
Ahora que los museos y espacios culturales están cerrados, al Ford Falcon en mil pedazos no se lo puede ver en su emplazamiento tradicional del hall de Centro Cultural Haroldo Conti, en la ex-ESMA, en el barrio de Nuñez. Pero a la moda de estos días, estas fotos nos permiten hacer una «visita virtual».
La obra de Javier Bernasconi, Omar Estela, Marcelo Montanari, Marcela Oliva, Luciano Parodi y Margarita Rocha, está acompañada por la presentación de los dos primeros directores de «El Conti».
El ex Secretario de Derechos Humanos de la Nación continúa así definiendo al auto y su impronta: «Los Falcon verdes o grises, muchas veces sin patentes identificatorias, haciendo ulular sus sirenas y exhibiendo armas largas por la ventanilla, los hombres horribles con anteojos negros, son el símbolo de los ´70 y de los ´80. Su paso generador de angustias y pánico -aún en los ciudadanos más alejados de las prácticas políticas y sociales- es el símbolo móvil del terrorismo de Estado. Sus amplios baúles sirvieron para trasladar a los secuestrados, previa llegada de improvisto de los heraldos de la muerte. Hoy su simbología macabra sigue encogiéndonos el corazón».
El texto firmado por Eduardo Jozami que suele acompañar la instalación dice lo siguiente: «un exitoso programa de TV mostraba en los años ´60 a una típica familia argentina y asociaba su nombre con el automóvil de mayores ventas. Eran los años del Desarrollismo, de Primera Plana y la cultura para ejecutivos, de una renovada convocatoria a los sectores medios para sumarse a la utopía de una Argentina Industrial. Símbolo de la potencia productiva tanto como de la felicidad doméstica, el Ford Falcon era emblema de un modelo de país que -cruzado por los conflictos sociales y el autoritarismo militar- persistía en ignorar los fuegos que estaba incubando».
«El Falcon pudo servir para otros fines en manos menos criminales, no es razonable atribuir a los objetos las culpas de los hombres. Pero, quienes vivimos esa etapa, ¿cómo podríamos superar una pesadilla recurrente? Un Falcon verde dobla la esquina chirriando y se acerca hasta nosotros como si todo pudiera volver a empezar», concluye Jozami.
No hay ni debería haber un 24 de Marzo sin recordar a los 30.000 desaparecidos que dejó la Dictadura Militar y sus genocidas, con el reclamo siempre presente de Memoria, Verdad y Justicia.
Fotos: Diego Speratti
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