Sueño cumplido

Hernán Charalambopoulos
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Es la cuarta vez que empiezo a escribir esto y creo haberle encontrado la vuelta: va a ser inútil hablar del Saab 92, sin antes detenerse a explicar cómo se llegó de la nada a este auto. De qué manera, con qué recursos, y en cuanto tiempo.

Es que allí nace mi pasión por esta marca, más allá de sus modelos que pueden gustar o no (generalmente gustan), nadie puede discutir que son objetos únicos. ¿Porqué? Quizás una explicación ensayada, pueda consistir en contar, por ejemplo, que entre quienes estaban a cargo del proyecto del primer automóvil producido por la fábrica sueca de aeroplanos, la “Svenska Aeroplan Aktiebolaget” (SAAB), ninguno de ellos tenía realmente idea de cómo se hacía…

Saab nace a mediados de los treinta en medio de la creciente carrera armamentista que se vivía en toda Europa, y bajo la orden del gobierno sueco de no quedar relegados en tal contienda. Comenzaron fabricando en 1938 un bombardero Junkers (B3) bajo licencia, hasta que un año y medio más tarde encararon la fabricación de aviones propios como el bombardero B17, que entró en operaciones hacia el final de la guerra, así como también un jet de caza que fue bautizado en 1947.

Hubo también modelos civiles, como el Scandia 90, un avión para cuarenta pasajeros, que por esas cosas de la vida, estuvo a punto de ser vendido a Uruguay y a raíz de ello, años después la misma gente interesada en el Scandia, quiso importar el auto logrando finalmente su cometido. Curiosa historia que explicaría en parte la siempre cálida relación de la marca con los habitantes del otro lado de la orilla.

Al finalizar la guerra, la fuerza laboral de la compañía era notable, y el know-how se había desarrollado exponencialmente respecto a los primeros días, lo que constituía a esa altura un patrimonio que no debía ser desaprovechado. Con el nuevo orden establecido, se sabía que la clientela ya no iba a pedir tantos aviones de combate, por eso se dedicaron más a la aeronáutica civil, pero no era suficiente. Con el correr de los meses, maduraron la idea de construir automóviles, cosa que nunca antes se habían planteado hacer. Entonces, los noveles Saabistas decidieron pactar con Volvo para que no obstruyera el nuevo camino que iban a emprender, cosa que la gente de Gotemburgo aceptó sin problemas, casi subestimando el potencial de Saab, aunque bajo la condición de que no fabriquen vehículos de carga. No problem.

Aquí comienza la verdadera historia que tiene tintes pintorescos y hasta bizarros si se quiere. A mediados de 1946 se toma la decisión final de construir automóviles, entre otras barajadas como cocinas, calefones, o casas prefabricadas (¿?) y se adapta una zona de la fábrica de Trollhätan para tal fin. Eligen a Gunnar Ljungström, quien ya trabajaba en la compañía desde hacía unos años como responsable del diseño y desarrollo de alas de aviones, para liderar el proyecto de fabricación de un automóvil que debería competir con el DKW, auto muy popular en la década del treinta y cuarenta en el mercado escandinavo.

Ljungström a su vez se hizo de los servicios de uno de los más destacados diseñadores que dio el automóvil: Sixten Sason. Este señor, artista plástico como su padre, se había capacitado y trabajado en París. A su vuelta, sufrió un grave accidente aéreo que lo postró en una cama durante varios años, lapso que aprovechó para estudiar ingeniería por correspondencia. Al finalizar su curso, unió lo mejor de ambos mundos, artístico y cuadrado, para volcar sobre su obra lo mejor de cada uno.

Si se está haciendo larga la cosa, corte, se toma un juguito y seguimos… ¿Ya está?

Bueno, como le decía, estos personajes lideran un grupo de casi veinte personas entre técnicos ingenieros, proyectistas y modelistas, dedicados a la gran misión de fabricar un automóvil. Un dato de lo impregnados que estaban en la cosa automovilística lo da el hecho de que solamente dos de ellos poseían registro de conducir…

A la hora de comenzar, la cosa era durísima. No había modeladores y ni mesas en donde realizar pruebas, ni nada… Sin embargo los suecos le encontraron la vuelta, y menos de un año después, el primer prototipo estaba rodando. Este lo dejamos para otra ocasión ya que se trata del UrSaab, un modelo de lo más avanzado y extraño aún hoy, y que fuera el precursor del 92. Finalmente a fines de 1949 aparece en el mercado el largamente esperado Saab 92, que causa inmediata sensación y alivia una espera de más de dos años desde el anuncio oficial hasta su llegada a las concesionarias.

El Saab 92 es de esos autos que uno no entiende de movida y le parece extraño. Sin embargo cuando lo empezamos a mirar y a descubrir todo lo que hay detrás de su construcción, no podemos dejar de admirarlo. Si a un experto le preguntan cuál fue el primer automóvil del mundo construido con monocasco, tracción delantera, y motor transversal con capacidad para cuatro personas, todos repiten al unísono: ¡el Mini! Bueno… diez años antes, en Suecia, unos ingenieros aeronáuticos que no sabían nada de autos ya lo habían hecho.

Además de ello, le dieron un Cx de 0,35, es decir equivalente al de un auto contemporáneo. Este coeficiente se logra con una forma como la que presenta el auto, y sobre todo, trabajando sobre el fondo, que en este caso es completamente plano. Si… como el de un Fórmula 1 (sacando la tablita). Todo esto permitía a su modesto bicilíndrico de dos tiempos y solo 25 CV desplazar este bicho a casi 110 km/h, logrando además unos consumos irrisorios para la época, y bajos para los parámetros actuales. La otra ventaja que tenía el fondo plano era que si el auto se quedaba atrapado en la nieve, este actuaba como una suerte de “culipatín”, que sumado al bajo peso, garantizaba sacarlo de cualquier circunstancia engorrosa en la que el clima actuase en contra de su propietario.

Los ejemplares que probamos en esta ocasión pertenecen a la segunda serie aparecida en 1953, es decir cuatro años después de su debut, y que estuvo en producción hasta el año 1956, momento en que fue reemplazado por el modelo 93. Las diferencias entre la primera y segunda serie son esencialmente funcionales, ya que la segunda presenta baúl (¿?), cosa que la primera no trae, debiendo cargar el equipaje por el habitáculo. La luneta, por su parte, aumenta en más de un 50% su tamaño, algo que se agradece, y la voluntariosa mecánica gana tres caballos, pasando de 25 a 28 CV, gracias al nuevo carburador Solex 32. La batería a su vez pasa del baúl al compartimento del motor, y en contra de las ideas del obsesivo Gunnar Ljungström por el equitativo reparto de pesos, aunque a favor del espacio para bagallos, que gana un tercio en relación con la versión original.

Infinidad de cuestiones técnicas derivadas de la aeronáutica anidaron en esta maravillosa silueta que mezcla el más puro perfil alar con cosas de Botero, dando a la fría técnica el grado de simpatía que nos generan las muy tocables esculturas del colombiano.

Cuando Jorge, propietario de uno de los dos ejemplares de Saab 92 sobrevivientes de los diez que fueron importados allá por 1956, me confirmó que el otro propietario, a quién conocí gracias a RETROVISIONES aceptaba la invitación, entré en un estado de éxtasis indescriptible. Recibí la llamada en la sala de espera de mi terapeuta, interrumpiendo con mis gritos la sesión del paciente que me precedía, y catapultando además mi estado de ánimo desde la simple euforia al furibundo paroxismo. El buen Diego, con sus afables y pacientes modales, aplacó la situación haciéndome ganar la calle una hora más tarde con todos mis parámetros comportamentales en vías de franca recomposición.

El domingo me presenté a la cita con veinte minutos de anticipación, así que aproveché para terminar de ver el bodrio de Bahrein en Pepino a la espera de las gordis suecas…

El primero que apareció fue Jorge con su impoluto 92 rojo vino, del que ya todos creemos que los 47.000 km que marca el tablero son los originales del auto. Una delicia verlo deslizarse entre los demás autos mientras las cabecitas giran y se preguntan que auto será… Al rato, mi nuevo amigo Charly, se presentó elegantísimo y a bordo de su gordita negra, y debo decir que verlos juntos me causó una sensación como pocas veces me dio un auto.

Es que son años de leer sobre la marca, de investigar y disfrutar de las historias de un puñado de valientes que quisieron hacer algo distinto, y vaya si lo lograron… Las veces que me tocó ir a Estocolmo u otras ciudades de Suecia, terminaba caminando solo, ya que quienes me acompañaban, vivían quejándose porque cada cinco minutos paraba a mirar viejos Saab estacionados. En Italia, pasábamos junto a un compañero de estudios belga infinitas noches leyendo sobre Tatra y Saab, y cada vez que veo uno de esos autos, recuerdo afiebradas charlas bien regadas con Barbera sobre la decadencia de la creatividad, y la reivindicación de Hans Ledwinka y Sixten Sason como héroes imposibles de nuestros vuelos pindáricos, aterrizados forzosamente con las primeras luces del día y los bostezos de la platea que sentía haber perdido una noche de parranda en manos de dos delirantes que veneraban momias mecánicas de dudoso interés histórico…

Hoy Folco Chiarini (mi amigo belga) se retiró del diseño, y tiene una concesionaria de autos clásicos en Bruselas. Yo aterricé en Buenos Aires, y sigo hablando de Saab y Tatra como en aquellas heladas noches de Turín.

Volviendo a las gordis, cuando mis amigos pidieron la cuenta, y luego de constatar que el antipático de Alonso se subió al escalón más alto del podio, partimos hacia el río en una apacible y fantástica caravana compuesta por dos maravillosos aparatos. ¿Hacen falta más?

Jorge, me dio las llaves de su 92, y en ese instante sentí como mis medias acariciaron las baldosas de la vereda… Abrí la puerta contra corriente, y me dejé caer para que el asiento me abrace y no me soltara más. Contacto, dos segundos, tirar la leva hacia atrás… Prrro… po po ro po po…. El inquieto dos tiempos cobraba vida y me daba la bienvenida, jugueteando y haciéndome cosquillas en los oídos, ofreciéndome el primer saludo e intentando establecer una relación amistosa, propuesta que acepté y devolví con un golpecito a la rueda que oficia de acelerador, obteniendo una inmediata respuesta por parte de él.

Primera, embrague, pispear a ver si viene alguno enroscado por Libertador (no hay espejo retrovisor en la puerta, comme il faut), y al levantar mi pie izquierdo, hundiendo lentamente el derecho, vi como comenzábamos juntos a comernos los primeros metros de cinta asfáltica, saboreando cada paso como si fuera un banquete preparado para la ocasión… ¡¡¡En verdad lo era!!! Sus 28 caballos se sueltan rápido, y permiten al 92 moverse sin ningún tipo de aprietos entre el tráfico, dando la nota de exhibicionismo entre los conductores que cuando están por despojarse de la sorpresa al ver el primer auto, se vuelven a cargar de asombro, ante el raudo paso de la segunda “gordi” sueca (así los llaman sus propietarios).

El entorno que ofrece el bajo de San Isidro junto al río una mañana de domingo soleado es el paisaje ideal para disfrutar de este auto, que sufriría en demasía si lo llevamos entre el trabajoso peregrinar cotidiano de Buenos Aires. Allí estuvimos un buen rato paseando y disfrutando del ronroneo del valiente bicilíndrico que con absoluta disciplina y dedicación nos llevaba a donde le pedíamos sin quejarse en lo más mínimo por la faena realizada. La sesión de fotos junto al río tuvo una interesante concentración de curiosos a quienes casi se me escapa pasarles la gorra ( la genética me puede…) y pedir una colaboración por el magnífico espectáculo que estaban disfrutando.

Los flashes se fueron callando, y llegado el momento de los saludos, nos prometimos varias salidas más y también aumentar el número del hasta ahora compacto círculo de Saabistas con más gente , y sobre todo, con más autos.

Parece algo repetitivo, pero indefectiblemente terminamos cada nota con la misma reflexión: ¿Hay algo más maravilloso que conocer nuevos amigos a través de una pasión en común que nos une?

Jorge, Charly, muchísimas gracias por compartir sus autos con RETROVISIONES.

18 Comentarios, RSS

  1. Fuoripista 18/03/2010 @ 8:11 pm

    Confieso que abrí el blog antes de dejar la compu confiado en que ya siendo esta hora y jueves veníamos zafando del “Síndrome de Estocolmo” (versión automovilística) y no… noooooo!!!!!
    Todos los post escritos se hacen con pasión pero este más que pasional es “traumático”… de un verdadero trauma… porque hay que tener algo cepillada la tapa para dedicarse en las frías noches de Torino a pasar el tiempo leyendo la historia de Tatra y de Saab… ¡¡unos jodones!!

    Mañana termino de leer esta catarsis sueca…

    (¡Cómo lo disfrutaste Hernán!!! Muy bueno!!! Justo tengo una nota para leer sobre los comienzos del Saab en una revista española, así que esta noche soñaré con las “gordis”!! (en el buen sentido)).

  2. VRS 18/03/2010 @ 9:18 pm

    Excelente la nota Hernán, realmente muy buena. Y pensar que no hace mucho se debatia la desmantelacion de la marca. Ahora no solo sigue con vida sino que te pudiste dar el lujo de re-explorar las raices de la marca que tanto te apasione, felicitaciones!!

  3. Cristián Bertschi 18/03/2010 @ 10:29 pm

    Una delicia.
    un gran saludo a los cinco protagonistas!

  4. souvlaki73 18/03/2010 @ 11:30 pm

    IM.PRE.SIO.NAN.TE!!!
    Una nota perfecta de punta a punta. Creo que me gustan las gordas.

  5. cinturonga 19/03/2010 @ 9:25 am

    Debo admitir que es larga, pero exquisita. Impecable de punta a punta, tanto en lo técnico, histórico y narrativo.
    Felicitaciones por la nota, los autos y a los dueños de los mismos por las magníficas maquinas.
    Un consulta técnica, “Cx” es el coeficiente aerodinámico o algo por ese lado de la cuestión?
    Un carinho glande.

  6. Fuoripista 19/03/2010 @ 9:55 am

    …”Intoxicación de Saab” entre leer tooooooooooooodooo el post y la nota en la revista, pensé tener pesadillas con las “gordis” pero no!! Más allá de esa cara de chico con juguete nuevo, recontento, con que se te ve en la foto junto a los propietarios y de esa expresión concentrada que se adivina en el espejo retrovisor, nos has transmitido (por lo menos a mí) tu pasión por estos “simpáticos gorditos” (o gorditas) y aprendí más sobre los inicios de esta prestigiosa marca.
    Y bromas aparte, felicitaciones sinceras!!!

  7. martin 19/03/2010 @ 11:14 am

    Excelente nota y hermoso auto, felicitaciones Hernán!

  8. Horacio P. desde Rosario 19/03/2010 @ 3:08 pm

    Agradecido, ignoraba de la existencia de sendas gordis (y en tan magnífico estado) en nuestro país, la nota: inmejorable. Ahora que se te cumplió un sueño hay que esperar que se te cumpla una fantasía: que los muchachos de Spyker te llamen para diseñar las nuevas gordis.
    Y hablando de fantasías, en la foto del equipo faltó Tatoo diciendo “el avión, el avión”

  9. Lao Iacona 19/03/2010 @ 4:48 pm

    Bravo Hernán ! Muy buena la nota, y excelentes las fotos ! Un abrazo, Lao.

  10. Daniel 19/03/2010 @ 6:03 pm

    Gracias, Hernan, siempre me gustaron los autos suecos asi como los alemanes, pero conociendo la historia y teniendo la posibilidad de ver en detalle tan hermosos ejemplares, me gustan mucho mas, esperamos a la brevedad mas novedades saabistas.
    Me gusto la remera, me parece que voy a mandar a hacer una.

  11. karina 19/03/2010 @ 7:57 pm

    Pocas veces leí una historia de autos, de objetos al fin, que exceda tanto el tema para convertirse en un tributo tan honesto y sensible al pasado maravilloso, a los pioneros valientes, a los hombres extraordinarios y a las tristes causas perdidas y reencontradas. De verdad que uds. son fanáticos especiales!

  12. Alberto Domingo Saab 19/03/2010 @ 9:43 pm

    Hermosa y sentida nota, realizada con conocimientos y con sentimiento.
    Muy agradecido en nombre de todos los integrantes del Club Saab Uruguay.
    http://www.clubsaaburuguay.com.uy

  13. Raul Cosulich 19/03/2010 @ 10:36 pm

    Charly tiene un Saab V4, espero que sea el próximo objeto de un test por parte de Hernan.

  14. fedem- 20/03/2010 @ 2:26 am

    Grande hernan!!!!

    Excelente nota!

    abz,

    tu peor alumno

  15. Giramondo 20/03/2010 @ 8:15 pm

    Molto interessante.

  16. JCV 20/03/2010 @ 10:24 pm

    Estos autos parecen de caricatura… qué época: me parece que los diseñadores querían comunicar nada más que amor y ternura al oficio a través de su creación. Cómo no enamorarse de estos autitos! Qué diferencia de los insípidos autos modernos :(

  17. Pablo D'. 21/03/2010 @ 4:18 pm

    Muy buena nota, y que gustazo para vos!! felicitaciones!

  18. Mariana 03/07/2010 @ 6:26 pm

    Interesante nota, mUy buena!!sin mas q decir.. BELLEZAS TOTALESSSSSS!!!! HERMOSAS,PRECIOSAS, LINNNNDAS!! ♥♥

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