La victoria de Bugatti en Le Mans 1939

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Es una de las más difíciles y la más famosa carrera de resistencia del mundo: las 24 Horas de Le Mans en Francia. Es el lugar de nacimiento de las leyendas. El 18 de junio de 1939, exactamente 81 años atrás, dos franceses se coronaban sobre un auto del mismo origen: Jean-Pierre Wimille y Pierre Veyron lo hacían a bordo de una Bugatti Type 57 C “Tank”.

50 tripulaciones se inscribieron para aquella edición de 1939, divididas en 8 categorías diferentes, pero sólo 42 de ellas arrancaron la carrera. Ocho décadas atrás, las 24 Horas de Le Mans eran realmente una batalla entre los constructores de autos, a pesar de que la carrera no formaba por entonces parte de ningún campeonato. La competencia era tremenda. 25 de aquellos bólidos eran de origen francés, con marcas famosas como Delahaye, Delage, Simca y Talbot. En la línea de partida, llegados desde Alemania estaban Adler y BMW y de Gran Bretaña, Aston Martin, Lagonda, Morgan, Riley, HRG, MG, Singer, además de la italiana Alfa Romeo.

Bugatti fue a competir con el entusiasmo de siempre. El año previo, el constructor francés tuvo que abortar su participación debido a problemas técnicos. En 1939, en cambio, todo estaba funcionando con la Type 57. Bajo la carrocería aerodinámica del auto de carrera se escondía el chasis y la mecánica de un Type 57 C prácticamente igual al de producción, desarrollado por Jean Bugatti, el brillante ingeniero e hijo del fundador de la compañía, Ettore Bugatti. Añadiéndole un compresor, el motor de 8 cilindros y 3.3 litros de cilindrada, con doble árbol a la cabeza erogaba cerca de 200 caballos. Esto consentía velocidades en recta superiores a los 250 km/h en las largas rectas del circuito de la Sarthé. A partir de distintas evoluciones, Bugatti consiguió reducir el peso de la redondeada parte delantera. También habían sido optimizados el eje trasero, el cigüeñal y otros elementos.

Los ganadores no son necesariamente los conductores más rápidos, en cambio si lo fueron los más estratégicos a bordo de la máquina más confiable. Jean-Pierre Wimille conocía bien el circuito: dos años antes, el as francés había ganado, en su debut en Le Mans, a bordo de una Bugatti Type 57 Tank con un promedio de velocidad de 136 km/h. Se trataba también de la primera victoria para Bugatti. En 1939, participando en la “Categoría de los Reyes”, con motores que iban de los 2 hasta los 5 litros, y a pesar de ser el único auto de la marca, todo tenía buen potencial de cara a una nueva victoria.

Desde la largada las cosas fueron bien diferentes a lo esperado. El favorito para la victoria era el doble ganador de Le Mans, Raymond Sommer, a bordo de un nuevo Alfa Romeo 6C compartido con el Príncipe Bira. Lideró la competencia desde el comienzo y ampliaba vuelta a vuelta la brecha con sus perseguidores, incluyendo a Jean-Pierre Wimille. Pero el piloto oficial de Bugatti manejaba de manera excepcional, tomando las líneas de manera fluida en pos de preservar sus neumáticos y frenos. Hasta tarde en la noche, los autos son llevados a más y más velocidad. Sommer y Wimille peleaban con ahínco por el primer lugar y a ellos se sumaban Louis Gérard y Georges Monneret, pilotos de Delage. Pero su marcha no eludía los inconvenientes: en la mañana del domingo, un problema en el motor del Alfa los obligaba a detenerse en boxes.

Mientras, Pierre Veyron continuaba acelerando la Type 57 C Tank vuelta tras vuelta. El patriarca de la compañía presumiría luego que, durante la carrera, los mecánicos jamás tuvieron que abrir el capot, pues el motor de 8 cilindros era de lo más confiable.

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Con una extensión de 13,5 kilómetros por cada vuelta recorrida, Wimille y Veyron cubrieron 3.354 kilómetros, el equivalente a 248 vueltas, en 24 horas. Su auto consiguió un promedio de 139 km/h. El bólido que los escoltó (el Delage D6 3 litros) terminó tres vueltas detrás y el tercero, un Lagonda V12, completó nueve vueltas menos. De los 42 autos que largaron, apenas 20 consiguieron cruzar la línea de meta.

Ésta, su segunda victoria en las 24 Horas de Le Mans, resultó ser el último gran éxito de Bugatti en el automovilismo. Sólo dos meses después comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Bugatti debió interrumpir su producción poco tiempo después, evacuar las instalaciones y sólo pudo restablecer la producción con grandes dificultades después de la guerra. Las 24 Horas de Le Mans se volverían a correr recién una década después, en la edición del año 1949.

Fotos: Prensa Bugatti

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