Concours of Elegance 2020: se remata el Rolls-Royce de un uruguayo

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Ninguno de los 15 lotes que subastará Gooding & Co en los próximos días en el marco del Concours of Elegance 2020 tiene desperdicio, y todos y cada uno de ellos reúnen atributos que ameritan explayarse en forma particular. Es el caso del Rolls-Royce 40/50 HP Silver Ghost “Alpine Eagle” Tourer construido en 1919, que además del notable interés de este modelo germinal en la historia y la fama de la marca de autos de lujo británica, reúne particularidades como su carrocería francesa y el origen de su primero propietario: el uruguayo Diego Pons. La casa de remates norteamericana estimó su precio de venta entre 1 y 1,4 millones de libras (1,35 a 1,87 millones de dólares).

La historia comienza con el estreno, en el Olympia Motor Show de 1906, del chasis 40/50 HP -mejor conocido como Silver Ghost-, que se transformaría en los cimientos de la mística Rolls-Royce.

Su producción en serie abarcó el período desde el año 1907 hasta 1925, en el que el 40/50 HP, sosteniendo el ethos perfeccionista de Henry Royce, fue continuamente refinándose a lo largo de esa extraordinaria carrera industrial y comercial de dos décadas. Para honrar su desempeño en la competencia conocida como “Alpine Trial”, en su edición de 1913, Rolls-Royce ofreció “duplicados” de los autos oficiales, a los que tuvo a bien bautizar como “Alpine Eagles”. Era, ni más ni menos, que una versión mejorada del de por sí sobresaliente modelo “London to Edinburgh”. El “Alpine Eagle” se benefició de todos los cambios que entraron en práctica en la producción de su antecesor (radiadores y frenos de mayor capacidad, elásticos cantilever en reemplazo de los cuarto elípticos atrás, mayor compresión, carburador más grande), junto a una nueva caja de cambios de cuatro velocidades y pistones de aluminio, elementos estos utilizados por los ejemplares inscriptos en la competencia alpina.

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Los altísimos estándares de ingeniería de la firma de lujo inglesa para volcarlos en la producción demandaban excelencia en todos los aspectos. Ningún Rolls-Royce se entregaba a un cliente sin haber sido previamente probado en la fábrica y asegurada la ausencia de fallas. Como resultado, el Silver Ghost superó con creces cada test en que era evaluado, ya fuera un ejemplar en servicio como limusina formal en Londres, participando en desafiantes competencias de montaña o incluso con “ropa de fajina”, en los campos de batalla durante la Primera Guerra Mundial.

La propuesta mecánica la conformaba un motor de seis cilindros en línea con cabeza en “L” y 7,5 litros de cilindrada, alimentado por un carburador ascendente y capaz de generar 50 HP a un sereno régimen de 1.500 vueltas. Los ejes eran obviamente rígidos, con elásticos semielípticos adelante y los mencionados tipo cantilever atrás, trabajando asociados a amortiguadores de fricción y con frenos de accionamiento mecánico actuando únicamente sobre las ruedas traseras.

Como su predecesores de la “London to Edinburgh”, los “Alpine Eagle” se vendían a propietarios con intenciones algo más aventureras, por lo que lo normal era que recibieran carrocerías abiertas con ínfulas deportivas.

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En particular este Silver Ghost, chassis 24 LW, es un ejemplar que sintetiza a la perfección a los altamente demandados “Alpine Eagle”. Como se puede apreciar en los registros de construcción de la fábrica, el chasis fue encargado por la representación parisina de Rolls-Royce, y 24W estaba unido al motor número TW72 con la opción de caja de cambio sobre el lateral (pero interior) y de recorridos cortos, y la dirección Tipo D, con la columna en la posición más baja de las disponibles. Entre los muchos detalles individuales, sus especificaciones incluían ruedas de rayos Dunlop, accesorios niquelados, trabas de capot, protección del tanque de combustible y una chapa identificatoria del chasis en francés, al igual que todo el instrumental y los mandos del volante.

Un conductor de Rolls-Royce entregó el 14 de diciembre de 1919, en Boulogne-sur-Mer, el chasis “Alpine Eagle”, luego de haber cruzado el Canal de la Mancha en un vapor. En escala muy próxima a su destino final en París, el Silver Ghost fue enviado al distinguido carrocero Million-Guiet, que tenía sus talleres en Levallois-Perret, en Île-de-France, y un “showroom” sobre la misma Champs-Élysées.

El nombre de la dueña original, Madame Webster, aparece tachado con una cruz en la tarjeta oficial del chasis 24LW y, en cambio, está documentado que el auto fue entregado a Diego Pons, domiciliado en Montevideo, Uruguay, aunque el auto no habría sido enviado nunca a Sudamérica.

Según la investigación de Gooding & Company, Pons fue un prominente político de finales del siglo XIX y comienzos del XX, que actuó como diputado, senador y Ministro de Hacienda durante la administración del presidente Lindolfo Cuestas, del Partido Colorado. Durante su carrera, Pons presumía haber recibido en su gran mansión de estilo italiano a once presidentes del Uruguay y otros dignatarios del mismo nivel.

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Pons fue un pionero de la elaboración comercial del vino en Uruguay. En 1888 estableció su propia bodega, que utilizaba los más modernos métodos de la época y el mejor equipamiento de origen francés e italiano que el dinero podía comprar. Para 1900 su bodega había crecido hasta ocupar 400 hectáreas, y sus productos ganaban premios en exhibiciones internacionales.

En algún tiempo entre 1919 y 1930, Diego Pons fue nombrado Embajador del Uruguay y Ministro Plenipotenciario frente a la Santa Sede en el Vaticano. Presumiblemente, el Rolls-Royce fue adquirido para reemplazar a la limousine Pope-Hartford utilizada hasta entonces como vehículo oficial.

Aquella glamorosa carrocería francesa sobre un Silver Ghost seguramente llamaría la atención entre el tráfico romano, y como lo indican las hojas de servicio, el diplomático charrúa habría conservado el auto hasta el año 1935.

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Luego de Pons, el Rolls-Royce continuó en Europa, donde fue utilizado con asiduidad y fue objeto de algunas modificaciones cosméticas durante las décadas de los años 60 y 70. Los documentos indican que estuvo en manos francesas desde 1984 hasta el 2010, cuando el broker Lukas Hüni se lo vendió a su actual dueño.

Ya en manos de su propietario actual, este 40/50 HP ha recibido una restauración de alta calidad realizada por el especialista británico P&A Wood en lo concerniente a chasis y mecánica, a la par del trabajo del maestro carrocero Steve Penny en su atelier de Bloxham, Inglaterra. Éste reconstruyó la excepcional carrocería sports tourer en el estilo que lo hiciera originalmente Million-Guiet, incorporando todos los elementos que era factible rescatar de la carrocería original. El profundo estudio de los documentos, la época y el trabajo del carrocero francés, permitió reconstruir el parabrisas en V, la disposición del tablero con sus llaves Lucas, mientras los gloriosos faros Bleriot complementan el carácter francés de este Rolls-Royce.

Combinando su fascinante historia que de alguna manera lo vincula al Río de la Plata y con una elaborada restauración, este magnífico “Alpine Eagle” seguramente se hace un lugar entre los más deseados ejemplares del modelo que estableció la reputación de Rolls-Royce como “el mejor auto del mundo”.

Fotos: Gooding & Co/Mathieu Heurtault

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