El surrealista mundo Porsche de Chris Labrooy

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En un antiguo galpón reformado con esmero y con vistas a la zona rural de Aberdeenshire, en Escocia, Chris Labrooy trata de resumir cómo se gana la vida. “Es realmente difícil describir lo que hago”, dice el escocés de 40 años. “Me levanto por la mañana y hago fotos. Es un estilo de vida que me da mucha libertad para perseguir diferentes ideas. Me autodefino como un creador de imágenes digitales que trabaja en el punto exacto donde el arte y el diseño se entrecruzan. ¿Suena poco precisa esta idea?”.

Es difícil encasillar a Labrooy porque su trabajo no tiene precedentes. Después de haber estudiado Diseño de Producto en el Royal College of Art, una vez graduado fue interesándose cada vez más por el ámbito digital, combinando el conocimiento y la comprensión de los objetos reales con una creciente fascinación por lo surrealista.

“Hice la transición al mundo digital después de ver el gran avance tecnológico que estaba experimentando”, explica Labrooy. “Pasé de hacer objetos físicos tangibles a crear imágenes fotorrealistas. Lo que logré en el mundo digital fue capturar esos objetos y representarlos de manera realista. Y me di cuenta de que, con todas las nuevas herramientas digitales que tenía a mi alcance, no había límites. Podría crear cualquier entorno y colocar cualquier objeto en ese contexto”.

Algunos trabajos de Labrooy resultarán familiares a muchas fanáticas y fanáticos de Porsche. Se trata de paisajes desérticos de ensueño en los que integra 911 clásicos. Palm Springs es una de sus fuentes de inspiración favoritas, al igual que la arquitectura de mediados del siglo XX. Pero su tarjeta de presentación es inesperada y, en ocasiones, muy peculiar. “Me gusta yuxtaponer diferentes elementos y siempre busco esos momentos de felicidad. Elementos como una piscina o un flamenco inflable realmente simbolizan la felicidad para mí, así que siempre procuro que haya esa clase de objetos en mis imágenes y animaciones”.

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El intenso calor, la sequedad y el color vivo presentes en el trabajo de Labrooy nada tienen que ver con el ambiente a menudo frío y duro de su hogar en la remota Escocia. Tanto es así, que parece que la esfera digital actúa como una forma de escapismo. Admite que el contraste es esencial y que si no hubiera vuelto a casa después de un tiempo viviendo en California, todo esto no estaría tan presente hoy en su obra. Pero, ¿cómo encajan los autos en este peculiar escenario creado por el artista? Un Porsche refrigerado por aire, a simple vista parece una musa extraña para un artista cuyo trabajo es a la vez tan moderno y sobrenatural.

“Siempre me han gustado los autos, desde que era un niño”, dice Labrooy. “Jugaba con ellos, luego los dibujaba y luego los conducía en videojuegos. Más adelante, en mi etapa de juventud, me empezó a fascinar el diseño de automóviles. Recuerdo haber visto un episodio de Top Gear en el que fueron al Royal College of Art y, en ese mismo momento, les dije a mis amigos que ese era mi destino. Ahí fue cuando supe que quería estudiar Diseño aplicado al mundo del automóvil”.

Pero cuando empezó sus estudios, se inclinó hacia la pintura y la escultura, y los autos cayeron en el olvido durante un tiempo. Sin embargo, su enfoque, cada vez más dirigido hacia el diseño del producto, solo podía significar una cosa: el regreso inevitable al automóvil. “De todos los productos de consumo, los automóviles representan el último objeto de deseo. Son elementos complejos, con identidades únicas y muy específicas”, dice el artista.

Su obra de carácter inusual interesó a grandes marcas internacionales como British Airways, Nike y Apple. Fue a partir de ese momento cuando Labrooy finalmente pudo satisfacer su pasión por la movilidad en automóvil, y no sólo en el mundo del arte sino también en el real al adquirir un Porsche Cayman de la generación 981 con transmisión PDK. “Manejé este vehículo durante dos años”, recuerda. “Pero quería más y al final terminé comprando un 981 GT4”.

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Tener un Porsche en su garaje se convertiría en una gran influencia para el trabajo de Labrooy. “Cuando empecé a usar vehículos de la marca me volví más consciente de la importancia de Porsche, y sentí mucha curiosidad por el 911. Su forma suave y redondeada, y su capacidad para combinar deportividad y practicidad, me cautivaron. El nueveonce tiene una personalidad única, casi excéntrica. Cuando estoy creando mis imágenes, los autos son como actores en cierto modo, y el 911 es como una estrella de Hollywood de primer nivel, con toda su profundidad y versatilidad”.

Hoy, Labrooy es el orgulloso propietario de un 718 Cayman GTS 4.0, cuyo intenso color rojo Guards contrasta contra los verdes profundos y marrones terrosos de Aberdeenshire en otoño. “Es el vehículo perfecto para mi estilo de vida”, dice. “Como trabajo desde casa, no tengo que desplazarme, por lo que la mayor parte de mi conducción es por puro placer y el Cayman es ideal para eso. Estoy rodeado de rutas increíbles en las que puedo disfrutar de su conducción; por otra parte, su diseño de líneas compactas se adapta al entorno a la perfección”.

Así que el GTS se ha convertido en otro sueño vívido y visceral para Labrooy, no muy diferente del mundo digital en el que se encuentra inmerso durante su jornada laboral. “A menudo me levanto muy temprano los fines de semana, alrededor de las 05:45, y simplemente salgo a dar una vuelta cuando todo está tranquilo”, dice. “El Cayman es una experiencia estética increíble que, además, proporciona grandes sensaciones al volante. Y luego está el sonido, por supuesto. ¿A quién no le vuelve loco el sonido de un seis cilindros bóxer?”.

Fotos: Prensa Porsche

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1 Comentario, RSS

  1. Adolfo @

    Excelentes trabajos digitales.

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