El rey del óxido

Hernán Charalambopoulos
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageEmail this to someone

Entre las malas costumbres de las que RETROVISIONES se fue apoderando a lo largo de sus casi seis meses de vida, figura sin dudas su pasión por las chapas heridas y las escenas de maquinas desfallecientes cubiertas por extrañas reacciones químicas, tejidas en complicidad entre el paso del tiempo y sus dos mejores aliados: El agua y la sal. Embarcados en esta insana tendencia, proponemos enaltecer aún más el metal en descomposición y quienes hacen de él un fiel compañero de andanzas.

El viernes pasado, las aguas del Plata luego de un par de horas de meneo, me devolvieron en la orilla de enfrente y allí pasé un fin de semana de ensueño que tuvo su zenit en el encuentro con Alberto Domingo, presidente del club Saab de Uruguay, momento que transcribiré en unos días, cuando la marea de emociones entre en bajante y me permita volcar algunas líneas sobre lo acontecido.

Mientras tanto y a modo de presentación de este saludable paseo oriental, les presento al hasta el momento Rey indiscutido del óxido: El salvaje puestero del mercado de Tristán Narvaja, un avispado comerciante frutihortícola que me miró extrañado cuando le sacaba fotos a esta suerte de órgano esparcidor de tétanos, que aunque ustedes no lo crean, sirve de transporte para su mercadería…

 

Como podrán ver, este estoico mamut sangrante, al que le han salvajemente arrancado los ojos, arrastra sus purulentos colmillos por las calles de Montevideo, sembrando a su paso el pavor entre quienes tienen la desdicha de toparse con él. La nota inflamable (o explosiva si queremos), la da el precario tanque de nafta ubicado en el habitáculo, del cual el motor chupa nafta a través de una manguerita…Una especie de daikiri servido con sorbete, al que solo le falta un poquito de hielo, y que cuenta con un incansable bebedor detrás de la barra.

Créame que esta cosa funciona, tal es así que decliné en aceptar la apuesta de cien pesos que me hizo el salvaje, cuando me desafió a dar una vuelta en ése aparato al finalizar la feria, con posterior pago de la apuesta en caso de que la máquina entre en movimiento…

Hasta ahora es sin dudas, el objeto más horripilante que hayamos retratado en RETROVISIONES, y su dueño, monarca absoluto del óxido, y sin dudas futuro amigo de nuestro querido Diego Speratti, de quién hace ya unos cuantos días no tenemos noticias.

0 Comentarios, RSS

  1. Horacio P. desde Rosario 29/03/2010 @ 3:01 am

    Sin dudas, esta noche voy a tener pesadillas, “Duel II” más aterradora y corroída que la de 1971, ópera prima de Esteban Spielberg.
    Buonanote
    :(

  2. Fuoripista 29/03/2010 @ 8:44 am

    Mamita!! Acá no podemos entablar un debate acerca del grado de restauración…

  3. javier 29/03/2010 @ 9:10 am

    Chevrolet 1940, que loco que funcione, estará bien de papeles?

  4. Tete 29/03/2010 @ 2:30 pm

    Ese aparato es la definicion de duravilidad, a pesar del maltrato el aparato sigue funcionando, mientras no se olviden de ponerle nafta y una vez cada tanto agregarle aceite, incluso uno quemado de cocina el motor anda y anda.

  5. Mariana 29/03/2010 @ 3:40 pm

    Funciona..Coincido con el comentario anterior,”duravilidad”

Tu email no será publicado. Required fields are marked *

*