Citroën Camargue

Hernán Charalambopoulos
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Camargue 01a

Lo maravilloso de esta cuarentena obligada es que nos vuelve a conectar con cosas que habíamos dejado de hacer hace tiempo y que seguramente nos hacen bien. En mi caso una de ellas es escribir sobre lo que más me gusta: el diseño de autos.

Rara atracción es la que siempre sentí por los carroceros que siempre tenían una manera diferente de ver las cosas, esos que nunca dejaban de provocar sin importar el fuste del objeto al que tenían que dar vida. No es ningún secreto mi debilidad por quienes han expresado de mejor manera esa rebeldía hecha de locura pero con oficio y sobre todo buen gusto: Bertone y Zagato o mejor dicho, Torino y Milano. Dos ciudades, dos mundos, dos maneras de ver y vivir la vida.

Torino más introvertida y enroscada, pero inmensamente rica si nos tomamos el trabajo de ir quitando sus velos y Milano, más espontánea y abierta, no esconde a nadie sus secretos. Si Pininfarina y Touring representaron en su momento la parte refinada de la expresión de estas dos ciudades, Bertone y Zagato espejan el pensamiento de sus mentes más inquietas e inconformistas.

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Como amante y entusiasta de las formas que no siguen tanto la función, pero que dejan un mensaje potente, Citroën construyendo y Bertone como sastre son dos marcas que siempre me dejaron pensando. Será porque están plasmadas en esas formas algo de lo que podemos llamar arte. Ese tipo de arte que conlleva una parte negativa y de rechazo que impone distancia. La distancia con el objeto no hace más que darle al espectador un tiempo y espacio suficientes como para poder analizar y finalmente procesar el mensaje. No son objetos correctos, no buscan el “like” inmediato ni tampoco ser abrazados al primer encuentro con la mirada. El “like” inmediato y tan buscado hoy en día no hace más que hacer de ese encuentro obra-espectador una experiencia tan superficial como efímera. Citroën y Bertone siempre nos dejaron pensando. Pensar nos hace involucrarnos y una vez adentro, nos atrapan y ya no nos sueltan más.

La historia en común de estas dos empresas comienza a escribirse en el año 1972: fue entonces cuando los franceses mostraron al gran público un estudio de coupé basado en su entonces revolucionario mediano presentado poco tiempo antes: el GS.

El fruto de la colaboración se llamó Camargue, como esa playa de la Costa Azul que años más tarde le diera nombre a otro coupé firmado por Pininfarina con marca Rolls-Royce.

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La singular historia de este auto nace de la necesidad de Bertone de ampliar su red de clientes en Europa. Como Peugeot colaboraba con Pininfarina desde hacía unos años, los de Caprie (más chicos de estructura) quisieron hacer lo propio con otro constructor francés. Cuenta esa historia que el encargado del proyecto fue casualmente un francés, Marc Deschamps, quien años más tarde fuera director del estudio. Según sus palabras, en ese momento “Marcello Gandini estaba muy ocupado con otros proyectos y teníamos muy poco tiempo para desarrollarlo, así que me dieron esa oportunidad y empezamos.” La razón por la que el proyecto se basó en la mecánica del GS fue bastante práctica: “me había comprado hacia pocas semanas un GS 1050 y propuse trabajar sobre la base de un auto que me gustaba y consideraba muy moderno…”.

Después de cinco semanas el prototipo ya tenía forma y finalmente algunas semanas después fue presentado a la masa.

Sin dudas en el Camargue hay elementos que recuerdan otras criaturas de la casa, comenzando por la vista en planta que se distingue por presentarse muy cuadrada en fuerte contraste con la forzada curvatura del habitáculo, sobre todo en la zona del parabrisas, elemento ya visto en el Stratos, pero muchos años antes en el posterior del Lamborghini 350 GT hecho por Scaglione. Estas “forzaduras” y fuertes contrastes dentro de un conjunto armónico son una de las marcas registradas de Bertone y que formaron parte de su ADN durante décadas.

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La vista lateral presenta proporciones inéditas para la época (y también para ahora) Es un mini Shooting Brake pero con los voladizos al revés. Mucha carne adelante y poca atrás. Refleja desde el exterior que tiene un motor colgado del eje delantero y para generar algún tipo de tensión y contraste, exaltaron lo que tenían en vez de esconderlo y empujar las masas hacia atrás como marca el manual del segmento. El resultado da un vehículo de proporciones únicas. No olvidemos que este auto fue presentado hace casi medio siglo.

Mantuvieron el interior al igual que el GS para mostrar de donde provenía y con ello su potencial producción en serie, cosa que fue ignorada de plano por la dirigencia de la época. El Camargue es el punto de partida de una colaboración que muchos hubiésemos querido que fuera más estrecha y que aun así vio nacer automóviles únicos que fueron muy valorados ya sea en formato concept car o de producción. Hoy les mostramos el primer eslabón de la cadena.

Fotos: Prensa Citroën

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