
A pesar de todo, Ferdinand estaba convencido de que una repercusión positiva tras lograr éxitos deportivos les torcería el brazo a quienes no acompañaban inicialmente su idea. El magnate de la industria y productor de cine von Kolowrat-Krakowski financió el proyecto para construir un pequeño automóvil con motor de sólo 1.100 cc, y también una derivación de competición, el ADS R, que fue bautizado con su apodo, “Sascha”. El resultado fue un biplaza liviano, hecho a partir del modelo de cuatro asientos ideado para la producción, que pesaba sólo 598 kilogramos.
Su motor de cuatro cilindros en línea, refrigerado por agua, tenía dos árboles de levas a la cabeza y estaba colocado en una posición muy retrasada en el chasis. Esto colaboró para lograr una distribución de peso del 53% en la parte delantera y del 47% en la parte trasera, que con los dos tanques de combustible llenos y los dos ocupantes quedaba perfectamente equilibrado. El segundo asiento tipo baquet estaba reservado para el mecánico, lo que no era inusual en aquella época. Los repuestos y las herramientas iban en una caja de madera detrás de los asientos y las ruedas de auxilio se fijaron a ambos lados.
Unos años más tarde, en 1931, junto con su yerno Anton Piëch y el ex piloto y empresario Adolf Rosenberger, Porsche fundó la oficina de ingeniería Dr. En g. hc F. Porsche GmbH, Konstruktionen und Beratung für Motoren und Fahrzeuge. Ferdinand continuaría manteniendo la costumbre de probar los vehículos en carreras antes de que entraran en la producción en serie. Y con el correr de las décadas, la compañía seguiría dando especial importancia a la Targa Florio, donde compitieron los Austro-Daimler ADS R.
Los cuatro prototipos del ADS R se terminaron poco antes de la edición de 1922 de la competencia siciliana. Ya sobre al tren que los transportaba se decidió pintar de rojo las carrocerías de aluminio de los Sascha, de manera que llamaran la atención y, de alguna manera, ahuyentaran la posibilidad de ser robados al atravesar Italia. Para ayudar a diferenciarlos desde la distancia, Kolowrat los adornó con los símbolos del juego de naipes. El bólido del propio conde fue decorado con corazones (#1), mientras que al de Alfred Neubauer, el piloto más exitoso y más tarde Director de Competición de Mercedes, le pusieron diamantes (#46). Fritz Kuhn condujo uno con picas (#3) y Lambert Pöcher con tréboles (#2). El conde Kolowrat no sólo financió y dirigió la operación, sino que también se puso al volante de uno de los vehículos, inscriptos en la categoría de hasta 1,1 litros de cilindrada. Más tarde, los cuatro pilotos de los Sascha definirían a la Targa Florio como una “carrera extraña por rutas endiabladas”. Los automóviles salían en intervalos de dos minutos, lo que significaba que los participantes nunca sabían contra quienes estaban compitiendo en tiempos.
La prensa italiana elogió al veloz y resistente “mini bólido”, con una velocidad máxima de 144 km/h, como “la revelación de la Targa Florio”. Para difundir la noticia más allá de las fronteras de Italia, Ferdinand Porsche colocó grandes publicidades en los periódicos: “¡Austro-Daimler es el vencedor moral de la Targa Florio de 1922!”. Fue un anuncio rebatido sólo unos días después por Daimler, que colocó grandes anuncios propios. Después de todo, Daimler, con sus Mercedes de Grand Prix, se había llevado la victoria absoluta. Los miembros del Consejo de Dirección de Austro-Daimler AG, encabezados por Camillo Castiglioni, habían tomado nota, como esperaba Porsche, pero aún no estaban preparados para aprobar la producción en serie del ADS.
Lo que su padre, Ferdinand Porsche, comenzó hace un siglo como empleado de Austro-Daimler, Ferry Porsche lo continuó con la fundación de una marca de automóviles que lleva el nombre de la familia. Y desde el principio, el fabricante de Stuttgart se convirtió en un competidor habitual en Sicilia. Con 11 victorias absolutas, Porsche ha sido la marca con más éxitos en la Targa Florio de todos los tiempos. En 1956, Umberto Maglioli fue el primero en ganar con un Porsche, concretamente un 550 A Spyder. La victoria de Maglioli evocó a su manera lo que el equipo dirigido por Ferdinand Porsche y el conde Kolowrat consiguió en 1922, hace ahora un siglo, con el Austro-Daimler ADS R: superar a competidores con motores de mayor cilindrada.
Fotos: Prensa Porsche y Biblioteca Nacional de Francia
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