Desfilando en Hispano-Suiza por Montevideo

Diego Speratti
Esta imagen pertenece al Grupo de Series Historicas (FMH) que integra el archivo fotografico del Centro de Fotografia de Montevideo (CdF).

El CdF es una unidad de la Division Informacion y Comunicacion de la Intendencia de Montevideo.

Por mas informacion http://cdf.montevideo.gub.uy/catalogo
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Con los cambios radicales que experimentó el transporte de pasajeros en las primeras décadas del siglo XX, era posible por aquellos tiempos que en las calles de las ciudades convivieran todo tipo de carros y carruajes tirados por caballos (de Volantas y Sulkys a tranvías), velocípedos y bicicletas de tracción a sangre humana, junto a un incipiente parque de motos, triciclos, automóviles, autos de carrera, camiones y ómnibus con motores de combustión, y excepcionalmente algún auto eléctrico o a vapor.

La masificación del automóvil y los camiones trajo aparejados nuevos desafíos en el ordenamiento del tránsito, el desarrollo de una red vial, los puestos de servicio, la provisión de insumos, los seguros, las licencias, las patentes, los impuestos, las demandas de importadores y representantes o el turismo, temas que se debatían en congresos e intentaban ganar visibilidad a través de desfiles como los que se celebraban en Montevideo, lo mismo que usualmente sobre la Avenida de Mayo en Buenos Aires.

El 17 de abril de 1917, por las calles de la capital uruguaya se organizó el desfile de la “Fiesta de la Locomoción”, que convocó a muy antiguos carruajes, al que se cree el primer automóvil llegado a Uruguay (el Delin de 1900 de Alejo Rosell y Rius), vehículos de servicio público (como los camiones Renault de la “Casa de Desinfección del Dr Honoré”) o elegantes automóviles que recorrían por entonces las calles de Montevideo.

Uno de estos es un espectacular Town Car (chofer a la intemperie) Hispano-Suiza, que para su precisa identificación recurrimos a las epístolas con el “brujo” de la marca de Mar del Plata al Tibidabo, Horacio García.

“Este modelo es un Tipo 30, que es la evolución de los Alfonso y de los posteriores coches con motor de árbol de levas en la cabeza. Fue dibujado durante 1914, casi simultáneamente con los exitosos motores aeronáuticos de 8 cilindros en V, aunque con éstos sólo tienen en común el sistema de “mando directo” de las válvulas por el árbol de levas”, arrancó en tono didáctico “El Petiso”.

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Lujoso automóvil y lujosa descripción de Horacio que hasta llegó a destino con imágenes: “este auto se fabricó entre 1914 y 1924, cuando fue remplazado por el Tipo 49. El Tipo 30 era muy similar al Tipo 32 conceptualmente, el 30 de 3 litros (inicialmente de 85 x 130 mm, lo que resulta en 2.952 cc), con lo que se conseguían 60 HP, y el Tipo 32 de algo menos de 5 litros”.

Del Tipo 30, que sólo se construyó en la neutral España, se completaron algo menos de 1.000 ejemplares, y con Europa inmersa en la Primera Guerra Mundial, ejemplares de aquellos años como el que desfiló en Montevideo encontraron refugio en los mercados de exportación, como Nueva Zelanda y Australia, o mismo Uruguay, Argentina y Brasil. García calcula que en el mejor de los casos pueden sobrevivir en el mundo unos 50 Tipo 30 “circum mundum”, y que comprobados al momento hay unos 36, a falta de un registro exhaustivo sobre ellos.

Por último, Horacio aporta un colorido dato, que permite explicar la variedad de carrocerías que es posible encontrar sobre los Tipo 30: “Hispano proponía tres inclinaciones diferentes de columna de dirección, variando la altura del parallamas (fundido en aluminio) y del radiador, dando de ese modo libertad de acción a los carroceros”.

Fotos: Centro de Fotografía de Montevideo y Archivo Horacio García

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Hispano lando

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