Los 90 años del Alfa Romeo 8C

16/Dic/2021

Pocas veces 8 cilindros en línea han dado tanto que hablar. Fueron situados en esta disposición por el ingeniero de origen húngaro Vittorio Jano en el motor de una nueva generación de automóviles de carrera, destinados a ampliar el palmarés de Alfa Romeo durante la década de los años 30. De esta hazaña técnica, fruto de la mente de uno de los mayores proyectistas técnicos del siglo XX, surgió el nombre 8C, con el que se bautizó, entre 1931 y 1939, a los automóviles de carrera, deportivos y de alta gama propulsados por este hito de la tecnología de su época. Jano, vale recordarlo, era el artífice de un vehículo tan exitoso como el Alfa Romeo P2, vencedor del primer Campeonato Mundial de Marcas, en 1925.

Pensado inicialmente como un motor destinado a la competición, el 8C de Alfa Romeo pronto empezó a despertar interés entre los “alfistas” de la época, por lo que la marca empezó a vender chasis a particulares en otoño de 1931. Se comercializaban en dos tamaños, “Lungo” y “Corto”, que eran vestidos, siguiendo los gustos y caprichos de cada cliente, por los carroceros más reputados de la época, como Zagato, Carrozzeria Touring, Carrozzeria Castagna, Pininfarina o Brianza. Entre sus propietarios figuraban aristócratas, como Maud Thyssen, empresarios de éxito, como Andrea Piaggio, o las estrellas del motor que llevaron las versiones de carrera a la victoria, como Raymond Sommer o Tazio Nuvolari.

El Alfa Romeo 8C 2300 tuvo su bautismo de fuego deportivo en la Mille Miglia de 1932 y el resultado no pudo ser mejor: dos unidades de este modelo, manejadas respectivamente por Mario Umberto Borzacchini y Carlo Felice Trossi, ocuparon las dos primeras posiciones tras recorrer 1.639 exigentes kilómetros estableciendo, además, un récord de velocidad media de 109,88 Km/h. Completó el podio otro Alfa Romeo, un 6C 1750 GS Testa Fissa Spider Zagato, con Luigi Scarfotti al volante. Fue el inicio de una era de dominio absoluto de este modelo en la prestigiosa prueba italiana. Diversas versiones del 8C se fueron sucediendo en el palmarés de la Mille Miglia hasta la edición de 1938, la última que se disputó antes de la Segunda Guerra Mundial (BMW ganó en la edición especial celebrada en 1940). Un reinado comparable al que estableció en la Targa Florio, la durísima carrera siciliana en la que se impuso Tazio Nuvolari en 1931 y en la que repetiría triunfo el año siguiente. El 8C continuaría su racha en esta carrera en 1933, 1934 y 1935.Más allá de las carreteras, el Alfa Romeo 8C 2300 también ganó fama en los circuitos. Campari-Nuvolari y Minoia‑Borzacchini lograron un histórico doblete en el Gran Premio de Italia de 1931, disputado en Monza. Esta victoria daría nombre a la versión Spider biplaza de este modelo, el Alfa Romeo 8C 2300 Monza en una estrategia de marketing similar a la que se siguió con el 8C 2300 más deportivo, bautizado como “Le Mans”, en honor a cuatro años de triunfos ininterrumpidos en la prueba de resistencia más famosa del mundo, conseguidos entre las ediciones de 1931 y 1934. El motor 8C marcaría un hito en 1933 al propulsar el Alfa Romeo P3 Monoposto Tipo B, uno de los primeros monoplazas en competir en los Grand Prix y que se convertiría en el germen de la Scuderia Ferrari.

La consagración del Alfa Romeo 8C llegaría a mediados de la década de los años 30 con el desarrollo de versiones cada vez más potentes, como la Bimotore, que desarrollaba una potencia de 540 CV gracias al trabajo conjunto de dos motores de 3.2 L situados a ambos lados del automóvil. Un auténtico monstruo que demostró sus cualidades en los 95 Km de la Florencia‑Livorno de 1935, en la que Tazio Nuvolari rompió todas las marcas al alcanzar los 364 Km/h y cubrir el trayecto entre esas dos ciudades italianas a una velocidad media de 327 Km/h. Una proeza que quedaría eclipsada por otra lograda el mismo año en el Gran Premio de Alemania con el Alfa Romeo Tipo B. El “Infierno Verde” de Nürburgring fue el escenario de la “Victoria Imposible”, en la que “Il Mantovano Volante” humilló a un plantel estelar de “Flechas Plateadas” en su propia casa con una remontada épica y un ritmo vertiginoso, imponiéndose al Mercedes de Manfred von Brauchitsch en la última vuelta. Un triunfo que hizo entrar a Nuvolari y su Alfa Romeo en la leyenda del automovilismo.

La sigla 8C tendría su continuidad en el siglo XXI con el mejor de sus homenajes: el Alfa Romeo 8C Competizione, un auténtico superdeportivo que recuperaba la ligereza y la propulsión trasera que caracterizaron a su legendario antecesor de los años 30 para ofrecer 450 CV y una aceleración de 0 a 100 Km/h en 4,2 s. Se comercializaron dos versiones, ambas de 500 unidades numeradas: una Coupé entre 2007 y 2009, a la que tomaría el relevo un Spider entre 2008 y 2010.

Fotos: Prensa Alfa Romeo y RM SothebysVadeRetro recomienda las siguientes notas relacionadas:

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3 Comentarios

  1. Una 8C 2300 del 33 era la que había traído Adolfo Schwelm Cruz, que llegó junto al Bugatti Type 51 de Bitito Mieres. Creo recordar de alguna vieja Corsa la historia del rescate de este Alfa, y de como fueron juntando las distintas partes del auto. Luego lo cambian (Ernesto Dillon) por una Alfa Romeo TZ con (aparentemente) pasado en Autodelta.

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    • Todo bien explicado en el excelente libro Alfa Romeo en Argentina de ya sabemos quien…

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  2. La única palabra para describirlo: ESPECTACULAR !!!!

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