Museo Mercedes: cómo desafiar al viento y seguir luciendo bien

1/Abr/2020

¿Qué tienen en común los espejos retrovisores, los limpiaparabrisas y los emblemas de radiador? Son tres entre los «33 Extras», la muestra de exhibición permanente del Museo Mercedes-Benz de Stuttgart que acompaña al foco del visitante a detalles fascinantes de la historia de la movilidad y trae a la vida diferentes aspectos de la cultura del automóvil. Pero hay otro factor común: la historia de estas tres exhibiciones ha estado inspiradas por las mujeres, como también lo está la sección «Sombreros femeninos», otro de los «33 Extras».

El hecho de que las mujeres en elegantes prendas eran capaces de asumirse como conductoras a comienzos del siglo XX fue una importante contribución a la emancipación femenina en la vida cotidiana. Este camino fue cimentado por Bertha Benz, quien estaba activamente involucrada en la construcción de la gran invención de su marido, Carl Benz. Ella manejó aquel Patent Motor Car desde el día uno y en el verano europeo de 1888, completó el primer recorrido de larga distancia a bordo de un vehículo a motor. Manejando aquel triciclo, se tenía que proteger de los elementos. Dibujos de la época la muestran con un sombrero de ala ancha, que era sostenido en su lugar por un chal.A medida que se fueron incrementando las velocidades máximas alcanzadas por el automóvil, las protecciones de cabeza con extensiones fueron alcanzando sus límites: la estela inflaba ese tipo de prendas, que de repente elegían su propio camino. Pero las mujeres sabían como afrontarlo, mantenerse elegantes y, al mismo tiempo, definir nuevos estilos: a partir de las décadas de los años 20 y 30, los sombreros más ajustados, conocidos como sombreros cloche se volvieron accesorios obligados. Esos sombreros, combinados con un corte de pelo «Garçon», o corto a lo sumo, les permitieron a las mujeres modernas definir una impronta en la que se asumían seguras de sí mismas. Esta es la historia de los sombreros femeninos en la serie de exhibiciones «33 Extras» en el Museo Mercedes-Benz.

¿Y quién era el proveedor de este accesorio práctico y, a la vez, «fashion» para la cabeza, con esa apariencia tan perfecta? Existía por entonces una profesión específica para fabricar sombreros femeninos: la sombrerera o el sombrerero. En Alemania se la conocía como «Putzmacherin». No se iba y se compraba un sombrero así de sencillo; se requería el consejo de un profesional a toda regla en el diseño y los detalles, y luego usualmente el sombrero era hecho a medida.

Y a medida que los autos se producían cada vez en mayor número con carrocerías cerradas, los sombreros fueron perdiendo su funcionalidad. Los sombreros de hoy en día rara vez se usan en la vida diaria, pero hay ocasiones cuando tanto los hombres como las mujeres gustan de presentarse con accesorios para la cabeza adecuados. Por ejemplo, en los concursos de elegancia de autos clásicos.

Fotos: Prensa Daimler-Benz

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