Un conde, un Brasier y el primer viaje en auto de Río a San Pablo

Jason Vogel
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No se sabe exactamente porqué el Conde Jacques Bouly de Lesdain apareció por Río de Janeiro en aquel verano de 1908. El hecho es que el francés de 28 años -fuerte, aristócrata y emprendedor- no se complacía con banalidades. Cuando llegó a la Bahía de Guanabara, acababa de publicar un libro relatando su viaje de luna de miel, una excursión por toda China a lomo de caballo y camello.

En su travesía marítima a Río, se hizo acompañar por su amado automóvil, un Brasier de 16 HP. Seducido por el Corcovado (todavía sin el Cristo coronándolo), el Conde decidió subir la montaña en automóvil, en una época en el que el único camino hasta la cima eran las vías férreas. El noble fue considerado como un delirante, pero consiguió alcanzar la cumbre.

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Poco tiempo después comenzaron a surgir versiones de que alguien intentaría llegar a San Pablo en auto. De espíritu competitivo, Lesdain no vaciló: corrió hasta su garaje y convocó allí a tres amigos automovilistas (los también franceses Henri Trotet, Gaston Conte y Albert Vivès). Fue en la madrugada del 10 de marzo de 1908 cuando el Brasier partió, tomando el rumbo de Jacarepagúa.

Lesdain, sin embargo, había escuchado a medias la misa: su “competidor” no planeaba viajar a San Pablo; sólo quería convertirse en el primer conductor en viajar en automóvil de Río a Petrópolis. Fueron tres días los que necesitó Gastão de Almeida para trepar por la sierra hasta la “ciudad imperial” con su Dietrich (en esa época ese mismo trayecto por tren demandaba poco más de una hora…).

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Al mismo tiempo que Gastão celebraba el éxito de su misión en la sierra, Lesdain penaba en dirección a San Pablo. La falta de un camino que uniese las dos mayores ciudades de Brasil (la primera carretera Rio-San Pablo sería inaugurada recién en 1928), lo obligaba a transitar por caminos de bueyes y sendas que unían estancias vecinas.

El comienzo del viaje de Lesdain fue razonablemente tranquilo, pero, después de Mendes, el grupo se perdió en reiteradas oportunidades. Aparte de la desorientación, tenían barro hasta tapar sus botas. Otro problema era la ausencia de puentes que sortearan todos los ríos que bajan de las sierras. Las estaciones de combustible, obviamente, no existían. La solución fue llevar grandes latas de 50 litros.

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Una vez que llegaban a cada ciudad, los expedicionarios telegrafiaban a los diarios de la por entonces capital de Brasil, mandando las más recientes peripecias. Desde Barra do Piraí, por ejemplo, informaron que estaban atascados, sin posibilidades de continuar. A pesar de los percances, el grupo avanzó por el Valle del Paraíba, muchas veces durmiendo bajo las estrellas.

En Areias, ya dentro del estado de San Pablo, otro incidente: el pueblo entero se reunió en la plaza matriz para ver por primera vez un automóvil. El alcalde dio la bienvenida y todo marchaba bien hasta que Lesdain resolvió dar marcha al auto. Luego de algunas vueltas de manija, el motor de cuatro cilindros del Brasier se puso en funcionamiento soltando algunas explosiones. Hubo corridas y un ciudadano incluso se fracturó una pierna en el tumulto.

Superada la mitad del recorrido, nuestros héroes cambiaron a San Pablo como destino de los telegramas, anunciando su inminente llegada. El 12 de abril, centenas de curiosos y muchos apasionados por el automovilismo se reunieron en el barrio de Penha, en la capital paulista, para recibir al Brasier y su aventurera tripulación.

Lesdain les agradeció las atenciones a los brasileros que lo orientaron y hospedaron a lo largo de la aventura de 33 días en que fueron recorridos 700 kilómetros (el camino no era la vía directa actual de 440 km…). En el Restaurant Rotisserie Sportsman, mientras se celebraba la epopeya con una copa de champagne, el conde anunció que el viaje continuaría hacia otras ciudades, como Santos.

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Aquella demostración fue suficiente para mezclarse con los automovilistas locales y compartir su entusiasmo. El 16 de abril, un grupo encabezado por el político y millonario Antônio Prado Júnior, partió en un Motobloc hacia una aventura de 36 horas. Era la primera vez que un automóvil unía San Pablo con Santos.

Luego, Lesdain desistió de continuar hacia otras ciudades, aunque se mantuvo fiel a su pasión por los motores. El 26 de julio, el noble ya estaba nuevamente en San Pablo, para la primera competencia de automóviles disputada en Brasil, el Circuito de Itapecerica. Aquella vez, no tuvo suerte: en los entrenamientos se accidentó con el Brasier. Le prestaron otro auto (un Herald) y tuvo otro percance: Lesdain se fracturó la mandíbula y no se supo luego de ninguna otra aventura por Brasil.

El Conde de Lesdain viviría muchos años más, lo que acabó ensuciando su biografía. Apoyador entusiasta del nazismo desde la década de los años 30, fue colaboracionista de los alemanes que ocuparon Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Huyó del país pero llegó a ser condenado a muerte, en 1950, en un juicio en rebeldía. Protegido por el Vaticano, trabajó en la publicación L’Osservatore Romano. Moriría en 1976, en Roma.

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4 Comentarios, RSS

  1. Pierrot 16/08/2017 @ 9:59 am

    Excelente Jason! Resulta inimaginable a esta altura del siglo XXI lo que significaba una travesía de ese tipo. Del mismo modo eran desafíos que sólo podían proponerse los aristócratas. Trazando un paralelismo criollo se vienen a mi mente los Lesdain locales como Aaron de Anchorena, Varela Castex, Unzué o Pacheco Anchorena.

  2. Gallego chico 16/08/2017 @ 11:55 am

    Notable aventura!!! Pero, mirá vo lo que es mi ignorancia. Cuando leí el título pensé que Brasier se refería a un corpiño. Vana ilusión….

  3. Valentín 16/08/2017 @ 12:20 pm

    JJJajjj. “La idea fifa” como diría Raúl Portal. “portasenos” más vulgar y arcaico todavía.
    Es increíble la ventaja que había tomado Argentina respecto de todo el subcontinente en cualquier aspecto hasta entrados los ’50.
    Contaba Oscar Gálvez que -haciendo caminos- cuando llegaban los confines más recónditos, nunca faltaban autos de los mejores, por más que se trataran de villorrios o caseríos de no más de 200 o 300 habitantes (los colonos galeses del Chubut por ejemplo ya se habían traído los primeros autos y camiones de ruedas macizas en el siglo 19) y en cambio cuando iban a correr a Brasil, ya jugados los ’40 había lugares en los que la gente miraba una cupecita americana del año 37 como si fuera una sonda espacial.
    Cómo nos pasaron por arriba!!!.-

  4. Marcel Mano 16/08/2017 @ 2:49 pm

    Bacana Jason! Desconhecia essa parte da história.

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