Tanques llenos: la ex Pemex de Pátzcuaro

Diego Speratti
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Ya que estamos por México, añorada tierra donde viví un lustro, en algún momento se me cruzó la idea de comprarme un Tipo 181 en mi estancia allí, con el que deseaba hacer un viaje entre el Distrito Federal y Buenos Aires.

No hubo finalmente VW Safari, pero si un “Vocho”, que me lo ofreció la mujer de mi jefe en la Editorial Motorpress-Televisa. Lo vendía porque ya por entonces estaba enamorada del Escarabajo “Última Edición” 0 km que acababa de comprar. Era uno de los pintados en celeste (también los hubo beige) que con los años terminó viajando en navío a la casa familiar en su Madrid natal.

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El “Vocho” que pasó a estas manos estaba muy sano (algún arrimón en el paragolpes delanteros y raspones en algún guardabarros) y con muy pocos kilómetros, todavía olía a nuevo, y enseguida nos pusimos a hacer viajes para conocernos. Recuerdo algunas escapadas de fin de semana por Malinalco, Tepoztlán, Zempoala y una ida a Taxco “por la libre”. Y aquella “luna de miel” al Estado de Michoacán vía Valle de Bravo y la “Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca”, con paso posterior por Zitácuaro, Morelia, Tzintzuntzan y finalmente Pátzcuaro, en las ancestrales tierras tarascas o purépechas, zonas de impactante tradición del “Día de Muertos” que tantos niños y adultos han conocido a través de la película “Coco”, de Disney.

En Pátzcuaro, la máquina pedía un poco de alimento, y cuando me lo contó con su lenguaje de señas y agujas, enseguida encontramos una vieja estación Pemex (Petróleos Mexicanos) donde detenernos. Resulta que hacía tiempo había dejado de funcionar como tal, pero el bizarro cuadro merecía ser fotografiado. Bajo su impronta de arquitectura neocolonial local (¡esas maravillosas columnas y frisos!), la vieja estación ahora alojaba un local de tatuajes y piercings y la “Estética Richie” (lástima que estaba cerrada…), que también, estéticamente, recicló los viejos surtidores convirtiéndolos en maceteros y los llenó de plantas, en un involuntario mensaje ecologista. Eso sucedió al menos hasta el año 2005.

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Poco tiempo después, una noche fui en el “Vocho” a un bar de la Colonia Roma (la de la película), lo estacioné en la puerta y cuando salí ya no estaba. Por aquellos años todavía había muchos taxis “Vocho” circulando en el DF, y los robaban mucho para venderlos por repuestos. El trauma de salir a la calle, ver pasar taxis y pensar que allí iba alguna parte de mi “Vocho” colorado me duró años…

Nuestro correo info@vaderetro.com.ar espera cualquier historia y fotografías de antiguas estaciones de servicio o viejos garajes que ustedes quieran compartir.

Fotos: Diego Speratti

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