
“A mi padre le encantaban los circuitos extremadamente rápidos. Uno de ellos era Avus, situado en Berlín, cuyas siglas en alemán corresponden a “Carretera de Tráfico y Pista de Pruebas”. Inaugurado hace poco más de un siglo, constaba de dos rectas que sumaban 8,2 kilómetros, con dos curvas muy pronunciadas en sus extremos. En 1937 se sustituyó una de ellas por una curva peraltada para así dar aún mayor rapidez al trazado. La curva norte, revestida de ladrillos y famosa por su peligrosidad, tenía una vertiginosa inclinación de 43 grados, un radio de 184 metros y una altura de más de 12 metros. La velocidad máxima que se podía alcanzar en ella era de 180 km/h. Este viraje, sin duda, era complicado: a Juan Manuel Fangio le provocaba dolor de cabeza, a Wolfgang Graf Berghe von Trips le producía mareos y a Hans Herrmann la fuerza centrífuga le presionaba la cabeza hacia abajo de tal manera que sólo podía ver los pedales de su auto. Además, entre los ladrillos del revestimiento crecía musgo, por lo que la curva norte siempre estaba un poco húmeda y resbaladiza”.
“Mi padre adoraba este circuito precisamente por el reto que estas ingentes dificultades suponían. La celeridad marcó su vida y no sólo en el asfalto, sino también en el campo profesional. En 1952 fundó como trabajador autónomo Christophorus, “La revista para clientes y aficionados a la marca Porsche”, de la que sería Redactor Jefe durante muchos años. En aquella época, Fritz Huschke von Hanstein dirigía los departamentos de Relaciones Públicas y de Competición de la marca a la vez. Entre 1953 y 1960 fue piloto oficial de Porsche, y obtuvo varias victorias en circuitos famosos de todo el mundo, entre ellos Le Mans y Nürburgring”.
“En 1954, la última carrera de la temporada del Campeonato Alemán de Autos Sport se celebró en la temible pista de Avus. Los neumáticos tenían que soportar un enorme esfuerzo en la curva norte. Durante un entrenamiento con el Porsche 550 Spyder, a 180 km/h, a mi padre se le desprendió allí la banda de rodadura de un neumático delantero, pero afortunadamente pudo mantener el control del auto. Para la carrera se habían montado neumáticos especiales. Durante 20 vueltas, mantuvo un duelo muy igualado con Hans Herrmann, quien también pilotaba un 550 Spyder. En la última vuelta, mi padre apuró más la frenada antes de negociar la curva sur, lo que le llevó a la victoria. Recorrió los 168 kilómetros de la carrera a una velocidad media de 193,5 km/h”.
“El Porsche 645 Spyder era más ligero y aerodinámico que el 550 A Spyder. Por ello, a pesar de que su motor tenía la misma potencia (135 CV), era capaz de alcanzar una velocidad máxima de 260 km/h, claramente superior a la de su antecesor. Pero, a su vez, era difícilmente controlable por su forma de moverse cual ratón perseguido por un gato, incluso en las rectas. De ahí su apodo”.
“Yo no recuerdo la escena del accidente. Sólo me acuerdo de cómo mi madre me agarró por el brazo y me sacó volando de la tribuna, situada en la zona de salida y meta, para echar a correr hacia la curva norte. Pero todavía tengo presente la enorme nube negra. Por fin sonó por los altavoces el mensaje que alivió los peores temores: habían encontrado a mi padre inconsciente, pero vivo, en unos arbustos detrás de aquella curva. Como no llevaba cinturón de seguridad, al dar la vuelta de campana salió disparado del coche y las plantas habían amortiguado el impacto. El hecho de que sobreviviera al accidente fue casi un milagro. Estuvo internado en un hospital de Berlín durante cinco semanas, tumbado boca abajo gran parte de ellas. Las fuertes contusiones en la espalda fueron producidas por la fuerza centrífuga al salir disparado del vehículo. La conmoción cerebral provocada por el impacto le borró de la memoria aquella fatídica tercera vuelta”.
“En diciembre de 1956 ya había progresado tanto en su recuperación que pudo asistir a la fiesta de Navidad de Porsche ayudándose con un bastón. El número 23 de Christophorus salió algo más tarde de lo habitual, por lo que rogó a sus lectores que disculparan el retraso. “Antes de poder dedicarme a la publicación de este número de Christophorus tuve que curarme medianamente de mi conmoción cerebral y mis fuertes contusiones. Lo comprenden, ¿verdad?”. Así era él, mi padre”.
Texto: Donald von Frankenberg / Fotos: Archivo Porsche
Artículo publicado en el número 400 de Christophorus, la revista para clientes de Porsche.
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