Tardecitas de Autódromo

José del Castillo
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Corría el año 1960 y los sábados a la tarde nos íbamos con Álvaro hasta el Autódromo Municipal a despuntar el vicio. En esa época, el Autódromo abría los sábados para que los muchachos fueran a probar y lo único que te exigían era que llevaras casco; los cinturones de seguridad todavía no eran cosa corriente…

Mi viejo recién había comprado un “hermoso” Renault Dauphine verde claro (37 HP, tres velocidades y suspensión trasera Aerostable, o algo así, que para la calle todo bien, pero que en el Municipal era una basura). Lo convencí que estaba saliendo con una chica a la que llevaba a tomar el té a “Atelier” los sábados y conseguí que me lo prestara bastante seguido. Entonces… General Paz al fondo y ¡al Autódromo!

Después de varios sábados ya le había tomado la mano, digamos, más o menos. Sabía que el curvón se tomaba como a 100 km/h; arriba de eso empezaba a hacer cosas raras con la cola, los mixtos como a 60 km/h, y así las cosas.

Un sábado de tantos estaba yo girando cuando el encargado del Autódromo nos paró a todos; hizo salir de la pista a una cupé Mercury 1947 y nos largó en una carrera a cinco vueltas. Se había dado la coincidencia que todos los autos eran de baja cilindrada, menos la cupé. Había un Volkswagen que salió en punta, una cupé De Carlo o BMW, inmediatamente atrás de éste, algún De Carlo sedán, NSU varios y un Isard 700. Cuando llegué a la línea de largada frente a boxes, la grilla ya estaba armada por lo que quedé último, con el Isard adelante. Les cuento a los que no participaron de aquella época que, de todos los modelos nombrados, el Isard 700 era el que menos andaba, por lo menos en pista. En el Gran Premio era otra cosa.

Largaron la carrera y salimos todos como los bomberos. El Isard me sacó diez metros en la largada, pero íbamos parejos. Llegando al Curvón yo iba mirando la cola del Isard, pensando “por lo menos a éste lo tengo que pasar”. Y sin mirar el velocímetro, el Dauphine empezó a corcovear mal pero de una forma u otra llegamos a Ascari, yo a la cola del pelotón. Se usaba en aquella época el circuito Nº 2, que es el 9 actual pero con la horquilla larga que llegaba hasta donde está ahora la pista de karts. Entrando al mixto, yo seguía mirando a mi “enemigo” en vez de mirar lo que tenía que mirar y así llegamos al cajón (anterior a la Curva del Ombú). Se ve que venía muy pasado porque el pobre Dauphine se puso de costado levantando la cola a un punto tal que juro que vi la pista por el parabrisas. Se mantuvo una fracción de segundo en esa posición para luego caer, afortunadamente, para atrás. Se ve que me habría estado portando bien porque alguien desde una nube dijo “hoy no, démosle otra oportunidad”. No quiero pensar si hubiera caído para adelante, hubiera sido el fin de mis días…

Por mucho tiempo no volví a pisar el Autódromo del julepe que me agarré. Quien hubiera dicho que unos años después (como 54…) iba a hacer el mismo circuito pero esta vez por derecha y con mi propio Seven. Fue como una revancha que me tomé contra aquel malhadado Dauphine con suspensión Aerostable…

Fotos: José del Castillo y Archivo Speratti

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7 Comentarios, RSS

  1. Gallego chico 19/12/2017 @ 10:12 am

    Y, con esas gomas finitas……demasiado.

  2. morgan. 19/12/2017 @ 10:45 am

    Juse sigue pastoreando en la misma zona 3754 años después……..

  3. Alvaro 20/12/2017 @ 10:07 am

    Las locuras que uno hace a los 18 !!!!…porque realmente no quiero parecer desagradecido, pero ese Dauphine era lo menos adecuado para andar en el autódromo ….aunque la pasábamos de maravillas !!!(¿te acordás como se gastaban las gomas?…no me acuerdo que le dijiste a tu viejo cuando se dió cuenta del desgaste) . Otra cosa era los 1093 del equipo Renault…esos si que eran un infierno !!!

    • José del Castillo 20/12/2017 @ 4:30 pm

      Varias veces llevó mi viejo el auto a la concesionaria IKA de Acassuso y los técnicos no entendían como gastaba las gomas en escalera, mientras yo miraba para otro lado. Nadie imaginaba que las pobres se habían bancado la pista abrasiva del Autódromo con 40 libras adentro, y dos chicos muy contentos arriba.

  4. Alejandro Marino 20/12/2017 @ 11:43 am

    Me viene a la memoria una anecdota de Oscar Rodriguez Marsilli..recordado piloto de TN…el mismo de “no rompa su coche, rompa el de Oscar” leida en algùn reportaje.
    Decia que en una oportunidad siendo puber tomò prestado el auto de su madre ( me parece que era un Fiat 800 coupè ) y comenzò a hacer piruetas para embocar el auto en la entrada de la quinta..una y otra vez…hasta que llegado el limite el autito empezo a volcar…ante esa situacion tuvo el reflejo inmediato de sacar la mano por la ventanilla para amortiguar el golpe …con el previsible resultado de la fractura…

  5. MATIASS 20/12/2017 @ 3:20 pm

    Quiero un Gordini ultima serie, tuvimos uno y era mucho mas divertido que el 600..

  6. tete 22/12/2017 @ 1:48 pm

    esa anegdota la escuche del propio Juse, un campeon !! cagandole a palos el pobre autito a su papa, (quien no)..

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