Por amor a un automóvil

Horacio Speratti
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HRS Bugatti 52

Los más afamados especialistas están de acuerdo en que los amantes de los automóviles de calidad padecen de una muy particular enfermedad, pero se diferencian de los enfermos “normales” en que en lugar de combatir sus virus, los alimentan y mantienen.

Yo me enfermé como muchos, sin saberlo, cuando me compré una Bugatti. No sabía que venía con ella el más peligroso de los virus. Tampoco lo sabían otros miles de individuos que hoy, en todo el mundo, padecen de bugattismo.

En aquella época (1959) por el mismo dinero podía haber comprado un Ford A. Pero un Ford A es para vegetar, una Bugatti es para vivir. Por eso creí haberme comprado la Bugatti. Podía haber sido un Alfa 1750, un Lancia Lambda o un SS. Pero quiso la casualidad que fuera una Bugatti.

La enfermedad fue ganando en mi lentamente. Yo no necesitaba nada pero, por pura curiosidad, fui a verlo a Homero Di Berardino, viejo mecánica especialista en Bugatti y Lancia. Di Berardino es un pedazo vivo de historia argentina en materia de Bugatti; hace muy poco me dio unas piezas que pertenecieron a una Type 40 que tuvo, cuando nueva, Sofía Bozán. He pasado horas engordando mis virus con los recuerdos de Di Berardino.

Yo no necesitaba nada, pero empecé a interesarme por repuestos y por otras Bugatti: las vivas al principio y luego también por las muertas, los restos. Fui a Warnes, encontré algunas cosas, memoricé su ubicación. Tiene que haber mucho más: volví muchas veces y siempre encontré algo nuevo, pero a los “warneros” no les interesa el pequeño negocio que puede representar un pequeño fanático. Hay sin embargo una excepción: Malamute, quien entiende el idioma de Alfa y Fiat, de Mercedes y Delage.

Por otra parte descubrí que allí en Warnes, verdadero cementerio en el sentido más destructor de la palabra, fueron destruidos innumerables automóviles que hoy tendrían buen precio y centenares de admiradores en cualquier parte del mundo. Aluminio y bronce iban a la maza primero y a la fundición inmediatamente. Por eso casi no quedan cosas importantes de aquellos automóviles europeos que usaban el aluminio y el bronce y hasta la alpaca como material escultórico.

Un día paré a cargar nafta en una estación de Palermo. Un enorme radiador cromado, custodiado por dos Marchal de bronce pulido, atrajo mi atención. En camino hacia él me crucé con el dueño. Al volver el de observar mi Bugatti y de admirar yo su Chrysler Imperial 1931, nos paramos a conversar. “Yo tengo una como la suya”. Era Rafael Ferrandina, quien aun hoy tiene la Grand Prix Type 35A que fuera de los hermanos Vilar, aquellos campeones internacionales de Lightning. La 35A voló bielas la noche de la compra; Ferrandina nunca la manejó. El motor se deshizo; el resto estaba bastante mal. Volver a construir un motor Bugatti con lo que quedaba era para desalentar hasta a un bugattista. Pero se hizo y la 35A se salvó.

HRS Bugatti entrevista

Otra de las primeras conocidas fue la Type 40 con carrocería Lavocat et Marsaud. Era negra, luego fue roja y cambió varios dueños. En una de esas vueltas Di Berardino la recibió como pago de otros trabajos. Con ella su hijo ganó la carrera de Jáuregui de 1962. Ahora la tiene el Sr. Humphreys, un norteamericano que ya vino enfermo de allá.

Un día en la AAAS:  “vino uno a preguntarnos si conocíamos a alguno que tuviera una Bugatti y te lo mandamos, ¿te encontró?”. Más tarde me encontró. Había comprado una Bugatti, porque sí; hoy es uno de los casos más graves: Enrique Carmona. Había sido una Grand Prix pero ahora tenía un motor Chevrolet, caja Fiat, carrocería hecha a puños y 200 agujeros (exactamente 200) de más en el chasis. Hoy es 100% Bugatti y los agujeros en el chasis han sido eliminados: las piezas que faltaban se consiguieron o se hicieron a mano; cuando esté terminada será la mejor Bugatti y entonces volveremos a hablar de ella.

Con Enrique pronto formamos equipo para la búsqueda de fierros. Encontramos cientos de piezas, encontramos otros autos interesantes, nos hemos ensuciado las manos revolviendo desarmaderos de todo el país. Cada hallazgo, cada compra es una historia. Un día en Warnes un camión carga a granel bocinas usadas. Encima de la pila hay una Bosch de época. Enrique logra que se la separen: ¿Cuánto? Las vendo a m$n. 50; si se lleva una sola la tengo que cobrar m$n. 50; ¿le parece bien?

En la época vintage se usaban unas llaves que controlaban todos los circuitos eléctricos del vehículo y que son una obra de artesanía electromecánica. La primera llave Bosch que conseguí me costó m$n. 300. Dos años después compramos una llave Bosch, dos Cintilla, otras dos de origen italiano, algunos instrumentos de tablero y otras chucherías por m$n. 400. en el negocio de enfrente.

Contadas así estas cosas no tienen el calor de la búsqueda, pero la búsqueda es arqueología mecánica. Revolver durante una tarde metros y metros de estantería para encontrar una palanca de mando del avance de una Bugatti, el aro de un faro Marchal, la caja vacía de lo que fuera un reloj Jaeger. Una tarde en San Fernando encontramos un “espíritu de la extasía”, la famosa dama alada de Rolls-Royce, atornillada sobre una tapa, igualmente alada. Revisando archivos encontramos que estas últimas alas eran las del águila de Duesemberg. Alguna mano anónima había juntado los emblemas de los dos mejores automóviles de ambos continentes. Es como si Ameghino hubiese encontrado en la Patagonia una vértebra de rinoceronte junto a un fémur de mamut.

HRS Bugatti

Y seguimos la búsqueda, por amor de la búsqueda, por amor a la sorpresa:

– Yo tenía en el taller un radiador como ese

– ¿?

– Se lo puse a un midget

– ¿Las ruedas originales?

– Las mandé a Buenos Aires hace 15 días para que les pongan aro de 16”.

Otra:

– Los Bugatti fueron buenos; yo al mío lo modifiqué; vea, lo corté por aquí y le agregué por allá; además le puse un Ford 85; ¿sabe como anda ahora? ¡Los deja parados a todos! (menos a una Bugatti…)

Y otra:

– Esos faros… yo le puse unidades selladas y se acabó el problema. Sí, le puse el plástico porque el volante era de madera, como se usaba antes, sabe.

Y otra aún:

– La suya es igual a la “Sapito”, la que corría Pángaro (la mía es ocho cilindros, tres litros y sport; la de Pángaro era 4 cilindros, litro y medio y Grand Prix, pero el hombre tuvo oportunidad de demostrar su conocimiento pequeño).

“Salvad los viejos automóviles que aun pueden ser salvados”. Son palabras de Jacques Ickx. ¡Cumplamos la orden!

Fotos: Archivo Speratti

Este texto fue originalmente publicado en el número 152 de la Revista Velocidad, del mes de marzo de 1963.

Un 24 de marzo de 1976, hace 40 años, llegaba la oscura noche de la dictadura. Horacio Speratti permanece desaparecido.

8 Comentarios, RSS

  1. Santino 24/03/2016 @ 1:31 pm

    Wow, que buena nota! La Bugatti de Carmona con el motor Chevrolet que modelo era?

  2. José del Castillo 24/03/2016 @ 8:43 pm

    Que lindo poder ver una foto de Horacio como yo lo conocí.
    Gracias Diego por este recuerdo.

  3. vadeRetro 24/03/2016 @ 8:49 pm

    Gran recuerdo y homenaje.

  4. Lucasg 26/03/2016 @ 12:38 am

    Una nota entrañable y cálida, que da cuenta de la condición humana de su autor, más allá de las pasiones compartidas.
    Fortísimo abrazo a la familia Speratti.

  5. Gaucho Pobre 26/03/2016 @ 9:26 am

    Nunca había leído a Horacio Seperatti. Cuánta pasión en su relato.
    En una oportunidad en la localidad de Cabildo, conversando con don Pablo, (nacido en Rusia allá por el 10) dueño del desarmadero del pueblo, me contaba que una oportunidad buscando “mercadería” para su negocio, dio con los restos de una bugatti, de la cual solo se trajo el radiador para utilizar en un auto de carreras regional. Tenía tanque toda la vuelta, fue el comentario de don Pablo. Mi recuerdo hacia él, que dejaba revolver todo los lugares que uno quisiera, y siempre remataba la visita con alguna anécdota de décadas atrás.
    Mis respetos a los Speratti.

  6. Gonzalo Balaguer 28/03/2016 @ 3:05 pm

    Muy linda nota, tan bien narrada! Un placer poder leerla.
    Abrazo grande para Diego y toda su familia.

  7. daniel 28/03/2016 @ 4:58 pm

    Hermosa nota, no podria comentar mucho mas, desconocia tan tragico destino de tu padre, mis respetos a la familia Speratti

  8. MARIO 28/03/2016 @ 5:46 pm

    Hermosa y sentida nota, tengo amigos (si…escribo en presente) en la misma situación, fue una larga noche del medioevo…, mis respetos a la familia Speratti.

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