
Como ocurre con tantas historias de pasión y deseo, los orígenes de esta se sitúan en el pasado. El abuelo de Sonja Schäffer corría en Nürburgring. Ya de niña, en el seno de una familia de artistas, soñaba con los deportivos Porsche. «El diseño siempre me ha parecido atractivo. En nuestra familia, el diseño ha sido muy importante y la calidad percibida de Porsche es sencillamente increíble», dijo. «Sabía que algún día conduciría uno». Pero no sería pronto.
“Aparte de nuestra vida familiar, la ampliación de nuestro apartamento sobre nuestras oficinas era un proyecto que nos mantuvo ocupados por mucho tiempo”, explica. En 2009, la pareja mudó su vida personal y también la profesional a un edificio abandonado en el viejo complejo industrial de Bad Cannstatt, un suburbio de Stuttgart. Esta historia, también es una de buscar y encontrar. “Siempre discutíamos, por largo tiempo y profundamente: ¿Cuáles son nuestras necesidades?”, confiesa Sonja Schäffer. “No queríamos seguir conceptos de moda, y al final llegamos a lo que necesitábamos y queríamos. Para hacer eso, tuvimos que darnos una idea de lo que realmente buscábamos». El resultado es una casa única, donde te sientes contenido aún a pesar de su impacto creativo. Y les llevó inexorablemente a la búsqueda del auto correcto. ¿Y porqué un Porsche 944 Turbo S?
«Me gusta su aspecto discreto», aseguró Wolfram, estableciendo un paralelismo con el diseño de sus espacios de residencia y de trabajo. Al igual que las antiguas instalaciones industriales del vibrante barrio de Glockenstrasse, la funcionalidad de este auto es para él toda una declaración. «Parece bastante pequeño para los estándares actuales, pero está lleno de energía. Puede hacer mucho más de lo que se ve a primera vista», dijo. «Eso me gusta. Y, por supuesto, está muy bien diseñado».
Y adentro, el 944 Turbo S, construido en 1988 y el último ejemplar de su especie, tiene mucho para ofrecer. Uno de una serie especial del 944 Turbo que estuvo limitada a 1.635 ejemplares, este auto está equipado con diversos implementos tomados de las exitosas variantes de competición del modelo. Un turbo de mayor volumen llevaba la potencia a 250 caballos de fábrica. Este modelo especial incluye el pack M030 como equipo estándar, que ofrece una suspensión con “coil overs” Koni de altura regulable, entre otros desarrollos. También dispone de diferencial de deslizamiento limitado y un sistema anti bloqueo de frenos. Los frenos, por otra parte, los heredaba de los desarrollados para el Porsche 928 S4 y la caja está complementada por un enfriador de aceite externo.
Ambos coinciden en que la elección de la pintura en combinación con el interior fue casi inconsciente. «También aquí queríamos ser sencillos y sin complicaciones», comentó él. «El blanco y el rojo Burdeos son clásicos y, en nuestra opinión, subrayan la condición atemporal de este auto». Solo tras un tiempo se dieron cuenta de que eligieron una combinación de colores en perfecta armonía con su oficina y su apartamento: un blanco dominante en la oficina de la planta baja, suelos rojos en el sótano, con ladrillos rojos y otras aplicaciones del mismo color.
El hallazgo fortuito en el verano boreal se convertiría en la historia de toda una vida. «Para mí, el auto es una especie de transformador», dijo Wolfram. «Cuanto más lo conduzco, más siento que una mano invisible me envuelve. Es una sensación de seguridad tan maravillosa que cuando salgo del vehículo después de horas al volante, pienso: ‘¡Quiero seguir manejando! No he tenido suficiente’. Es una sensación nueva para mí».
Wolfram Schäffer esperó mucho tiempo por él. Pero ahora siente esa magia de manera muy personal. «El auto me pone en un estado de transformación. Mis pensamientos son diferentes cuando me siento en él. Es una forma de inspiración que se transfiere del auto al conductor. Esto me impulsa también en mi trabajo creativo, porque el entorno es especial». Tras decir esto, miró a su mujer y ella asintió. «Es un catalizador de la creatividad. Te abre puertas en la mente y ves las cosas de otra manera. Eso, obviamente, ayuda a la inspiración». Cada uno de ellos ha encontrado algo especial en el nuevo auto. No buscaban que fuera así, pero él los encontró a ellos. Y también les inspira. Sonja y Wolfram Schäffer ya están viendo cómo toma forma su próxima idea. Un 911, quizás un Serie G o un 964. ¿Qué 911 será y cómo será? No tienen que preocuparse, ya los encontrará.
Fotos: Porsche Klassik
Artículo publicado en la edición número 23 de la revista Porsche Klassik.
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QUIERO UNO! LISTO, LO DIJE
Adhiero. Así como el 924 del que deriva me parece algo insulso, el 944 me encanta.
Si es por pedir, me anoto para un S2. 4 cilindros 3 litros con árboles contrarrotantes. Donde Ferrari metía 12 cilindros, Porsche se arregló con 4.