
El “Motor Flotante” era una demostración perfecta de esta filosofía; una innovación vanguardista propuesta en por primera vez en Europa para 1932 y que se convertiría además en un logotipo presente en el frente de los modelos equipados con esta tecnología.
Cuando en 1919 Citroën inició la producción de su primer vehículo, el Type A 10 HP, la gran mayoría de los automóviles se construían como antes de la Primera Guerra Mundial, con un chasis de acero que sostenía el motor y una carrocería separada construida en madera o en acero: cualquier vibración del propulsor y cualquier irregularidad del terreno se transmitían a los ocupantes del vehículo de manera notoria e incidían en el confort y la estabilidad.
Por este motivo muchos autos adoptaron las carrocerías realizadas bajo el llamado método “Weymann” que incluía grandes paneles realizados en materiales blandos, como cuero o vinilo, que evitaban que el interior de la carrocería entrara en resonancia. Citroën fue una de las marcas que se mantuvo fiel a esta solución hasta que, por primera vez en Europa, aplicó una patente adquirida en Estados Unidos: el “Motor Flotante”.
Gracias a esta patente, a partir de abril de 1932, los motores de los automóviles Citroën estuvieron dotados de resistente soportes elásticos en caucho que “suspendían” el propulsor y le permitían oscilar ligeramente alrededor de un eje longitudinal que pasaba por su centro de gravedad consiguiendo así que el motor se mantuviera constantemente en una situación de equilibrio y que el sistema absorbiera la mayor parte de las vibraciones y de los movimientos causados por su funcionamiento, garantizando una estabilidad de conducción y un silencio en el habitáculo nunca conseguidos hasta entonces.
Para subrayar todavía más la diferencia entre los confortables y silenciosos Citroën y el resto de los automóviles en circulación en Francia, se desarrolló una campaña publicitaria de gran impacto completada con un informe con documentación clara y convincente que se repartió entre la red de ventas, todo ello apoyado por un elemento añadido: un emblema, un símbolo evocador y fácilmente reconocible que identificaba a la marca del “Double Chevron” con el motor flotante.
El logo fue rápidamente aceptado por todo el equipo de publicidad y definió uno de los períodos de oro de la comunicación de Citroën al figurar en todos los documentos de las campañas publicitarias y en los carteles situados en las calles y rutas y al aparecer, hasta el año 1935, en todos los modelos equipados con esta tecnología, como por ejemplo los C6 y C4 de 8, 10 y 15 caballos.
Fotos: Prensa Citroën
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