New York-París 1908: la carrera más larga y loca de la historia

28/Ene/2022

Quien tiene alrededor de 45 o 50 y tantos años y le gustan los autos debe recordar la película «La Carrera del Siglo» (The Great Race, 1965), una fija de las repeticiones de fines de semana en los canales de aire durante la década de los años 70. Tony Curtis y Natalie Wood eran los jovencitos y Jack Lemmon, el villano. La comedia de Blake Edwards gustó tanto que inspiró el dibujo animado «Los Autos Locos».

La «Gran Carrera» existió en la vida real, pero, en lugar de parecer un pasatiempo, tuvo aspectos épicos. Como en la película, la disputa se dio de Nueva York a París. Patrocinado por el periódico «The New York Times», la prueba tuvo 13 inscriptos, pero apenas 6 autos se presentaron en la largada en Broadway, rodeados de una multitud, el 12 de febrero de 1908.

La idea inicial era que los autos cruzaran los Estados Unidos de Este a Oeste, subiesen hasta Alaska y atravesaran el estrecho de Bering para entrar en Rusia y de allí continuar hasta Francia. Era una idea demasiado loca para ser realidad. Al final, los participantes tuvieron que cruzar el Océano Pacífico en barco.Era invierno en el Hemisferio Norte. Los automóviles no tenían calefacción, capota ni tracción 4×4. A lo largo del recorrido, tampoco existían talleres, puestos de combustible ni caminos asfaltados (muchas veces incluso, los autos eran montados sobre los durmientes de las vías férreas).

Se trataba también de una disputa entre naciones: los EE.UU. tenían el Thomas Flyer, que luego conseguiría ventaja. Los alemanes participaban con un Protos y los italianos con un Züst. Había también tres automóviles franceses: un De Dion Bouton, un Motobloc y un Sizaire et Naudin, que fueron abandonando a lo largo de la prueba.

En Manchuria los participantes fueron atacados por ladrones. Peor les fue en Rusia: los autos se encajaban en la tundra y les llevaba días recorrer unos pocos kilómetros en el invierno siberiano. Las reparaciones requerían creatividad y el combustible llegaba por tren.El Protos, guiado por el teniente Hans Koeppen, fue el primero en llegar a París. Cuatro días después, el 30 de julio de 1908 llegó el Thomas Flyer, comandado por el heroico mecánico George Schuster. El último en llegar fue el Züst, en septiembre de ese año.

Al final, el Thomas Flyer fue declarado vencedor, ya que al Protos lo penalizaron con días adicionales en su tiempo final, pues había atravesado parte del Oeste americano sobre un tren. En apenas 169 días, el Flyer rodó 24.000 km por sus propios medios, además de la distancia recorrida en barco. Una proeza.

Los tres autos que consiguieron llegar a París, todavía existen. El Thomas Flyer está en el National Automobile Museum, en Reno, Estados Unidos. En 1986 volvió a tomar valor para completar una travesía de California a Nueva York.El Protos sobrevivió a las dos Guerras Mundiales y está en el Deutsches Museum, en Múnich, Alemania.

Del Züst italiano sobrevivió sólo el chasis, descubierto en 1980 en los Estados Unidos (donde el auto regresó después de terminar la competencia). El modelo, restaurado y con una nueva carrocería, pertenece actualmente a un coleccionista canadiense.

Fotos: Archivo O Globo y Biblioteca del Congreso de EE.UU.

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