Marlène Cotton, ella es la jefa

7/Mar/2022

La relación entre la marca francesa Citroën y la competición ha conocido fases alternativas: el fundador de la marca, André Gustave Citroën, no tomaba inicialmente en consideración las carreras de autos en cuanto sus vehículos eran «concebidos para el padre de familia y el viajero comprometido, por su solidez, estabilidad y seguridad».

André cambió de idea cuando su C6 bautizada «Rosalie», llevada a la pista por la marca de lubricantes Yacco, comenzó a romper récords del mundo de confiabilidad, velocidad y resistencia sobre el anillo del circuito francés de Montlhéry, algunos de los cuales (¡la mayor parte!) permanecen imbatidos hasta el día de hoy.

Era el inicio de la década de los años 30, pero el involucramiento de la marca en el mundo de la competición no fue oficializado hasta el inicio de la década de los años 60: la muerte de André Citroën primero, y la Segunda Guerra Mundial después, trasladaron el foco de las inversiones en renovar la gama y desarrollar autos que resultarían tan innovadores como revolucionarios, caso del 2 CV o el DS, que comprometieron completamente el negocio.

El giro hacia el automovilismo comenzó a tener lugar en 1959, cuando el DS19, lanzado cuatro años antes, empezó a demostrar imprevistas cualidades en el campo de la competición en categorías que invitaban a participar a autos estrictamente de serie.Una de las tantas escuderías francesas que alineaban a pilotos particulares (en la época, casi todos diletantes) era la «Écurie Paris», dirigida por René Cotton, quien en su momento había sido un piloto profesional, que se mantuvo en actividad desde los comienzos de la década de los años 50 hasta el año 1959, cuando consiguió finalizar en novena posición las 24 Horas de Le Mans. Dentro de la «Écurie Paris» corría un tal Paul Coltelloni que, siempre en 1959, manejando un Citroën ID 19 propiedad de su mujer ¡ganó el Rally de Montecarlo!

En cierto momento, los capos del «Double Chevron» se acercaron a René Cotton para ofrecerle organizar un verdadero equipo de carreras y fue así que la «Écurie Paris» se transformó en el departamento de competición de Citroën, pasando de una dimensión amateur a aquella usina de talento que fue la escudería oficial.

Al año siguiente, en Biarritz, en oportunidad de la premiación del «Tour de France Automobile» de 1960, René Cotton tuvo la chance de conocer a una joven y fascinante pilota, de pelo rubio y amante de las carreras y la velocidad. Fue el clásico flechazo instantáneo: René y Marlène se convirtieron en marido y mujer en menos de dos años, y en colaboradores de manera inmediata.«Esperábamos un ayudante y llegó un General». Eso decían los pilotos y los mecánicos de la escudería Citroën en 1971 cuando, René Cotton, por desgracia, en pocos meses, murió y Marlène, de manera natural, tomó el puesto de jefa de equipo. Fue una opción lógica, corajuda y perfectamente alineada con el estilo Citroën: se trataba de la primera mujer en dirigir el departamento de competición de un gran constructor. Respetada y amada por todos sus colaboradores, veían en ella la posibilidad de llevar adelante el proyecto y -¿porqué no?- y el sueño de quien había construido todo aquello, de quien a lo largo de más de una década fue capaz de rodearse de pilotos extraordinarios como Lucien Bianchi, Ogier, Waldegard, Trautmann, Gendebien, Toivonen y tantos otros que escribieron literalmente la historia del rally, incluso en los decenios sucesivos. Para no hablar de colaboradores como Guy Frequelin o Jean Todt, que recogieron el testimonio de Marlène en las décadas de los años 80 y 90.

La escudería de Marlène Cotton continuó conquistando éxitos sobre todos los terrenos, aún cuando a mitad de la década de los años 70 los reglamentos habían cambiado y los equipos comenzaron a inscribir bólidos construidos específicamente para la competición, que poco o nada tenían que ver con los autos de calle.Además, en 1975 la crisis económica y la fusión entre Citroën y Peugeot que dio vida al Grupo PSA bloquearon la actividad del equipo de competición de Citroën, mientras Marléne, infatigable, continuaba acompañando los grandes raids de masas de los bicilíndricos, como la «París-Persépolis» o el increíble «Raid del África» de 1973, además de actividades como la «Formule Bleue» o el «Pop Cross». El gran trabajo desarrollado por Marlène Cotton representó una contribución extremadamente importante para la Dirección de Comunicación de Citroën, gestionada en la época por Jacques Wolgensinger, para poner en valor a estos automóviles únicos en el mundo.

Un último e increíble éxito de Marlène Cotton llegaría en 1977, cuando consiguió presentar en la línea de partida del «Rally de Senegal» a cinco Citroën CX, inscribiendo uno para cada una de las categorías. Los cinco llegaron al final de la competencia… los cinco ocupando los primeros cinco puestos de la clasificación general y ganando cada una de las clases.

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