
Los trabajos aeronáuticos se realizaron con gran rapidez y, en pocos meses, el prometedor biplano de metal y madera A.L.F.A. 24 HP Santoni-Franchini pudo cruzar el umbral de la fábrica de Portello para su bautismo del aire, meses antes que el A.L.F.A. 24 HP de cuatro ruedas hiciera lo propio. El ensayo fue todo un éxito: se convirtió en el primer avión en sobrevolar Milán y las principales autoridades estaban presentes para aplaudir a sus creadores en el aterrizaje.
Ugo Stella aprovechó este acontecimiento y el hecho de que el motor del avión estaba basado en el que iba a equipar su primer automóvil para convertir este vuelo en todo un argumento publicitario para destacar la calidad, las prestaciones y la confiabilidad de Alfa en todos los terrenos. Se iniciaba un historia que uniría al “Biscione” con la aviación durante más de ocho décadas.
Durante la Primera Guerra Mundial, Alfa fabricó motores para los aviones de la Regia Aeronáutica italiana bajo licencia de constructores británicos y, en 1926, dio un paso adelante logrando la licencia de Bristol para su motor de estrella de 9 cilindros Jupiter, que sería la base de futuros desarrollos por parte de Alfa Romeo.
En 1932, Alfa Romeo se integró en el IRI (Istituto per la Ricostruzione Industriali), un holding empresarial público. Los nuevos gestores decidieron dar la máxima prioridad a la división aeronáutica, para lograr que Italia fuese tecnológicamente autónoma. El resultado fue el desarrollo de motores potentes y confiables que tuvieron un gran éxito internacional. Se trabajó en avances técnicos, como las aleaciones Duralfa, basadas en el aluminio, que se utilizaron en hélices, pistones, tapas y otros componentes. Al mismo tiempo que los automóviles Alfa Romeo ampliaban su palmarés deportivo, los aviones equipados con sus propulsores cosechaban 13 récords mundiales de velocidad, altura y distancia y se imponían en raids como el Istres-Damasco-París en 1937, en el que los Savoia-Marchetti 70 conquistaron los tres escalones del podio.

Estrenando las nuevas instalaciones, se lanza el motor Alfa Romeo 135, de 18 cilindros en doble estrella que, con 2.000 CV, logró ser el más potente de su época. Muy poco después estallaría la Segunda Guerra Mundial y la producción y mantenimiento de mecánicas para aviones se convierte en la gran protagonista, sin descuidar las evoluciones técnicas como el propulsor Alfa Romeo 128, que marcó todo un hito al permitir que el trimotor Savoia-Marchetti 75 fuese capaz de volar de Milán a Tokio sin escalas y regresar, cubriendo un trayecto de 20.000 km.
Durante la Posguerra, la fabricación de automóviles volvió a ser el centro del negocio para Alfa Romeo, pero en ningún momento se descuidó la aeronáutica. Alfa Romeo colaboró técnicamente, diseñó y fabricó componentes, motores y reactores para los nombres más prestigiosos del sector, como General Electric, Rolls-Royce o Pratt & Whitney hasta que, en la década de los años 80, se produjo la venta de Alfa Romeo Avio S.p.A a Aeritalia, poniendo fin a más de siete décadas de presencia del “Biscione” en los cielos de todo el mundo.
Fotos: Prensa Alfa Romeo
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