El cielo como bandera

28/Mar/2022

Los salones del automóvil son un evento de doble filo para las marcas automotrices. Por un lado, son una cita periódica en la que disponen de una vidriera única para presentar sus últimas novedades. Por otro, los lanzamientos de cada marca corren el peligro de quedar eclipsados por la avalancha de automóviles que estrena la competencia. Para salir airoso de este desafío, hay que hacer mucho ruido y, si había una persona que sabía cómo hacerlo, era André Citroën.

La aviación era, hace un siglo, una tecnología de vanguardia, un sinónimo de progreso, como el automóvil. Citroën decidió unir estos dos avances técnicos para conquistar un novedoso soporte publicitario: el cielo. Pero había que crear expectativa. Por eso, el 3 de octubre de 1922, las páginas de los periódicos parisinos de mayor tirada amanecieron con un mensaje críptico: “si mañana hay buen tiempo, mirá hacia el cielo”.

El día siguiente, 4 de octubre, día de la inauguración del XVII Salón del Automóvil de París, lucía un sol radiante. Ni una nube en el cielo. Sólo el zumbido de un avión, en la lejanía, perturbaba una jornada que se esperaba tranquila. De repente, el avión empezó a soltar humo. Todo indicaba que podía tener problemas mecánicos, pero pronto se vio que la aeronave no sólo no intentaba un aterrizaje forzoso sobre alguna de las avenidas más anchas de la “ciudad luz”, sino que empezaba a trazar unas letras con esmerada caligrafía: “C”… “I”… “T”… “R”… “O”… “E”… “N”… se podía leer.André Citroën ganó su apuesta. Al día siguiente, los periódicos no hablaban de otra cosa que del primer mensaje publicitario escrito sobre el cielo y del Citroën 5 CV, que se presentaba al público en el Salón de París, que desde sus inicios se celebraba en el espectacular Grand Palais. Para destacarse sobre el inconfundible “skyline” parisino, el mensaje se escribió entre los 3.000 m y los 5.000 m de altitud. Las dimensiones de las letras asustan: medían unos 500 m de alto. El texto “Citroën” se extendió sobre 5 kilómetros. Esta hazaña fue posible gracias a un compuesto químico, probablemente aceite de parafina, que se dispersaba en el aire gracias a una palanca situada a la derecha del piloto.

No sería la primera ni la última vez que André Citroën recurría a acciones de impacto para promocionar sus automóviles. En aquella misma década, el ingeniero del Quai de Javel estará detrás de iniciativas innovadoras, como la Travesía del Sahara en automóvil, los Cruceros Negro y Amarillo, la creación de una línea de automóviles en miniatura, la concepción de una red de concesionarios y talleres oficiales o un espectacular anuncio luminoso en la mismísima Torre Eiffel.

Fotos: Prensa Citroën y Biblioteca Nacional de Francia

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