
Si en la posterior década de 1930, Francia tendría miles de puntos de venta de Citroën, en plena posguerra de la Primera Guerra Mundial la situación era muy diferente y hasta mediados de la década de 1920, la red Citroën no fue lo suficientemente amplia como para permitir que cualquier ciudadana o ciudadano pudiera probar un producto de la marca cerca de su casa, como deseaba su creador.
En poco tiempo y haciendo honor a su fama de hombre creativo, André encontró la solución a este problema. En aquella época, en Francia se desarrollaban numerosos eventos locales, como las ferias de ganado, todavía muy populares en el mundo rural, o las fiestas comarcales o locales, frecuentadas por potenciales clientes o clientes con deseos de probar un Citroën. ¿Qué hacer entonces? Muy fácil: si las personas no podían ir a Citroën porque estaba muy lejos, entonces sería Citroën quién se acercaría a las personas.
Todo empezaba algunas semanas antes y se preparaba con meticulosidad: la publicidad en las paredes del pueblo elegido con los carteles diseñados por Pierre Louys, y, después, la publicidad en los periódicos locales, efectuada gracias al servicio de coordinación de Quai de Javel, que uniformizaba y personalizaba (según las exigencias) la parte gráfica de los anuncios. Finalmente, se instalaba la logística de los eventos, muy cuidada y realizada para ser vista desde lejos y atraer así al público.
La «Caravana Citroën», desde principios de la década de 1920 hasta los primeros años de la década siguiente se convirtió en un espectáculo habitual en todo el país galo. De vez en cuando, la presencia de los autos se reforzaba con la exhibición de algunos modelos como los legendarios auto-orugas utilizados en los primeros Cruceros de Exploración (en primer lugar, el “Negro” y posteriormente el “Amarillo”) o el grande y veloz autobús Citroën que acompañaban a las diferentes berlinas y torpedos de todos los tamaños que ofrecía la marca para las pruebas.
La última gran campaña de la «Caravana Citroën» con André Citroën vivo fue la que diseñó para dar a conocer al mundo su nuevo “motor flotante”, un evento en el que los C4 y C6 con el motor montado por primera vez sobre soportes elásticos, silenciosos y suaves, desfilaban por delante de personas que, seguramente, no habían visto nunca un auto como aquellos y que acompañaban a las y los potenciales clientas y clientes en una experiencia nueva, nunca antes probada, hecha de confort, de silencio a bordo y de ausencia total de vibraciones.
La idea de la «Caravana» fue retomada por Citroën en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial para dar a conocer el nuevo 2 CV y los vehículos comerciales como el Tipo H que tanto éxito consiguieron en el entorno rural y que se mantuvieron en producción sin modificaciones significativas entre 1947 y 1981. Regionalmente, Citroën en Argentina propuso en años recientes tours de test drives que de Formosa a Neuquén, de Entre Ríos a Jujuy, recorrieron prácticamente todo el país poco tiempo después de producirse los lanzamientos de C4 Lounge, C-Elysee y C4 Cactus.
Fotos: Prensa Citroën
Jacques Wolgensinger y la época de oro de la comunicación en Citroën
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