
Para los entusiastas, una da las mayores atracciones paralelas a la carrera es el Museo de las 24 Horas de Le Mans, que reúne 66 automóviles en exposición permanente, además de promover muestras temporales con automóviles llegados de otras colecciones. Ubicado en la entrada norte del circuito, el museo funciona todos los días del año y el ingreso pleno cuesta 12 euros. El fin de semana de la gran prueba, sin embargo, la visita es libre para quien pagó su entrada para ver la carrera.
Antes incluso de promover su famosa prueba de 24 Horas de duración, la pequeña ciudad de Le Mans, capital del departamento de Sarthe, a 230 kilómetros de París, ya era relevante dentro del automovilismo deportivo por haber sido sede del Gran Premio de Francia de 1906, considerado el primer GP de la historia (44 años antes de la creación de la Fórmula 1).
La sede actual del museo fue inaugurada en 1991. Quien visita sus 6.500 m² puede conocer de cerca nada menos que 15 vencedores de las 24 Horas de Le Mans, aparte de otros autos que participaron de la carrera a lo largo de sus 101 años de existencia.
Junto a él hay un Vinot & Deguingand (marca francesa que existió de 1898 a 1926). Su enorme tanque de combustible y algunas otras peculiaridades nos cuentan que éste es exactamente el mismo automóvil que llegó en el 26º puesto en la prueba de 1923.
Unos pasos más adelante vemos al Bentley 3 Litros Sport, el auténtico ejemplar vencedor de las 24 Horas de Le Mans de 1924, con la dupla formada por el chino-canadiense John Duff y por el británico Frank Clemente. Ese mismo auto ya había conseguido la vuelta más rápida en la edición de 1923. Hasta 1930, los Bentley dominaron la prueba, con nada menos que cinco victorias (24-27-28-29-30).
De la década de los años 30, tenemos un Lagonda M45 R Rapide con carrocería “Le Mans”, vencedor en la ediciòn 1935. Con motor de 6 cilindros y 4,5 litros, tuvo como pilotos a Johnny Hindmarsh y Luis Fontes. Fontes, inglés pero de padre brasileño, tuvo una vida breve: murió en 1940, a los 27 años, pilotando un bombardero Vickers Wellington de la Royal Air Force (RAF). En tanto la marca Lagonda fue independiente hasta 1947, cuando fue comprada por Aston Martin.
La Segunda Guerra Mundial interrumpió la realización de la prueba en Le Mans entre 1940 y 1948. Como representantes de la posguerra, el museo cuenta con prototipos de D.B. (Deutsch-Bonnet), marca francesa que se hizo famosa por hacer deportivos livianos y muy aerodinámicos, equipados con pequeños motores Panhard, bicilíndricos y refrigerados por aire.
En 1949, con la barchetta 166 MM V12 pilotada por Luigi Chinetti y Lord Seldson, Ferrari obtuvo la primera de sus (diez) victorias en las 24 Horas de Le Mans (la segunda fue en 1954 con el argentino José Froilán González como uno de los pilotos de una Ferrari 375). En aquel mismo 1949, la marca italiana conquistó el primer lugar en la Mille Miglia y las 24 Horas de Spa, entrando definitivamente en el mapa de los grandes nombres del automovilismo.
Fue en Le Mans que el talentoso piloto brasileño Christian “Bino” Heins murió conduciendo un Alpine M63, en la prueba de 1963. Iba liderando su categoría cuando se encontró en medio de la pista con los destrozos de dos autos accidentados. En el museo hay un prototipo Alpine A210 de 1966/1967.
A pedido de Ford, la constructora especializada británica Lola creó el GT40 Mk I, pero el auto se mostró inestable y poco confiable en su primera participación en Le Mans, en 1964. La solución fue convocar a Carroll Shelby, dueño de Shelby American Inc, por entonces un famoso equipo de competición.
En la prueba de Le Mans de 1965, sin embargo, se repitió el fracaso: ninguno de los 6 GT40 inscriptos llegó al final. Una vez más, las Ferrari V12 conquistaron las tres primeras posiciones.
En 1966, 1967, 1968 y 1969, los GT40 dominaron la prueba, con cuatro victorias consecutivas. Después, fue el Porsche 917 quien se puso la corona de las pruebas de larga duración.
Desde mediados de la década de los años 90 hasta 2017, quienes repartieron las cartas en el circuito de la Sarthe fueron los alemanes, con victorias seguidas de Porsche y de los legendarios Audi R8 y R10. En 2003, sin embargo, un nombre del pasado fue el mejor: después de 73 años, Bentley volvió a vencer en las 24 Horas. Ya en manos del Grupo VW, la marca llevó a la pista el Speed 8, un prototipo que tenía mucho que ver con los Audi R8, comenzando por el motor V8 biturbo de 3,6 litros. A esa altura, la velocidad media de la prueba ya era de 214 km/h.
También hay un camión de bomberos Renault KY de 1923 -que llama la atención por su pintura de los “Bomberos Voluntarios de La Boca”, con patentes de Buenos Aires…-. La historia es curiosa: en 1961, ya fuera de servicio activo en Argentina, este camión fue embarcado hacia Italia y completó una gira por los cuarteles de bomberos de aquel país. Después de su periplo de 3.300 km por Italia, el camión fue llevado a Francia y donado a Renault. El fabricante, a su vez, lo cedió al recién creado Museo de Le Mans, en 1962 -autobombas similares fueron utilizados por los bomberos franceses en las carreras durante la década de los años 20-.
El acervo incluye rarezas mecánicas que nada tienen que ver con las competición. Es el caso, por ejemplo, del pequeño ómnibus eléctrico francés Krieger A155, de 1908. Con un motor en cada rueda delantera, fue uno de los primeros vehículos con tracción delantera. Algunos ejemplares fueron adaptados como ambulancia en la Primera Guerra Mundial.
Entre las reliquias usadas para recorrer grandes distancias, el museo tiene un Mototri Contal, triciclo idéntico al que participó en la prueba Pekín-París de 1907. El ejemplar inscripto tuvo que ser abandonado en el Desierto de Gobi, entre China y Mongolia.
Más éxito tuvo el Citroën 2CV de la dupla Jean-Claude Baudot y Jacques Séguela: entre 1958 y 1959, dieron la vuelta al mundo en ese auto con motor de 425 cc y 12 caballos. Ya habían cruzado Europa y parte de África, siendo perseguidos por elefantes y rinocerontes, cuando arribaron a Rio de Janeiro cruzando el océano en barco. Allí declararon haber encontrado su mayor desafío hasta entonces: superar la burocracia brasileña para poder liberar el auto del puerto. Pero lo consiguieron, tanto que el Citroën es una de las piezas del Museo de las 24 Horas de Le Mans
Fotos: Jason Vogel
Artículo originalmente publicado en el sitio Motor1 Brasil
El primer Bentley ganador de Le Mans regresa un siglo después
































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