Bugatti y su lustro dominando la Targa Florio

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Las leyendas nacen en la pista. La Targa Florio, en Sicilia, fue considerada la más dura, prestigiosa y peligrosa de las carreras de larga distancia a nivel mundial durante muchos años. El emprendedor Vincenzo Florio organizó su propia carrera a través de caminos, muchos de ellos atravesando extensiones propiedad del clan familiar, en la región de Madonie. Entre 1906 y 1977, autos sport y de competición rivalizaron por un título en carreras de convocatoria internacional, algunas de las cuales tuvieron, incluso, status de fechas del Campeonato Mundial de Autos Sport. Los ganadores de esta carrera podían con orgullo publicitar sus triunfos. Por esta razón, los fabricantes de autos deportivos más importantes del mundo enviaban sus vehículos a Sicilia.

Entre 1925 y 1929, Bugatti dominó la competencia con la Type 35. Después de todo, la carrera era de todo menos fácil: inicialmente una vuelta al “Piccolo circuito delle Madonie” eran alrededor de 148 kilómetros, pero a partir de 1919 los organizadores decidieron recortar la distancia de cada vuelta a unos aún considerables 108 kilómetros. Sólo un selecto número de pilotos eran capaces de memorizar el recorrido antihorario completo con alrededor de 1.400 curvas y desafíos. Cinco vueltas cubrían una distancia de 540 kilómetros y significaban más de 7.000 curvas que los conductores debían superar, sobre caminos de montaña, abiertos al público el resto del año. El desafiante recorrido llevaba a los conductores a través de tramos con muchos saltos, otros de piso de tierra y en muchos casos los conductores tenían que ser rapidísimos de reflejos para poder esquivar animales domésticos que cruzaban por sus huellas habituales. No era nada parecido al asfalto “esterilizado” de las pistas de F1 de hoy en día. Los equipos podían recargar combustible en sus máquinas y cambiar neumáticos en cualquier punto del circuito, mientras que la posibilidad de intercambio del auto con un piloto substituto sólo podía realizarse frente a los ojos de las autoridades de la carrera, al finalizar cada vuelta.

Las ventajas de las Bugatti Type 35 eran su potencia, ligereza, agilidad y confiabilidad. Todas las soluciones pensadas por Bugatti para alivianar peso, llevaron a que el conjunto estuviera alrededor de los 750 kilos. En consecuencia, las ruedas, el block y la carcaza de transmisión ya estaban construidos en aluminio 90 años atrás. El eje delantero forjado y pulido ofrecía un mejor agarre, y contaba con su núcleo hueco, lo que recortaba más el peso.

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Ettore Bugatti envió su novedoso auto de Grand Prix, la Type 35, – que había debutado en el GP de Francia de 1924, disputado en Lyon-, a Sicilia para ser evaluada bajo las condiciones más extremas, pero también para que el público tomara conocimiento de ella: el as de la aviación italiana Bartolomeo “Meo” Costantini y los dos hermanos hispano-franceses de Vizcaya estaban al volante de las Bugatti en aquella edición de 1925. Su misión: intentar coronar como ganadora a la Type 35 en su primer intento.

A lo largo del primer tercio de carrera los Peugeot llevaban la delantera. Sin embargo, la constancia y la paciencia son cruciales en las carreras de larga duración. Luego de que el entonces líder Christian Dauvergne sufriera un accidente, su compañero Louis Wagner paró a socorrerlo. En los restantes dos tercios de carrera, Meo Costantini aceleró hacia la primera victoria de Bugatti en la “Targa”, a un promedio de 71,6 km/h, mientras el noble Pierre de Vizcaya, hijo del banquero de “Le Patrón”, aseguró el “uno-dos” con una vuelta perfecta.

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Ettore Bugatti creó una Type 35 especial para la carrera de 1926: la 35T. La letra T en la designación del modelo hacía obvia alusión a Targa. No había instalado un compresor en la 35T ya que consideraba que era competencia desleal, manteniéndose fiel al par de carburadores Zenith. Sólo cambió su parecer tiempo más tarde, creando la 35TC con compresor, un modelo más conocido como 35B. Meo Costantini se impuso una vez más en la Targa sobre la 35T, sin compresor pero llevada a 2.3 litros, esta vez superando a sus coequipers Ferdinando Minoia y Jules Goux. Una vez más, las Bugatti terminaban copando el podio, con Costantini llevándose los honores de la Coppa Florio.

El equipo Bugatti celebró lo que sería su victoria más cómoda en la Targa Florio, en la edición de 1927. La tercera victoria en igual número de intentos para la Type 35 ya de por sí significaba un gran éxito. Sin embargo, Ettore Bugatti se sentía más orgulloso de esa victoria en particular, ya que sus rivales de marca nunca tuvieron chance de disputarle el liderazgo. El piloto italiano Emilio Materassi consiguió completar el recorrido en siete horas y media, a un promedio cercano a los 71 km/h, distanciándose 20 minutos de Ernesto Maserati, que concluyó en el tercer puesto. Comelli, también sobre una Bugatti, se coló entre la Type 35 de Materassi y la Maserati, cerrando un nuevo “uno-dos” para la marca francesa.

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A esas alturas, Elizabeth Junek se había hecho un nombre en Checoslovaquia, en los cuatro años previos a la edición 1928 de la Targa Florio. Se trasladó hacia Sicilia con el antecedente de una vitrina repleta de trofeos por sus victorias generales, triunfos de clase en distintas categorías, así como los obtenidos por récords de vuelta, y con la intención, a partir de su participación en la Targa Florio, de elevar su fama a niveles globales. Ya había tomado parte en la edición de 1927 de la carrera, pero había tenido que desertar superado el ecuador de la competencia debido a una falla en el sistema de dirección.

En 1928, se presentó en la grilla de partida dispuesta a darle batalla a los conductores de elite a bordo de su Bugatti Type 35B, es decir con compresor. Realizando arriesgadas maniobras, atacó corajudamente a sus rivales y desafió a otros competidores, tanto sobre las Bugatti como a Giuseppe Campari y su Alfa Romeo. Luego de cuatro o cinco vueltas, Campari pasaría al frente y Junek ya no podría proponerle oposición, porque la bomba de agua de su auto comenzó a perder líquido y se vio obligada a bajar el ritmo. Sin embargo, consiguió llegar al final y en quinta posición, lo que fue celebrado como una victoria, debido a los escasos antecedentes de participaciones femeninas tan competitivas. Puede que Campari haya ganado el duelo contra Junek, pero no fue lo suficientemente rápido como para ganarle la competencia al piloto francés Albert Divo, quién cruzó la línea de meta sobre su Bugatti en un tiempo menor al conseguido por el Alfa Romeo.

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El equipo Bugatti se preparó para la competencia de Sicilia del año 1929 unas semanas antes de la fecha de la carrera, permitiéndole a los pilotos familiarizarse con el dibujo. Bugatti estableció su campamento base en un punto favorable para la estrategia, en el pueblo de montaña de Polizzi, desde donde se podía acceder en forma veloz a cualquiera de los puntos del recorrido en caso de emergencia.

8 de los 29 inscriptos confiaron en modelos Bugatti en 1929, incluyendo a Ferdinando Minoia y Albert Divo. Ambos pilotos dominaron la carrera desde la largada frente a la estación de tren de Cerda, a través del angosto camino en dirección al pueblo de Caltavuturo, y continuaron al frente enfrentando la sinuosa y desafiante vía camino a Madonie y Polizzi para alcanzar una altura de 900 metros sobre el nivel del mar en Collesano, bajando luego a Campofelice. Desde allí los competidores regresaban a la estación de tren de Cerda recorriendo un camino costero donde se hacían promedios de velocidad más elevados. Era un enorme desafío para máquinas y hombres.

Gracias a unos campanas más grandes, los pilotos eran capaces de frenar más cerca de las curvas y por ende, seguir acelerando durante tramos más extensos. El motor de ocho cilindros con compresor permitía velocidades superiores a los 200 km/h en las escasas partes rectas del circuito.

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Los vehículos iniciaban la competencia con intervalos de tres minutos: Ferdinando Minoia voló alrededor del circuito con una velocidad promedio récord de 75.98 km/h cruzando la recta de meta por primera vez luego de una hora y 245 minutos, mientras Divo lo seguía alrededor de un minuto atrás en la cuarta posición. Divo pudo superar a dos rivales en la segunda vuelta aunque la distancia con respecto a Minoia aumentaba a un minuto y medio. Sin embargo, ya en la tercera vuelta, recortó la distancia a 44 segundos para pasar al frente sobre su compañero de equipo en la cuarta vuelta, en la que conseguía distanciarse por 39 segundos.

La carrera se volvía cosa de unos pocos por la exigencia, y en la anteúltima vuelta apenas siete pilotos seguían en competencia, cuatro sobre Bugatti, dos sobre Alfa Romeo y una Maserati. Para la quinta y última vuelta Divo iba confortablemente hacia la victoria, ya que su escolta Minoia, pinchaba un neumático. Luego de 7:15:41 horas, Alberto Divo cruzaba la línea de meta, bajando el tiempo que había conseguido en la temporada anterior por 30 minutos, con una velocidad promedio de 74.4 km/h. Un ritmo sensacional un día domingo hace más de 90 años. Al cruzar la meta en aquella oportunidad estaba consiguiendo un nuevo récord: el equipo de fábrica Bugatti ganaba cinco títulos de manera consecutiva, algo que nunca antes alguien había conseguido en la Targa Florio.

Fotos: Prensa Bugatti

1 Comentario, RSS

  1. RENE MONROY @

    EXCELENTE DOCUMENTO

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