A todo vapor

Hernán Charalambopoulos
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Hace pocos días “webeando” en casa, encontré información acerca del Museo Ferroviario de Cataluña. Sin dudar programé la mañana de un domingo para ver de que se trataba, y grande fue la sorpresa al constatar que era verdad lo que decía la página: uno de los más importantes de Europa en cuanto a cantidad y calidad de ejemplares expuestos.

Resulta muy interesante ver como rescataron parte de la antigua estación de Vilanova i la Geltrú, manteniendo los tanques de agua y la zona de estacionamiento, junto a la máquina que giraba las locomotoras, todo muy prolijo y ordenado, dando forma a un verdadero lugar de culto para apasionados y profanos. En otro lugar del predio, un audiovisual describe con gran precisión la historia del tren en España, las comunicaciones, y como se fue desarrollando la red ferroviaria en este país.


Hay un dato que no podemos dejar pasar por alto, y que resulta muy curioso escuchar: desde la época de los romanos hasta mediados del siglo XIX, la velocidad del transporte no varió en absoluto. Es decir que durante dos mil años no había habido ningún avance en ese sentido hasta la llegada del gran invento inglés.

Dicho esto, y asimilado el tremendo impacto cultural generado por el ferrocarril (y que nuestro querido estado se empeña cada vez más en destruir para alimentar la panza del señor de los camiones), resulta placentero y sorprendente a la vez encontrarse con más de veinte locomotoras de vapor, algunas de ellas en perfecto estado y funcionando. Esto es algo que seguramente no pasa todos los días.

Increíble la arquitectura, proporciones y demás características de un objeto que siempre me llamó la atención desde muy chico. Poder subirse, y meterse en el corazón de estas máquinas fue una experiencia inolvidable que recomendamos a quienes tengan medio día libre si pasan por Barcelona.

Entre los demás ejemplares expuestos, sin dudas el Talgo (tren de alta velocidad) está entre lo más destacado, por historia, estética y concepto de diseño, ya que es el padre del sistema de suspensión y contrapeso pendular todavía hoy usado por los trenes de alta velocidad italianos (Il Pendolino). Compite con el Talgo en robar la atención del visitante, la locomotora de vapor carenada (la “Linda tapada”) con más de 3.000 CV de potencia, y de fabricación local que es un monumento en donde conviven dos conceptos completamente opuestos: el vapor y la aerodinámica.

Superaba los 130 km/h, y debo confesar que no quisiera ser el maquinista de ese Frankestein en el momento de alcanzar su clímax velocístico, con la presión de la caldera en niveles decididamente disparados, y los tubitos de bronce serpenteando a medio metro del cuerpo del héroe de turno.



Resumiendo, este Museo Ferroviario de Cataluña, es un lugar de lo más interesante, y sobre todo una grata sorpresa, que no hace más que alimentar la envidia que genera ver como ciertas sociedades valoran sus logros y hasta se permiten hacer un culto de ello.

0 Comentarios, RSS

  1. Pablo Felipe Richetti 19/09/2011 @ 8:16 am

    Guille, esperamos tus comentarios para enriquecernos en el tema ferroviario.
    En Mulhouse, Francia, cerca del Museo Natioanle de l’automobile, está también el de SNCF, los ferrocarriles franceses, y el de Bomberos, ambos por demás interesantes, incluso con perlas relacionadas con el mundo automotor.

  2. pirulo 19/09/2011 @ 9:15 am

    Hermoso museo ferroviario, que me hizo acordar a una frase que circulaba por España en tono jocoso: “Los trenes de la RENFE solo tiene una “pega” (problema, defecto o inconveniente en el vocabulario dairio y popular en España) que se sabe cuando salen pero nunca cuando llegan”.

    Un abrazo. Jorge.

  3. cinturonga 19/09/2011 @ 6:02 pm

    Grosos aparatos estimado Griego. Ahora, que hacemos con la “Virgen de Bergoña”? Duplica? es redundante? lindo catrafalco igual.
    Linda tapada debe ser prima de Virgen de Bergoña. Parecen nombres de yeguas que corren en Palermo (el hipodromo no palermo joligud).

    Un carinho glande, Cintu.

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