Rally de Rafaela 2015: el garage de los recuerdos

Diego Speratti
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frente

Rafaela es sinónimo de carreras, del óvalo, de las 500 Millas; la cuna de tantos mecánicos, preparadores y pilotos legendarios. Y, específicamente en el mundo de los clásicos, la base de uno de los rallies más lindos de la temporada.

Como suele suceder a estas alturas de julio, y una vez más con una definición futbolera de por medio (cuando no es el Mundial, es la Copa América…), este fin de semana llega una nueva edición, la número 17, de este rally organizado por el C.A.A.R. (Club de Automóviles Antiguos de Rafaela), donde como siempre se impondrá el disfrute de los autos clásicos, y la buena mesa, sazonada con algunas anécdotas verídicas, y otras al menos verosímiles, de los grandes tiempos pasados del deporte motor.

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Hay una suma de factores que altera el producto y hace del Rally de Rafaela una prueba tan distinta, diferente al resto. Por caso, el lugar donde se realizan los recepciones, tentempiés, comilonas y se levantan las copas (las de tomar y las que premian deportivamente a los mejores) es la sede del propio club y uno de los espacios más carismáticos de todos cuantos disponen los clubes de autos en la provincia, o en el país y hasta en el continente.

Allí, cada ladrillo, cada objeto y cada mueble vive de octanos desde los tiempos en que funcionaba un célebre taller donde se preparaban autos de competición y era usado como base por “forasteros” de gran renombre (hablamos de Gálvez, Fangio, etc).

La construcción fue recuperada por el club como sede hace ya más de un lustro y la edición 2010 del rally nos encontró sentados en la misma mesa junto a Juan José Merlos, uno de los encargados de la recuperación del predio quien, como si fuera poco, pasó algunos de los días más felices de su infancia allí adentro, pues era familiar de uno de sus propietarios, el “viejo” Lacertosa.

Diorama y berta

Nadie entonces como él para contarnos la historia de este “santuario” rafaelino:

JJM – Este salón, que es la sede del club fue un taller mecánico que perteneció a Ternengo y Lacertosa. Ternengo era el papá de Jorge Ternengo, Lacertosa era mi tío, mecánico de toda la vida. Este tipo de galpones eran también usados en la época de las 500 Millas como boxes para los autos que corrían en la carrera.

Entonces te vas a encontrar con fotos de “El Chueco” comiendo un asado acá en este galpón. En ese entonces cada auto que venía de afuera elegía un taller mecánico para utilizar como apoyo.

Este lugar cumplió esas funciones durante años. Mi tío estuvo siempre a cargo del taller, siempre orientado a los autos de carrera, aunque después siguió haciendo restauraciones de autos antiguos.

Era el dueño del auto que guardo, que es un Willys 1930 con el cual recorrió todo el país como auto particular y que utilizaba en ocasiones para correr: le sacaba la capota, le ponía un deflector, y corría con ese auto, era una cosa muy extraña. Al día siguiente lo volvía a usar de transporte cotidiano.

Lacertosa diorama

DS – Tu tío es el que aparece rodeado de fierros en el diorama. Supongo que era originario de Rafaela.

JJM – Sí, sí, pero hijo de inmigrantes, sus padres fueron los que llegaron acá. Trabajó siempre en la mecánica, primero en la agencia Ford, y después se independizó poniendo el taller éste. El compró el taller construido, no tengo idea de qué año es el edificio, pero siempre cuidó mucho las cosas. Por ejemplo, su Willys lo había comprado usado, pero de primera mano, como nuevo y lo tuvo toda su vida.

– ¿La sociedad con Ternengo duró toda la vida?¿Hasta cuando manejó el taller tu tío?

Duró muchísimo tiempo. Después, de común acuerdo, se separaron y el quedó con el taller y Ternengo con una empresa de transportes que tenían en sociedad. Se dividieron pero siguieron siendo amigos.

Mi tío murió alrededor del 2002 y hasta el último día estuvo laburando. Continuamente decía que tenía mucho trabajo pendiente… Falleció con 82 años y quedó el lugar lleno de autos viejos que después fueron retirando los dueños.

Berta Tornado Rueda

– ¿Cuál fue el proceso desde que el murió? ¿Qué pasó con el galpón?

Cuando el murió, Héctor Platini era el presidente del Club de Autos Antiguos y vino a hablar conmigo, que era parte de la sucesión, para preguntarme si había alguna posibilidad de que esto, que era uno de los últimos talleres mecánicos de entonces no se destruyera. Me preguntó si había posibilidad de que la sucesión se lo vendiera al Club de Automóviles Antiguos. Se hizo así, el club juntó la plata, lo compró y quedó como un patrimonio de la ciudad. Ya fue declarado por la Municipalidad como Monumento Histórico de Rafaela.

– ¿Qué recuerdos tenés de tus visitas al galpón, cuando eras chico?

Yo me crié acá adentro. Todos los autos que tuve pasaron por acá. En una época me armé un Jeep, que lo hicimos todo acá. Mi tío era un tipo muy particular. Había que decirle que algo no se podía hacer, para crearle el reto: “¿cómo que no se va a poder hacer?”. Entonces ahí arrancaba todo.

Salon general

– ¿Qué se produce cada vez que entrás al lugar donde pasaste tu infancia?

Hasta que me habló Platini para hacer esto, lo que me imaginaba era terminar con un supermercado chino acá. Hubiera sido una locura. Esto es realmente fantástico. Que se haya reciclado este taller, que se haya puesto como está ahora que es realmente una maravilla, que sea sede de los autos antiguos, y que nos reunamos todos los martes, comamos un asado y disfrutemos de este taller, es una barbaridad. Fijate las cabreadas, todo, realmente es una obra de arte.

– El concepto de la restauración con las fosas convertidas en vitrinas, el diorama donde tu tío sigue trabajando, la decoración o la instalación de los carburadores supongo que surgieron de las reuniones del club.

Nosotros tenemos un arquitecto que es socio del club, un amigo. Adrián Steinaker tiene mucha idea y entonces le tiramos que es lo que queremos hacer y el se pone y lo acomoda. Hizo una mixtura entre moderno y viejo que realmente queda muy bien. Vos viste las soluciones, el tema éste de los carburadores está muy bueno, son ideas muy cancheras, quedaron muy bien. Pero no partimos de cero, teníamos de todo. Cuando murió mi tío, el taller quedó como estaba, motores, herramientas, todo lo que está era de acá. Lo más difícil resultó sacar todo para arreglar, para después volver a armar todo. Fue duro, pero teníamos todos los elementos.

cartel

Cartel exterior

– ¿Qué le falta, o hay algo más que les gustaría tener?

Por ahora terminamos acá, porque la idea era hacer esto. Ahora tenemos que empezar a disfrutarlo, porque continuamente estábamos haciendo los asados en obra, siempre con arena, teniendo que correr algún auto… Ahora tenemos un lugar donde reunirnos. La idea también es armar un café temático como para crearle la necesidad al socio de venir a hablar al cohete. Si vos tenés un lugar agradable le creás la necesidad de venir, donde te sientas cómodo, con una biblioteca, fotos, videos, que estén a disposición del socio para que tengan otro motivo para venir. En la vidriera vamos a ir rotando la exhibición de los autos de los socios, para que siempre que pase por acá alguien de afuera haya algo nuevo y diferente para ver.

Aparte de la escena del “viejo” Lacertosa metiendo mano a un V8 en su taller, de las fosas con piso traslúcido y con herramientas de época, en el 2010 el garaje ubicado en Av Hipólito Irigoyen 688 exhibía en un entrepiso el Berta-Torino de la Peña Rueda. También conservan un Fórmula Renault del equipo. Los dos monopostos seguramente harán parte del homenaje a esta recordada peña automovilística rafaelina que el C.A.A.R. tiene previsto realizar en esta edición 2015 del rally.

Fotos: Miguel Tillous

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