La Ferrari del Russi

Martin Fernandez
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El pasado febrero, anduve de viaje con la familia y amigos por las costas brasileñas, que supieron recibirnos con muy buen clima… Salvo aquel día, el día de shopping. La lluvia fue bendecida por las damas que palpitaron esa vuelta por locales a comprar chucherías como nosotros podemos palpitar un River-Boca…

Camino al centro comercial Havan de la BR101, sonó el teléfono y desde Buenos Aires llegó el dato: “si andan por ahí vayan hasta Media Praia y ahí esta el Russi…”. Al solicitar más datos, nos aclararon que era una suerte de “Salidata”, o “Conejera” de pequeños locales sobre la playa, una suerte de shopping de la imitación, que por precios cuidados se podría encontrar una que otra pavadita…

Y para esos lares encaramos. Grata fue la sorpresa cuando al entrar de frente hacia el “Russi & Russi” encontramos en la puerta del paseo “la joyita del chopin”. Sumergido en aquel laberinto de calzones, medias, electrónicos y afines, encaré al guardia del local, convertido en una suerte de guía turístico, quien sabía explayarse en cuanto a detalles para cuanto chusma se acercara y posara los dedos sobre la máquina. Creo que el más jugoso es que el dueño del Russi, o sea el mismísimo Sr. Russi, la tenía para uso diario y la estacionaba en la puerta.

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Lo llamativo eran algunos detalles como, por ejemplo, que el Sr Russi no le teme a la salitre ni a la arena (nótese tapa de motor). No obstante y buscándole la hilacha encontramos el detalle del siempre presente envidioso que no tuvo reparo en pasarle algún objeto metálico (llave o moneda) sobre su parte trasera derecha.

Y para coronar, la Ferrari 360 del Sr. Russi no escatima en publicidad y en la capota decidió tirar el chivo de lo suyo. Se puede apreciar la calco que reza: “Russi & Russi Shopping e Construçao”.

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(Esta nota es una cuenta pendiente con vadeRetro, cuando por finales de septiembre en esta misma página ponían a disposición diez (10) entradas dobles para colaboradores en Autoclásica. No dudé en levantar la mano y apersonarme en la carpa de prensa para retirar las mías. Pero debo reconocer que si bien llevé mi cámara fotográfica, en algo me equivoqué; no fui solo, se me ocurrió ser el anfitrión de mi suegro, mi sobrino y mi pequeño hijo. Para que no se me pierdan en el malón de gente, el tema fotografía pasó a quinto plano y a la semana siguiente, al ver todas las publicaciones de colaboradores, me sentí en falta. Prometí una trilogía de notas cuando tuviera alguna chance. Aquí va la primera).

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