
Han pasado 40 años y el legado del prototipo del Grupo C de Porsche no ha sido superado. En el circuito de Goodwood, en la costa sur de Inglaterra, se reunieron durante el fin de semana pasado, en que se celebró la Reunión de Socios o Goodwood Members Meeting, 21 ejemplares que abarcan 12 años de competición internacional, lo que subraya la escala y el alcance del extraordinario dominio de este automóvil, tanto en manos de pilotos oficiales como de clientes.
Mientras los autos se alineaban en la penumbra de una oscura tarde de abril, formando el patrón tradicional de una salida de Le Mans, los faros se encendían a intervalos, con haces paralelos de blanco y amarillo que atravesaban la parte interior de Goodwood. El carril de boxes se despejó y un expectante silencio se extendió por las abarrotadas tribunas. En ese momento era fácil olvidar que habían transcurrido 40 años de desarrollo de ingeniería y éxito en las carreras de Porsche. Lo mejor del Grupo C había regresado en todo su esplendor durante un fin de semana muy especial.
A los Porsche 956 y 962 ganadores de Le Mans, con su famosa decoración de Rothmans, se unió en la línea de salida el 962 C, recientemente restaurado, que llevó a Hans-Joachim Stuck a una victoria decisiva en la ADAC Supercup de 1987. Junto a ellos, había una ordenada colección de ejemplares de fábrica y de clientes, desde el 962 rojo brillante de Richard Lloyd Racing Cabin hasta el de Italya Sports con su característica carrocería rosa. No menos llamativo era el 956 de New-Man Joest Racing amarillo y negro que ganó Le Mans en 1985, ni el Skoal Bandit 956 B verde brillante, cuyo sistema Motronic de control del motor ayudó a Derek Bell a conseguir el título mundial de pilotos en 1986.
Durante los 20 minutos que siguieron, un apretado grupo del que para muchos sigue siendo el mejor auto de carreras de todos los tiempos, dio vueltas al circuito de 3,8 kilómetros a un ritmo casi de carrera, con las válvulas de descarga de los turbocompresores chillando y los motores alcanzando picos estridentes, mientras sus pilotos exploraban los límites de la potencia y la frenada, luchando con una dirección sin asistencia, embragues duros y cambios manuales exigentes.
El cielo rosado sobre el circuito se hizo más intenso y las luces de los autos atravesaron la incipiente oscuridad, uno al lado del otro a través de las desafiantes secciones de Fordwater y St Mary’s, deslizándose por la recta de Lavant antes de frenar con fuerza en Woodcote y la estrecha chicana que precede a la recta de meta. Por un momento fugaz, Goodwood podría haber sido Le Mans, Daytona o Sebring, y estas mismas máquinas podrían haber estado luchando por los títulos más codiciados de las carreras de resistencia. Pero aquellas vueltas se acabaron muy pronto y las imágenes más asombrosas quedaron en la memoria cuando los vehículos entraron en el paddock vacío y volvieron a quedarse en silencio.
La superioridad del 956 y el 962 no sólo quedó demostrada por sus primeros éxitos, también por el constante flujo de títulos que seguiría acumulando en todo el mundo durante los años siguientes. Ganó su última carrera en el Campeonato IMSA GTP en Road America en 1993, y su última victoria en Le Mans fue en 1994, homologado de nuevo como LMGT1. Su aparición en Goodwood, 40 años después de aquel increíble debut, sirvió para recordar una época sin precedentes para Porsche y una edad de oro para las carreras de resistencia con prototipos.
Fotos: Prensa Porsche
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22 ejemplares de uno de los mejores autos de competiciòn de la historia, y entre ellos 3 ejemplares ganadores de la 24 hs de LeMans…
un rejunte asi se puede hacer solo en Goodwood…