Cotorrita Tecknicolor

13/Oct/2021

Después de muchos meses guardados salimos a visitar a la familia del campo… como siempre con el ojo atípico puesto en algún que otro despojo automotor. Un par de llamados y arreglamos una gira relámpago por el taco de la bota santafesina, con epicentro en Melincué y final en Venado Tuerto (sin derecho a camarín VIP).

Para agregar al álbum del transporte urbano reciclado (ver “Trajes y doble piso a medida”) y gozando de mejor suerte que el techo del trole MAN esfumado tras la puesta en valor del bajo de San Isidro nos trajimos las imágenes de una cotorra al sol.

Lejos del exabrupto de trazo grueso al estilo de Corona fuimos a las redes y encontramos que ese nombre identificó a los ejemplares de un curioso swap pergeñado por el inefable Alberto J. Armando allá por 1960. Antes de embarcarse en la aventura de los Bonos Patrimoniales y la hoy derruida y debatida Ciudad Deportiva de Boca, en pleno furor desarrollista para reconvertir el transporte urbano de superficie al modo automotor, el alma mater de los Pumas del TC tuvo una ocurrencia para participar en un negocio que prometía pingües ganancias.Su idea era maridar unos chasis de ómnibus Ford Thames Trader de origen inglés con un lote de carrocerías Wayne a ser importadas de EE.UU. en condición CKD. El todo, ensamblado sobre fino suelo argentino (para bajar costos de flete y eventualmente aranceles), serviría entre otros fines para reemplazar a los últimos tranvías rosarinos, que estaban por ser dados de baja.

Como suele suceder la operación tuvo sus bemoles: los carroceros pusieron el grito en el cielo reclamando por su participación en el negocio, para ocupar mano de obra local y consiguieron poner límites a la importación de unidades completas aun desarmadas  y un porcentaje de participación en el carrozado los vehículos que completarían la operación de sustitución de los tranvías. Mientras tanto, derrocado Frondizi e intervenida la provincia de Santa Fe, se formó una comisión investigadora para revisar los costos y evaluar la real conveniencia de la oferta de Armando.

Entre tantos dimes y diretes, al fin en febrero de 1963 el tranvía fue desactivado y en marzo, junto con los primeros berridos de Fito Páez, la “Chicago argentina” estrenaba sus flamantes Ford-Wayne en rutilante color verde, lo que estimuló al ingenio popular para bautizarlos con el nombre vulgar de la Myiopsitta monachus.Puestos en uso, los Ford de Armando se ganaron apelativos más polémicos alusivos a su escasa eficiencia en servicio. La empresa cooperativa constituida para su puesta en funciones, al cabo de un lustro naufragó como la balsa de Lito y los ingleses vestidos a la americana, que ya habían sido derivados a trabajos de menor exigencia en otras ciudades, terminaron radiados del servicio activo.

La cotorrita de las fotos pasa sus días a orillas de la Laguna de Melincué transformada en cobertizo multifunción (probablemente anexo del bar) junto a las instalaciones del camping del Club Náutico homónimo.

La carrocería, despojada de todas sus identificaciones y revestimientos, se conserva en aceptables condiciones exhibiendo todavía su color original en el interior de los pasarruedas, mientras que el exterior luce renovado por la policromática intervención artística acorde a su nuevo rol para solaz y esparcimiento de la juventud. No conseguimos por la región relevar mayores pistas del destino del chasis y la mecánica originales, pesquisa que quedará para alguna próxima incursión.

Fotos: Alejandro Tasso

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