
Aunque la industria japonesa siguió rápidamente su ejemplo con algunos juguetes fabulosos, no ganaron el favor de los coleccionistas hasta mucho más tarde. Sin embargo, a mediados de la década de los años 60, sus días de gloria ya habían terminado. Las quejas de los grupos de protección del consumidor y de los padres preocupados comenzaron a acumularse por el riesgo de lesiones causadas por los bordes afilados de metal. A la niñez no le importó, porque los nuevos y elegantes modelos hechos de metal fundido a presión y plástico hacían que los autos de chapa litografiada parecieran viejos.
Quien eche la vista atrás a los inicios de su colección, seguramente recordará su primer auto a escala. En Alemania, puede que se tratara de un autito de la marca Matchbox, pero lo más habitual es que se tratase de un modelo fabricado por Sieper Kunststoffe (o SIKU).
En 1951, esta ingeniosa empresa de la región de Sauerland reconoció el enorme potencial de mercado de los autos a escala. Primero presentó un gran camión de bomberos, después autos de carreras de fantasía y un impresionante vehículo anfibio.
Sin embargo, a partir de 1954, la era de los modelos a escala costosos llegó a su fin. Los autos a escala 1:60, que la empresa sigue favoreciendo hasta el día de hoy, eran simplemente mucho más adecuados para la producción en serie.
El parecido con el vehículo original era muy fiel y con este modelo SIKU pudo demostrar su capacidad para dominar perfectamente el plástico, que era un material muy nuevo. El 356 se siente pesado en la mano. El interior está formado por una placa de metal de color ocre y el volante es diminuto. El accionamiento de fricción montado en la parte delantera, que zumba suavemente, hace que el modelo sea pesado, pero al mismo tiempo garantiza un aspecto robusto y de alta calidad. Una buena tracción está garantizada gracias a los neumáticos de goma sobre llantas de fundición a presión.
Pero lo que hace que el modelo SIKU sea tan único es su “mecánica”: el capot desmontable esconde un auténtico y funcional motor bóxer de cuatro cilindros. Aquí es donde la empresa Gescha vuelve a entrar en escena. A principios de la década de los años 30, la empresa de Nuremberg había patentado su «motor transparente». SIKU quedó tan encantada con el motor que negoció con Gescha una licencia para fabricar un motor bóxer desmontable con un diseño similar. Las infancias observaban asombradas cómo los pistones, accionados por una sofisticada serie de ruedas dentadas conectadas al eje trasero, pasaban por los cilindros del bloque motor transparente. De este modo, SIKU no sólo había añadido un impresionante modelo a su repertorio, sino también un juguete educativo. Se presentó en un embalaje sensacional que no sólo mostraba el Porsche en situaciones de conducción muy dinámicas, sino que también ilustraba el funcionamiento de la réplica extraíble del motor.
Lamentablemente, la producción de estos gigantes se interrumpió al cabo de unos meses y sólo unos pocos de los delicados modelos de plástico sobrevivieron al duro trabajo en los playrooms y en la calle. Por ello, entre los juguetes a escala del fabricante de Zuffenhausen, el Porsche «Blue Mauritius» es hoy extremadamente raro; los entusiastas venden ejemplares bien conservados en su embalaje original por sumas de cuatro cifras en dólares.
Texto y fotografías: Fabian Houchangnia
Nota publicada originalmente en la revista «Porsche Klassik 13».
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