
Otro atractivo de la «Monterey Car Week» de cada agosto (normal), son sus numerosos remates. Al menos dos de las casas que los organizan (Bonhams y RM Sothebys) decidieron, sin embargo, seguir adelante con sus propuestas, adaptadas a las reglamentaciones y los cuidados generados por el coronavirus.
RM Sothebys propone, por caso, su remate virtual «Shift Monterey», que unos días atrás abrió su ventana de ofertas por los 116 lotes que conforman esta subasta, con el mismo sistema utilizado para el remate que reportamos un tiempo atrás, donde se vendió el Lancia Delta S4, también un Peel P50 y un Fiat 8V no encontró candidato dispuestos pagar el valor mínimo exigido por su propietario.
El lote 122 de «Shift Monterey» es el que le corresponde a un BMW M1 Procar de 1980, que es ofrecido sin base, al que la casa subastadora estimó un precio de venta entre 600.000 y 800.000 dólares y que, a un día de cerrar las ofertas, ya superó ese mínimo de referencia.
El BMW M1 tiene un aura especial entre los entusiastas de los superdeportivos y los fanáticos de BMW, siendo el primero de la celebrada línea M de modelos, así como el primer superdeportivo de motor central de la marca bávara. El M1 nació debido la obsesión del jefe de la división BMW Motorsport, Jochen Neerpasch, por derrotar a Porsche, que durante la década de los años 70 venció, de manera casi sistemática, a las cupés de carreras con las que, de todas formas, BMW cosechó innumerables éxitos.
Se trataba del primer desarrollo específico de un motor por la ahora legendaria división M de la compañía; el nuevo M88 incorporaba cuatro válvulas por cilindro actuando a través de doble árbol de levas. El robusto propulsor generaba 273 caballos y estaba unido a una caja manual de cinco velocidades provista por ZF, que direccionaba la potencia a las ruedas traseras, administrada por un diferencial de deslizamiento limitado al 40 por ciento.
Era un triunfo de la forma y la función, pero el BMW M1 desafortunadamente nunca alcanzó los deseos de Neerspach, sólo por el hecho de que el reglamento del Grupo 5 cambió las normas de homologación. Los prototipos desarrollados en 1978, sin embargo fueron aprobados para su producción y así fueron homologados dentro del Grupo 4. Al final, se terminaron un total de 453 ejemplares.
BMW aprobó la construcción de 25 ejemplares específicos para esta nueva serie, que fue bautizada como Procar. Estos autos contaban con mejoras con respecto a los M1 «de serie», que incluían un motor con mayor desarrollo (llevando su potencia a 470 HP), así como modificaciones en la carrocería para alterar la aerodinámica a partir de los guardabarros ensanchados, un deflector delantero más profundo, y un alerón trasero de mayor tamaño. Cuando la producción del M1 llegó a su fin en 1981, fueron finalmente 54 los ejemplares de M1 Procar construidos. Hasta el día de hoy son la frutilla del postre del superdeportivo bávaro.
Mientras otras marcas tienen sus propios autos deportivos de carrera con halo, Ferrari con su F40 LM, el Mercedes-Benz CLK GTR y otros ejemplos como el GTR1 de Porsche, el M1 Procar también entra en la misma conversación con argumentos que lo convierten en un BMW con halo. Para empezar, su bello diseño de cuña, que incluso convocó al legendario artista Andy Warhol a dejar su huella en el más famoso de los Art Cars de BMW; o por su legendaria performance, probada en competición y admirada por todos. El M1 es la coronación de los logros de la marca, y uno que aún no se ha repetido. El M1 es un superdeportivo subestimado y en forma de Procar, puede ciertamente ser la máquina definitiva para ponerse detrás del volante y sus pedales.
Crevier regresó con el chasis 1195 a la acción de IMSA en la siguiente temporada, pero el M1 ya comenzaba a verse amenazado por la aparición de nuevos competidores, y luego de otros tres podios en siete carreras disputadas hasta el mes de mayo, se retiraron del campeonato. En 1983 le vendió el auto a Don Walker, de Dallas Motorsport, quien continuó corriendo con el M1 en el campeonato de IMSA GTO. En 1987, Walker le vendió el M1 al suizo Franco Sbarro, el ex mecánico de la Scuderia Filipinetti que había formado su propio emprendimiento para realizar modificaciones y diseñar y construir automóviles, llamado Atelier de Construction Automobile. Sbarro retuvo la propiedad del BMW durante 13 años, y luego, en el año 2000, lo adquirió un especialista de Ferrari y Alfa Romeo en Noruega.
En 2006, el M1 regresó a Suiza cuando fue comprado por Graber Sportgarage, la compañía heredera del carrocero de preguerra con el mismo apellido, que fue conocido especialmente por sus trabajos sobre chasis de Bentley, Bugatti y Alvis. Como lo ilustra la gran cantidad de facturas, Graber llevó adelante un exhaustivo proceso de restauración que llevó tres años de labor y actualizó todos los aspectos estéticos y mecánicos del auto.
FIA le otorgó el Pasaporte Técnico Histórico en 2017, permitiendo que #1195 pueda participar en citas europeas en Le Mans o en circuitos norteamericanos como Daytona o Sebring. Ideal para cualquier entusiasta de la marca o de las carreras de la época, este M1 Procar ofrece un continuo historial de emociones en pista a lo largo de su trayectoria, de una de las máquinas más veloces y celebradas construidas por la marca bávara.
Fotos: RM Sothebys

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