
La muestra curada por el músico Juan Campodónico (junto a Andrés Torrón), que ocupaba dos plantas del edificio que funciona como sede del Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra, era una invitación a conocer desde la primera fila a estos músicos a través de fotografías, textos, objetos, videos y una sala de escucha. La frase que da título a la muestra es autoría del cantautor Alfredo Zitarrosa, anteriormente fue utilizada por Campodónico, quien la sampleó en el tema “Zitarrosa” de su grupo Bajofondo, y ahora fue aprovechada porque relaciona a las tres músicas propias del Uruguay o como dice Campodónico, a “la Santa Trinidad de nuestra música”. Una elaborada línea de tiempo permitía conocer los años de vigencia e influencia de los once músicos celebrados y de los ritmos en los que basaban su obra, sus influencias y cómo fueron evolucionando esas músicas.
“Alfredo Zitarrosa se convirtió en un fenómeno popular desde la salida de su primer EP en 1965. Las ventas de ese disco superaban a las de Los Beatles en las disquerías uruguayas. Su increíble voz, el sonido de las guitarras y la poesía de sus canciones eran escuchadas por gente de todas las edades y clases sociales. De pronto, este locutor, periodista, poeta y escritor de 29 años, devenido en cantor casi por accidente, era una figura reconocida que no podía salir a la calle sin que lo saludaran y le pidieran autógrafos. Su popularidad se mantuvo en ascenso, expandiéndose al otro lado del Río de la Plata y a gran parte de América del Sur.
La Dictadura prohibió su música y lo obligó a exiliarse. En sus ocho años fuera del país se convirtió en un embajador de la resistencia uruguaya. Su popularidad se agigantó en otros países latinoamericanos, especialmente en México donde grabó varios discos y tocó ante audiencias masivas. En Uruguay su música siguió siendo escuchada clandestinamente. Cuando retornó al país en 1984 fue recibido por una multitud.
Zitarrosa construyó una forma de entender la música popular, con una pata en la tradición folclórica rural y otra en los aportes urbanos del tango. La milonga, el género que más transitó y en el que creó algunas de sus grandes canciones, fue el vehículo ideal para desarrollar su propuesta. Renovó algunas tradiciones culturales uruguayas, demostrando que esas tradiciones seguían vivas, podían cambiar y aceptar nuevas influencias”.
Una vez más, el magnífico acervo del Centro de Fotografía de Montevideo nos permite descubrir no sólo a la “bemba”, sino el clima que se respiraba aquel 31 de marzo de 1984, y cual bises de un concierto, al pintoresco parque automotor que acompañó el ansiado regreso al “paisito” de Don Alfredo.
Fotos: Centro de Fotografía de Montevideo/Agencia Fotográfica Camaratres y Diego Speratti
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Que gran músico Alfredo Zitarrosa, y que joven se fue.