
Con este automóvil, Ferdinand Porsche, que entonces tenía 46 años, depositó su confianza en el principio de la buena relación peso/potencia, algo que hasta hoy sigue siendo una característica que define a los automóviles de Zuffenhausen. Y un siglo después, un equipo del departamento de Museo y Patrimonio de Porsche ha llevado a cabo la restauración de este vehículo histórico.
Devolver a su condición original al Austro-Daimler ADS R Sascha, el ejemplar más antiguo del Museo Porsche, requirió un profundo estudio y trabajo de reconstrucción. El vehículo había formado parte de la exposición del museo durante muchos años antes de que comenzaran los trabajos de restauración. Una pequeña placa de latón en el tablero indicaba que el auto de carreras había sido restaurado por última vez en el taller de formación de Porsche en junio de 1975.
Antes del inicio de la restauración, Werner tuvo la oportunidad de visitar otro auto gemelo del Sascha, que se encuentra en Hamburgo, prácticamente en estado original y pintado de rojo. El ejemplar del Museo Porsche también fue rojo hasta 1975, momento en el que el personal del taller lo pintó de blanco. De vuelta a casa, Werner estudió detenidamente viejas notas en el archivo de la empresa. Aquí se guardan documentos importantes que son útiles como referencia histórica para cuando se trabaja en vehículos antiguos. Por ejemplo, Werner se enteró de que después de su carrera deportiva, el vehículo estuvo en una granja durante años y era buscado por entonces para usar sus piezas como recambio. Tras una prueba inicial de unos pocos metros, se vio que el motor tenía una fuga. “Según avanzábamos en el desmontaje, más evidente se hacía que necesitábamos una base adecuada. No se puede construir una casa sobre arena”, dice Werner, explicando la decisión de que el motor fuera revisado por un experto en la construcción de motores de preguerra. La clave aquí era entender qué modificaciones se habían hecho en décadas pasadas. “Revisar los cilindros y colocarlos en el block original fue una fase particularmente emocionante para todos”, continúa Werner.
El Sascha se adelantó a su tiempo cuando fue desarrollado hace más de cien años. Por ejemplo, el conductor accionaba mecánicamente los cuatro frenos de tambor tirando de un cable que, por supuesto, se reemplazó por otro nuevo durante la restauración. Las llantas se fijaban con una tuerca central y la palanca de la caja de cambios de cuatro velocidades estaba dentro del vehículo, dos innovaciones importantes para comienzos de la década de los años 20. El motor tenía camisas de cilindros de hierro, pistones de aleación ligera e incluso un sistema de lubricación por cárter seco. También presentaba doble encendido, una evolución técnica proveniente de las carreras. Había dos bujías por cilindro, y en caso de que una fallara, el motor podía seguir funcionando con todos los cilindros. Sin duda, en comparación con otros propulsores de competición de la época, este cuatro cilindros de Porsche con un diámetro más grande y una carrera más corta demostró ser el concepto más avanzado. El colector de escape tenía forma de embudo y estaba bien pensado: las salidas de escape de los cilindros centrales se unían en un único colector, igual que las de los extremos. Más abajo, ambas se fusionaban en un solo tubo para acelerar la velocidad de salida de los gases de escape.
Kuno Werner revela los planes del Museo Porsche para el Sascha: “Está listo para ser usado en muchos eventos”. Ciertamente, oportunidades no faltarán en el profuso calendario del departamento de Museo y Patrimonio de Porsche.
Fotos: Prensa Porsche
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