Y si acaso no brillara el sol…

Hernán Charalambopoulos
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El flaco Spinetta era un gran fanático de los autos…Como artista multifacético, dedicó una pequeña parte de su paso por este mundo a dibujar e imaginar criaturas sobre ruedas que desde el papel destilaban un aura tan exquisita como la música que adornaba sus letras. Genial creador de sensaciones, su arte se destacó en un medio en el que logró expresarse de manera potente pese a las imposiciones comerciales de quienes le permitieron hacerse conocido. ¿Será hoy en día la industria del automóvil al diseñador lo que las discográficas para los artistas de la música?

“Y si acaso no brillara el sol…” ¿Y si acaso nuca más brille en nuestra profesión? Después del terremoto de humo con epicentro en Wolfsburg y algunas repercusiones en Bavaria, queda claro que la masificación del producto automóvil, su peso en la economía y en la política global deja cada vez menos espacio a lo que el ser humano como elemento unitario pueda incorporar y mucho menos a lo que desde su visión pueda proponer.

Ya nadie quiere hacer autos lindos. Hoy la prioridad es simplemente hacer girar la maquinaria de enormes corporaciones que dentro del contexto planetario tienen mucho más peso que la mayoría de los países. El CEO de un grupo como VW o General Motors es seguramente más poderoso que muchos presidentes de países como el nuestro y su voz tiene más peso en la sala de los botones que encausa los destinos de la humanidad que el ruido que pueda generar el viento del sur.

Ante semejante contexto, estos personajes tienen que ocupar su tiempo en cuestiones tales como atender el deseo de accionistas, planificar el destino de los centenares de miles de obreros que a lo largo del mundo trabajan para la organización y demás quehaceres vitales que los alejan cada vez más del principal atractivo que tiene para nosotros esta disciplina: fabricar automóviles que nos despierten pasiones.

Les propongo que imaginen esta escena de una presentación: el señor del que hablábamos tiene que ver la nueva gama de productos de su corporación. Generalmente de diseño no entiende nada (nadie se lo exige, por supuesto). En una empresa con un promedio de seis a diez marcas a cargo como estos conglomerados de los que hablamos, este señor se pasea con su gusto delante de los objetos que tiene por delante con su visión personal del negocio. Luego de escuchar con relativa atención nuestras justificaciones y mientras su séquito palaciego anota con puntillosa precisión cada gesto y detalle del evento, decide que hacer. El problema no es lo que decide, sino como se aplica, aunque a veces el problema también es lo que decide… Su gusto personal se verá inevitablemente aplicado en todas las marcas ya que un poco porque es el jefe y otro tanto porque quien quiera quedar bien con el jefe sabe lo que le gusta y se lo hace, la cosa comienza a ponerse chata y aplanarse.

Muchos directores obedientes de estas empresas tienen sueldos anuales que se cuentan en siete cifras y llega un momento en el que tienen mucho más para perder que para ganar. No van a entablar batallas morales por una línea que dibuja o desdibuja su criatura. A la hora de proponer piensan en los dos autos que les da la empresa, su seguro de salud para la familia, la jubilación abultada, su casa en el mar…

“¿Cómo lo quiere señor…así”? Aquí lo tiene… Del otro lado, está el joven diseñador que no tiene nada que perder, y mucho por ganar. Por eso arriesga. En estructuras más pequeñas y menos burocratizadas, el mensaje del joven tiene menos filtros y gente más audaz que lo hace llegar límpido hasta arriba.

A todo esto hay que agregarle factores de organización y logística de recursos, como por ejemplo que un grupo que posee tantas marcas, no discrimina sus estudios, sino que los hace trabajar en diferentes proyectos “para potenciar los recursos”. Esto termina infectando la genética de una marca con otra ya que un diseñador se encuentra trabajando para muchas marcas. Sucedió con GM históricamente y con sus hermanos de Detroit y sucede hoy con VW y también con el lenguaje de Renault-Nissan que se deja ver en muchas pequeñas cosas que el cross-over genético entre Japón y Francia existe.

Entonces ante un panorama de multinacionales que piensan más en su cuota de poder y posicionamiento planetario… ¿Qué espacio puede quedar para un profesional del diseño más que agachar la cabeza y someterse al yugo que impone este nuevo orden?

En tiempos como éstos, de fuertes discusiones y debates abandonados, resulta saludable dejarse caer y sumergirse en un análisis coyuntural de lo que ofrece nuestra noble profesión: pide subordinación al gran orden, casi como el que pedía la iglesia en el medioevo a los artistas, ya que por entonces la sacra institución era el único cliente que tenían estas pobres almas sensibles…

Luego llegaron los burgueses, más algunos nobles inquietos, y la cosa comenzó a cambiar: se llamó Renacimiento. El hombre pasó a ser el centro del mundo nuevamente y no las organizaciones.

¿Quiénes serían estos personajes salvadores del arte hoy en día en el mundo del automóvil? Sin dudas las empresas pequeñas y los autos artesanales o de mediana escala. Allí queda el último refugio del arte aplicado al automóvil y como tal, lleno de maravillosas imperfecciones, tan cálido y humano como el grito de los ambientalistas contra el humo que les venden en formato de felicidad y “sonrisas rubias de barrio especial” viajando sobre ruedas.

Desde la inocente retórica de Spinetta hasta empaparse de furia ricotera, las pasiones despiertan esto de viajar del sol al bajofondo y si de autos se trata, siempre en primera fila para dar y recibir.

Cuando no las tengamos más, será momento de abrir un Maxikiosko o una lencería.

Por lo pronto, a seguir hablando de autos…

(N. de R.: nota originalmente publicada en la revista Auto Test)

14 Comentarios, RSS

  1. @autazos 02/11/2015 @ 10:00 am

    Uh pensé que era una nota sobre el flaco y los autos, una de sus grandes pasiones como bien dice al comienzo.

    No me cierra mucho el planteo “capitalismo malo, diseñadores víctimas”. Los desafíos, cuanto más complejos, más impulsan la creatividad. Quizás habrá que saber “engañar” a esos CEOS y hacerles ver formas que sepan aprobar pero escondan conceptos o líneas de vanguardia.

    Mañana es mejor.

  2. Güilbeis 02/11/2015 @ 12:28 pm

    Miorrda, cómo se despachó!
    Los autos lindos tienen que venderse. Hay que convencer que además de lindos, son factibles de producir a un costo razonable y serán vendibles. Si no, se estaría proponiendo un fracaso seguro. Si la maquinaria no gira nadie morfa, los diseñadores tampoco. Habría que convencer y demostrar que si son lindos, gira más rápido. Me parece que hay que buscar un equilibrio entre autos lindos y números negros.
    Sí, varias corporaciones son más poderosas que países como el nuestro. Por ejemplo el grupo VW tuvo al cierre de 2014 una liquidez neta o tarasca en caja de casi 4 veces más que las reservas del Banco Central de la República Argentina, son datos oficiales de acceso público. Alguien hace algo mal en los países como el nuestro.
    No todos los CEOs no entienden nada de diseño y en la historia que a nosotros nos gusta ha habido próceres de esa historia que sí entendían de diseño, a quienes era imposible discutirle una idea o convencerlos de que estaban equivocados. Ejemplos: Henry Ford, Ettore Bugatti, Enzo Ferrari. Más de una garcada se mandaron por no escuchar y también muchos aciertos tuvieron por el mismo motivo. No es privativo de la época actual. Es inherente a la naturaleza del ser humano.

  3. Gallego chico 02/11/2015 @ 12:34 pm

    Matizaría diciendo que el diseño final de un automóvil proviene de una constelación de diseñadores, ejecutivos, marketineros, encuestadores, asesores, y varios influyentes más, tal que de un cubo original lo convertirán en un huevo o viceversa.

  4. Gringo Viejo 02/11/2015 @ 5:35 pm

    Que se yo. Es innegable que los autos hoy se parecen entre si mas que hace medio siglo. La diversidad genética se fue al caray con las consolidaciones y el “bigger is better”. Aun asi, las automotrices “atendidas por sus dueños” como Honda, Toyota y VW también sacan cosas bastante amorfas y no tiene detrás tanta presión de los accionistas como puede tener GM o FICA. Hubo, hasta en los lugares mas insospechados, tipos como Iacoca, Lutz, etc. que tenian ojo para el diseño. Hoy, al menos en América del Norte desde que deja el lápiz hasta que se confirma el diseño pasa por muchos filtros, entre ellos los democráticos y tibios “Focus Groups”. Todo eso achata los diseños y los Malibuliza.
    Talento seguirá haciendo falta, pero supongo que entre el Autocad, las impresoras 3D, etc., la “productividad” que le exprimen a un diseñador se debe multiplicar por 3. Con el resultado que habrá tres veces menos diseñadores.

    Un abrazo.

    GV

  5. CharlieKober 02/11/2015 @ 6:30 pm

    A lo dicho anteriormente hay que agregarle el “filtro” de la ingeniería de producción y el estudio de costos, donde normalmente la solución más económica de las partes dista bastante de las formas propuestas por el diseñador

  6. SSJAGUAR 02/11/2015 @ 9:33 pm

    Muy,muy ( lamentablemente) cierto lo expuesto en la nota.
    Por más razones que haya y lo justifiquen,coincido plenamente con el Griego.

  7. Gonzalo Balaguer 03/11/2015 @ 8:47 am

    Muy buena nota. Tengamos la esperanza de que esta tendencia en algún momento cambie y los diseñadores puedan trabajar con toda su creatividad sin condicionamientos.
    No quisiéramos verlo al Griego al mando de una lencería….!

  8. Santino 04/11/2015 @ 2:59 pm

    Aguante Morgan! Al final esa pequeña fábrica de pocos autos hechos por encargo terminó siendo la última en ser 100 % inglesa.
    Que por lo menos el maxikiosco tenga un sector de autitos a escala!

  9. José del Castillo 04/11/2015 @ 8:00 pm

    Siempre me pregunté como, de tantas fabricas inglesas, sólo había quedado Morgan con sus dueños de origen. Lindo tema para una nota, ¿no?, ¿alguien se anima?

  10. morgan. 05/11/2015 @ 10:38 am

    Santino, casi me hace infartar………esta vez no había hecho nada y me poner un “aguante morgan”!! Menos mal que seguí leyendo y hablaban de esas carcachas inglesas y me quede mas tranquilo.

    Griego querido, he tenido algunas muestras gratis de todo el proceso de “concursar” para un proyecto gracias a vos (solo como espectador, yo no puedo aportar ni el azúcar para el café) y me lo imagino conteniéndose para no sacan una M60 o una Uzzi y matarlos a todos instantáneamente al mejor estilo Call of Duty.

  11. José del Castillo 05/11/2015 @ 7:37 pm

    ¿Carcachas inglesas los Morgan?, Nico, (Morgan), vaya a lavarse la boca inmediatamente !!

  12. Lucas Gilardone 05/11/2015 @ 10:34 pm

    Toda mi solidaridad con el Griego y el gremio.
    Hasta los autos “de nicho” se han llenado de tantas cosas para parecerse a lo que está de moda que al final uno nunca sabe si no es una nueva versión de algún Hyundai anabolizado.
    Y uno los mira, los mira, y no hay caso. Entre tanto ruido no se entiende nada.
    Abrazo!

  13. Jet'nperna 08/11/2015 @ 7:36 pm

    , hoy las fábricas te venden un montón de productos de eléctricos metidos dentro de un automóvil,
    Led, xenón, audio,DVD,GPS, teléfono, Bluetooth, alarma, keyless, abs, airbag, etc, etc, la lista de controles de tracción y demás es interminable
    Cuando vas a ver un auto nuevo, jamás te dicen si es tracción trasera o delantera, torque, potencia. El vendedor generalmente no tiene idea de datos técnicos básicos y el comprador tampoco los sabe ni le interesan, eso si que no le falte puerto USB porque si no es invendible. Obviamente que el diseño no cuenta en absoluto, sólo piden que parezca un auto importante.
    No solo pasa esto con los autos, también se manifiesta en la arquitectura, en la ropa, electrodomésticos y muebles.
    La calidad y el diseño poco importa. Comprar y tirar esa es la idea

    • Güilbeis 08/11/2015 @ 9:52 pm

      Totalmente de acuerdo con Ud. don Jet. Que parezca importante pero que sea trucho así es mas barato. El diseño? que sea impactante solamente. No sólo con los autos, con las casas algo parecido. Grandes cajones de cemento, que son baratos. Entradas con columnas muy altas (estilo bóveda) para que parezcan importantes y adentro una porquería para que sea barato.

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