Luján, tuve la posibilidad de vivir la experiencia de sentir la textura de la alfombra bajo mi pie derecho, mientras el pedal largo se hundía entre sus fibras, y mis oídos se limpiaban del ruido del viento, para recibir el bramido del motor que le ordenaba al respaldo del asiento que comience a aplastar mi espalda.

A los pocos kilómetros el volante parece puesto en su lugar, los comandos están donde deberían, todo es un romance vivido entre algodones… Luego de un almuerzo con amigos, emprendimos el regreso piropeándonos, yo con el pie derecho y ella con el ruidito de su escape, entablando un cómplice chismoseo cual novios cuchicheándose cositas al oído, hasta que algo que le dije le cayó mal y en un peaje, comenzó a echar humo por la trompa…

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Edgardo, que me precedía en la fila, y otros amigos desde sus autos me decían que apague el motor… Se acababa nuestra charla, y comenzaba otra historia… Intentamos dar con la solución al problema, pero la herida era bastante grande como para continuar: Una manguera de agua se había abierto y despidió mucho líquido, con lo que la temperatura había subido y no estábamos seguros de poder repararla bien, pese a los esfuerzos de varios voluntariosos que se empeñaban en que siguiéramos viaje a bordo de ella, habiendo ya controlado el foco hemorrágico y suturado la zona comprometida.

Rafa Varela, me miró con una expresión de desazón, aunque agradeciendo el paseo y el momento vivido, y
fue así como nos tuvimos que despedir. Yo volviendo en otro auto y ella, pobre, arriba de una grúa que la depositó en la guardia de un mecánico amigo de la casa.

Como todo encuentro apasionado, tuvo un final inesperado, y aunque relativamente corta, fue una experiencia inolvidable poder sentarme y comandar uno de los autos más lindos que haya dado la marca Fiat a lo largo de más de ciento diez años de historia. Como Maserati Ghibli en Argentina todavía no tenemos, ahora vamos por el test del Alfa Romeo Montreal (Teléfono Don Miguel…), al que vemos en la última foto de esta nota, compartiendo cadena de montaje en Bertone, junto con el Dino Coupé.

tormenta de facha !!!!
Fotos: Mis amigos

0 Comentarios, RSS

  1. Carlos Pereyra 30/12/2009 @ 8:35 am

    Gracias a Retrovisiones por brindarnos una despedida de año como esta. Gracias Hernán, gracias Rafa, gracias Sr. Propietario de la susodicha, gracias Giugiaro, gracias Don Enzo, gracias Dino, gracias Fiat, gracias a la década del sesenta.

  2. Lucas 30/12/2009 @ 11:04 am

    Muy buena nota Hernan!! Creo que todo el que manejo alguna vez el dino sintio todo lo que vos mencionaste en la nota, pero no creo que lo haya podido explicar de la misma forma.

    Te deseo un Feliz año nuevo para vos y toda la gente de Retrovisiones y ojala que el 2010 venga lleno de eventos de autos para compartir entre amigos.

    Abrazo.

  3. Napoleon Solo 30/12/2009 @ 11:08 am

    Estimado hernan, no intentaste escribir un libro??? Tenes un relato barbaro…!!!

    Conozco a alguien que todavia guarda un agridulce recuerdo de esa jornada, 8 picaduras de mosquito Tse Tse y una linda ampolla…

    Atte.

    NS.

  4. Napoleon Solo 30/12/2009 @ 11:18 am

    AAAhhh… correccion, Hernan con H mayuscula, y un olvido, Hermoso auto…

    Atte.

    NS.

  5. Rafa Varela 30/12/2009 @ 11:42 am

    Hernán,
    Un paseo inolvidable, con sonidos que atesoraré en mi memoria. Excelente inicio para los test de clásicos y buenísima reseña de los hechos acontecidos.

    Muchas Felicidades y gran 2010!!

  6. Giramondo 30/12/2009 @ 1:32 pm

    Al fin te sacaste de encima los autos escandinavos. Muy buena nota. Esperamos más notas como esta!(de autos italianos).

  7. Alfa man 30/12/2009 @ 4:48 pm

    Muy bien Giramondo !! Dejemos que los Escandinavos fabriquen camiones y otras cosas y dejen los autos para los que saben …..
    Avanti noi… !!!!!

    Alfa Man

  8. Vlad Petes 30/12/2009 @ 8:54 pm

    Hernán: ya lo hablamos; la ergonomía no era una ciencia oculta. era Tabú directamente!!! De eso no se hablaba, no señor!!!

  9. Flaneur 30/12/2009 @ 9:00 pm

    Griego, un placer. Siempre un placer.
    Un abrazo grande, venite cuando quieras.
    Matute.

  10. RODOLFO 30/12/2009 @ 10:28 pm

    Que importa la manguera, fué algo casual inesperado y de fácil solución, lo destacable e importante fué el enamoramiento hombre máquina, te entiendo pefectamente y aun más de lo que te puedas imaginar, es algo que según mi humilde opinión se forma un extasis que lamentablemente no todos pueden vivir, ( les aclaro que no estoy piantao) simplemente tengo la fortuna de tenar una spyder DINO. Saludos a todos especialmente a Edgardo y un muy Feliz Año Nuevo. Rodolfo.

  11. Cacho Miccio 30/12/2009 @ 11:55 pm

    Alto artículo.

  12. Diego Barría 31/12/2009 @ 8:54 pm

    Los Simca 1000 y 1200 coupe caben aquí también? O mas bien son parientes de la Giulia coupe?

  13. fedem 03/01/2010 @ 7:32 am

    Excelente relato hernan!!

  14. NZ 04/01/2010 @ 4:53 pm

    descripccion maravillosa…pasion inigualable que trasmitis en tu relato que nos deja con esas ganas de vivir una experiencia similar. me haces llegar al final de la nota sin advertir que esa genial emocion era simplemente manejar un autito!!

  15. m. 17/01/2010 @ 11:55 pm

    uno de tus sueños cumplidos.

  16. FUNERAL CARS 24/01/2011 @ 10:59 am

    “Dejemonos de embromar muchachos. Fiat sabe hacer solamente autos baratos ( excelentes por cierto) pero no tiene idea de lo que es manejar una marca de lujo”
    En este caso no es asi ?
    Abrazo

  17. gallego chico 24/01/2011 @ 11:03 am

    El giallo positano le queda como los dioses. No podría llevar otro.
    Se ve que pesó el diseño en muchos productos como el Fiat 124 cupé, la Fiat 1500 cupé Vignale.
    Otros se “inspiraron” un poco demasiado. Ver la cola de la cupé Taunus.

  18. Hernán Charalambopoulos 24/01/2011 @ 12:14 pm

    Señor “FUNERAL CARS”: El Dino es otra muestra de lo que Ud. me reclama: Diseño maravilloso (Bertone) Motor Ferrari (todavia en manos de Enzo, pre-1969)…O sea todo lo bueno no esta hecho por FIAT.

    El auto es increiblemente lindo…Ahora si hablamos de calidad de construccion y confiabilidad, dirijase al dueño y le contara mejor que yo sus penares. LAs cifras de venta del modelo reflejan su pesima reputación en la epoca.

    En la segunda serie algunos problemas se solucionaron, pero era ya muy tarde ( como siempre).Si yo fuera ingeniero odiaría este auto, pero como soy diseñador, lo adoro. FIN

  19. Tete 24/01/2011 @ 1:49 pm

    Griego todo bien con el auto, me encanta, pero dejeme serle franco, (no De Vita), pero esos guantesitos sin dedos que tiene puestos en la primera foto son de afeminado.

  20. autoconsultorio 24/01/2011 @ 2:44 pm

    Sr. Tete :
    no conozco las costumbres de su bello país,
    pero los dedos afuera tienen algún significado particular ?

  21. Tete 24/01/2011 @ 3:52 pm

    Sr Autoconsultorio, esos guantes son de gay y/o maraca (como le decimos localmente), aquí en argentina y en la china tambien.

  22. Maximo Palmbaum 24/01/2011 @ 5:10 pm

  23. Mariana 24/01/2011 @ 5:48 pm

    Leí esa nota, muy buena

  24. Daro Retro 25/01/2011 @ 12:55 pm

    Que personajes en la foto 81!!, Dios los cria…………

  25. Don Richard 27/01/2011 @ 11:36 pm

    No veo que tienen de afeminado los guantes sin dedos. O acaso Gassman era afeminado cuando los impuso en Il Sorpasso? Desde los 60 que se usan, y la verdad son muy cómodos. Muchachos, saquense las telas de araña de la cabeza….

  26. Hernán Charalambopoulos 27/01/2011 @ 11:53 pm

    Gracias Don Richard, menos mal que esta UD… A propósito, lindo trabajito le esta haciendo a su GTV, eh ?…La vi toda desarmada. Que pasó ????

    • citric 28/01/2011 @ 12:08 am

      Gassman los usaba para que no le patinara el volante… no para no gastar el barniz!!!!!

  27. Pingback/Trackback

    28/01/2011 @ 3:34 pm Responder

  28. Don Richard 05/02/2011 @ 10:20 pm

    Mi estimado Griego:
    Mi GTV está sufriendo un proceso de restauración motriz a fondo que en poco tiempo la dejará como 0 Km. Luego recibirá arreglos de chapa y pintura nueva. Creo que la voy a dejar como debe estar, ya que es un auto que me dió grandes satisfacciones, y yo debo corresponderle dejándolo como nuevo. Me falta un poco todavía en virtud de atrasos varios y justificados, pero no dudo que va a quedar muy bien. Paciencia, y oportunamente la podrá testear para los lectores de Retrovisiones. No será la Fiat Dino Coupé, pero será una buena GTV “no oxidada” para desmentir al amigo Lao, que dice que todas se oxidan. la mía no tiene picaduras, solo golpecitos varios productos de mis vehemencias en las habilidades conductivas, que trataré de evitar en el futuro.

  29. enabe 26/02/2011 @ 6:08 pm

    Estimado, ya hay una Ghibli en esta margen del Plata. Ya fue pintada y sigue el armado, etc. Saludos

  30. Steve Ray Boga 29/10/2014 @ 9:58 am

    Vi la Dino en Autoclásica, o sea: “ver” un Fiat allí entre tanta prosapia es porque deslumbra y llama la atención. A la sombra más que un giallo positano me sembraba un mostaza, visto es las vernáculas coupes 1500. Desde la honestidad sigue siendo un sincero Fiat, con unas líneas más que seductoras, bien setentosas. Ahora leyendo acá me entero que tiene un V6 by Ferrari… ya es cosa seria. Muy buena nota.

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