
Algo más de medio siglo atrás, era un experto en la rural Skoda Octavia, que para entonces ya llevaba más de una década saliendo de la línea de producción checa. Como cabeza del control técnico en los talleres de soldadura conocía cada tuerca y tornillo del auto, por lo cual la empresa le propuso hacerse cargo del ensamblado al otro lado del mundo, en el norte de Chile. Evaluó esa oferta y, dos meses después, tomó un avión para enseñarles a los empleados locales como se armaba un auto. Prácticamente toda la fuerza laboral en la planta de Arica era de descendencia indígena, con habilidades desarrolladas históricamente en tareas bien diferentes a la de construir automóviles.
En la década de los años 60, la rural Octavia era el sueño para les jefes de familia en Checoslovaquia, en especial para aquelles que tenían alguna propiedad en zonas rurales. Aunque se trataba de un modelo de sólo tres puertas, tenía una carrocería familiar que era muy deseada ya que en sus cuatro metros de largo ofrecía un sorprendente espacio de carga. Además, era rústica, con un chasis que podría ser descripto como el de un todo terreno para los estándares actuales. Alrededor de 54.000 ejemplares se construyeron entre 1961 y 1971.
Con su motor ubicado en el frente, la tracción posterior y un chasis tipo escalera, era un auto tan simple como robusto. Con una bolsa de cemento para sumar peso en el eje trasero y valientes al volante, el Octavia era capaz de animarse a los caminos más embarrados. Esa era una de las razones por las que se convirtió en un automóvil con buena demanda en los mercados de exportación: las rurales fueron, por ejemplo, utilizadas por la policía de Islandia dadas las condiciones viales del país en la época, y también fueron exportados en buen número a Dinamarca, Noruega y también Australia. Y además fueron armados bajo licencia, con diferentes carrocerías montadas sobre el chasis. El Octavia fue despachado en partes para ser ensamblado en Islandia, Pakistán, Indonesia y Turquía. La rural Octavia era ofrecida en variantes para pasajeros o para carga.
Entre 300 y 400 rurales Octavia fueron armadas allí a lo largo de dos años. El ensamblado era llevado adelante con condiciones muy básicas y casi por completo realizado a mano. Y era Bohuslav Čtvrtečka quien supervisaba el proceso en el lugar.
Bohuslav tenía en ese momento 28 años de edad y era empleado de la planta de Kvasiny. Aparentemente no lo pensó demasiado, y a pesar de no hablar una palabra de español, se lanzó hacia la aventura andina. «Antes de viajar hacia Chile a comienzos de 1970, los Skoda ya se ensamblaban allí. Pero cuando llegué, vi una vieja pick up 1201 en las calles», cuenta, repasando la casi olvidada historia de la producción de autos Skoda en el extranjero. En Kvasiny, una carrocería pintada con el interior tapizado era colocado en una caja para transporte, con dos chasis acomodados en otra caja. Todo lo que quedaba por hacer en Chile era prácticamente abulonar y atornillar para unir las dos partes.
A pesar de eso, se ensamblaban apenas un par de unidades por día. Tres autos en una jornada fue el pico productivo. Eso se debía a que las empresas sólo tomaban habitantes locales, de Arica y las poblaciones vecinas del puerto del extremo norte chileno, lo que significaba que el personal era de poblaciones originarias más acostumbradas a trabajar la tierra o comerciar esos bienes.
Pero eso tenía sus escollos. No había prensa para estampar, por ejemplo, ni tampoco mecánicos calificados. «Llegó la orden de que estábamos obligados a estampar algunas partes. Así que nos tuvimos que arreglar con lo que teníamos a mano: en la fábrica había un tablero sobre gatos hidráulicos y en ese tablero poníamos una especie de horma de madera y seis hombres comenzaban a bombear los gatos. Llevaba un buen tiempo, pero al final conseguimos elaborar las formas de cada parte», relata, sonriendo por los recuerdos.
«No puedo imaginar haciendo las cosas de esa manera hoy en día. Actualmente la máxima tolerancia para algunas partes es de 0,2 milímetros, pero por entonces en Arica pasábamos por arriba diferencias de milímetros», completa.
Por otra parte, se apoyaban en las habilidades locales para conseguir ajustar todo el ensamble final, ya que numerosas partes simplemente no coincidían con las expectativas originales. «Recuerdo a un herrero, por ejemplo, que anteriormente se dedicaba a herrar caballos. No sabía nada de automóviles, pero era increíble lo que era capaz de hacer con sus manos. Podía hacer milagros con las herramientas más básicas. Le daba instrucciones a los demás: uno sostenía el tubo de gas, otro empuñaba el martillo, y en un ratito no podías diferenciar a la pieza original con la que el había elaborado en las condiciones más precarias».
El ensamblado de Octavia rural en Chile culminó, al igual que en la planta de Checoslovaquia, en el año 1971. En los años sucesivos, los cambios en las decisiones políticas harían que no se ensamblaran más automóviles Skoda en Chile.
Fotos: Prensa Skoda





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¿Cuántas quedaran hoy andando? Si hubiese sido en Uruguay seguro muchas. Excelente nota, desconocida al menos para mí.