El Museo de las 24 Horas de Le Mans con atracciones todo el año

16/Jun/2024

Las 24 Horas de Le Mans son mucho más que la mayor y la más famosa de las carreras de autos en el mundo. Mientras los autos batallan día y noche sobre la pista, el público (alrededor de 250 mil personas) hace un ida y vuelta entre centenas de puestos que venden alimentos, ropa, miniaturas y recuerditos variados. Todo allí tiene al automóvil como tema y al consumo como meta. Es un caos organizado que le da al evento un aire de Disneylandia.

Para los entusiastas, una da las mayores atracciones paralelas a la carrera es el Museo de las 24 Horas de Le Mans, que reúne 66 automóviles en exposición permanente, además de promover muestras temporales con automóviles llegados de otras colecciones. Ubicado en la entrada norte del circuito, el museo funciona todos los días del año y el ingreso pleno cuesta 12 euros. El fin de semana de la gran prueba, sin embargo, la visita es libre para quien pagó su entrada para ver la carrera.

Antes incluso de promover su famosa prueba de 24 Horas de duración, la pequeña ciudad de Le Mans, capital del departamento de Sarthe, a 230 kilómetros de París, ya era relevante dentro del automovilismo deportivo por haber sido sede del Gran Premio de Francia de 1906, considerado el primer GP de la historia (44 años antes de la creación de la Fórmula 1).En 1961, el Automobile Club de l’Ouest (ACO), automóvil club con sede en Le Mans y organizador de la prueba de 24 horas desde siempre, decidió que ya era hora de fundar un museo dedicado a tanta historia motorizada. Al gobierno local le encantó la idea y apoyó la compra de los primeros autos para el Musée Automobile de la Sarthe (nombre original de la institución). La familia de Léon Bollée, constructor pionero que tenía fábrica en Le Mans, donó algunos vehículos. Fábricas y coleccionistas también contribuyeron para formar el acervo.

La sede actual del museo fue inaugurada en 1991. Quien visita sus 6.500 m² puede conocer de cerca nada menos que 15 vencedores de las 24 Horas de Le Mans, aparte de otros autos que participaron de la carrera a lo largo de sus 101 años de existencia.Están allí, por ejemplo, un Chenard et Walcker U3 Torpédo Sport con chasis y mecánica idénticas al campeón de la primera edición de la prueba, realizada en 1923. Con motor de cuatro cilindros, 3 litros e increíbles 100 CV, el auto de André Lagache y René Léonard consiguió un promedio de 92 km/h durante la prueba.

Junto a él hay un Vinot & Deguingand (marca francesa que existió de 1898 a 1926). Su enorme tanque de combustible y algunas otras peculiaridades nos cuentan que éste es exactamente el mismo automóvil que llegó en el 26º puesto en la prueba de 1923.

Unos pasos más adelante vemos al Bentley 3 Litros Sport, el auténtico ejemplar vencedor de las 24 Horas de Le Mans de 1924, con la dupla formada por el chino-canadiense John Duff y por el británico Frank Clemente. Ese mismo auto ya había conseguido la vuelta más rápida en la edición de 1923. Hasta 1930, los Bentley dominaron la prueba, con nada menos que cinco victorias (24-27-28-29-30).Y Le Mans es famosa por los prototipos. El primer modelo proyectado específicamente para la prueba de 24 Horas fue el francés Chenard et Walcker Z1 Tank Spécial. Con una carrocería que seguía los preceptos aerodinámicos conocidos en la época y un motorcito de 4 cilindros, 1,1 litros y 55 CV, el auto llegó en 10º lugar en la general de la prueba de 1925, pero consagrándose vencedor en su categoría. Recorrió 1.882 km a una velocidad media de 78,4 km/h.

De la década de los años 30, tenemos un Lagonda M45 R Rapide con carrocería “Le Mans”, vencedor en la ediciòn 1935. Con motor de 6 cilindros y 4,5 litros, tuvo como pilotos a Johnny Hindmarsh y Luis Fontes. Fontes, inglés pero de padre brasileño, tuvo una vida breve: murió en 1940, a los 27 años, pilotando un bombardero Vickers Wellington de la Royal Air Force (RAF). En tanto la marca Lagonda fue independiente hasta 1947, cuando fue comprada por Aston Martin.Otro ejemplar de la década de los años 30 en el museo es el prototipo Simca 5 construido por Amédée Gordini (cuyo nombre se volvería famoso en el Río de la Plata en los años 60 por culpa del Renault Gordini). Al comienzo de su carrera, el preparador tenía preferencia por modelos de Fiat -y los primeros Simca no eran otra cosa que Fiat fabricados en Francia-. Fue como jefe del departamento de carreras de Simca que Gordini concibió un biplaza deportivo con un pequeño motor de 568 cc y 30 CV. Con un peso de apenas 460 kilos, obtuvo excelentes resultados en las ediciones de 1937 y 1939. La categoría para autos de menos de 1.000 cc también incluía modelos deportivos de producción en serie, como el británico Singer Nine. La media de 89,8 km/h le alcanzó para una victoria en su categoría, en 1935.

La Segunda Guerra Mundial interrumpió la realización de la prueba en Le Mans entre 1940 y 1948. Como representantes de la posguerra, el museo cuenta con prototipos de D.B. (Deutsch-Bonnet), marca francesa que se hizo famosa por hacer deportivos livianos y muy aerodinámicos, equipados con pequeños motores Panhard, bicilíndricos y refrigerados por aire.Hablando de motores pequeños, hubo quienes disputaron las 24 Horas al volante de Renault 4CV, que apenas podían mantener los 100 km/h con su 4 en línea de 747 cc y modestísimos 21 CV. Imagínelos compartiendo la pista con un Mercedes-Benz 300 SL, que superaba los 250 km/h en la recta de Hunaudières…

En 1949, con la barchetta 166 MM V12 pilotada por Luigi Chinetti y Lord Seldson, Ferrari obtuvo la primera de sus (diez) victorias en las 24 Horas de Le Mans (la segunda fue en 1954 con el argentino José Froilán González como uno de los pilotos de una Ferrari 375). En aquel mismo 1949, la marca italiana conquistó el primer lugar en la Mille Miglia y las 24 Horas de Spa, entrando definitivamente en el mapa de los grandes nombres del automovilismo.En la década de los años 50, en cambio, el circuito francés seria dominado por Jaguar, que consiguió cinco ediciones de las 24 Horas de Le Mans entre 1951 y 1957, aprovechando su motor XK de 6 cilindros en línea (e incorporando luego los frenos de disco), en autos como el C-Type o el D-Type

Fue en Le Mans que el talentoso piloto brasileño Christian “Bino” Heins murió conduciendo un Alpine M63, en la prueba de 1963. Iba liderando su categoría cuando se encontró en medio de la pista con los destrozos de dos autos accidentados. En el museo hay un prototipo Alpine A210 de 1966/1967.A partir de 1963, el industrial Henry Ford II decidió crear su propio departamento de carreras -y su mayor meta sería vencer a Ferrari en las pruebas de larga duración-. Parecía apenas un desatino de un yankee “hijo de papá”: desde 1960, Ferrari venía conquistando el primer lugar en todas las ediciones las 24 Horas de Le Mans.

A pedido de Ford, la constructora especializada británica Lola creó el GT40 Mk I, pero el auto se mostró inestable y poco confiable en su primera participación en Le Mans, en 1964. La solución fue convocar a Carroll Shelby, dueño de Shelby American Inc, por entonces un famoso equipo de competición.

En la prueba de Le Mans de 1965, sin embargo, se repitió el fracaso: ninguno de los 6 GT40 inscriptos llegó al final. Una vez más, las Ferrari V12 conquistaron las tres primeras posiciones.

En 1966, 1967, 1968 y 1969, los GT40 dominaron la prueba, con cuatro victorias consecutivas. Después, fue el Porsche 917 quien se puso la corona de las pruebas de larga duración.A continuación llegaría el tricampeonato de los Matra-Simca MS670 (1972-1973-1974), siempre con Henri Pescarolo al volante. Es un auto lindo y enorme, con un V12 de 490 CV, que alcanzaba 350 km/h en los 5,5 km de la larga recta de Hunaudières. Mucha gente recordará su pintura celeste representando los colores oficiales de Francia, así como de los cigarrillos Gitanes. Otro francés victorioso en el museo es el Peugeot 905 Evo 1B, que ganó las ediciones de 1992 y 1993.

Desde mediados de la década de los años 90 hasta 2017, quienes repartieron las cartas en el circuito de la Sarthe fueron los alemanes, con victorias seguidas de Porsche y de los legendarios Audi R8 y R10. En 2003, sin embargo, un nombre del pasado fue el mejor: después de 73 años, Bentley volvió a vencer en las 24 Horas. Ya en manos del Grupo VW, la marca llevó a la pista el Speed 8, un prototipo que tenía mucho que ver con los Audi R8, comenzando por el motor V8 biturbo de 3,6 litros. A esa altura, la velocidad media de la prueba ya era de 214 km/h.Los bólidos que disputaron las 24 Horas de Le Mans no son la única atracción del museo. Tenemos vehículos de servicio semejantes a los usados en las primeras ediciones de la prueba, como un camión cisterna Delahaye de 1924.

También hay un camión de bomberos Renault KY de 1923 -que llama la atención por su pintura de los “Bomberos Voluntarios de La Boca”, con patentes de Buenos Aires…-. La historia es curiosa: en 1961, ya fuera de servicio activo en Argentina, este camión fue embarcado hacia Italia y completó una gira por los cuarteles de bomberos de aquel país. Después de su periplo de 3.300 km por Italia, el camión fue llevado a Francia y donado a Renault. El fabricante, a su vez, lo cedió al recién creado Museo de Le Mans, en 1962 -autobombas similares fueron utilizados por los bomberos franceses en las carreras durante la década de los años 20-.Otro vehículo curioso es un furgón Citroën HY (“Tub”) lleno de faros y bocinas. En la década de los años 60, este extraño ejemplar era una presencia segura en el circuito, durante las 24 Horas de Le Mans, como vehículo de propaganda de la fábrica de faros Marchal. Al final, nada como una carrera nocturna para llamar la atención por sus luces.

El acervo incluye rarezas mecánicas que nada tienen que ver con las competición. Es el caso, por ejemplo, del pequeño ómnibus eléctrico francés Krieger A155, de 1908. Con un motor en cada rueda delantera, fue uno de los primeros vehículos con tracción delantera. Algunos ejemplares fueron adaptados como ambulancia en la Primera Guerra Mundial.Y qué decir del Socema Grégoire, un auto movido por turbina fabricado en 1952. Proyectado por el ingeniero francés Jean-Albert Grégoire para la fábrica de motores de aviación Socema, el prototipo tiene una carrocería de aluminio con un excepcional Cx de 0,19. Teóricamente, alcanzaba los 200 km/h -sin embargo, tenía un pequeño problema: sus frenos no resultaban suficientes para detenerlo-.

Entre las reliquias usadas para recorrer grandes distancias, el museo tiene un Mototri Contal, triciclo idéntico al que participó en la prueba Pekín-París de 1907. El ejemplar inscripto tuvo que ser abandonado en el Desierto de Gobi, entre China y Mongolia.

Más éxito tuvo el Citroën 2CV de la dupla Jean-Claude Baudot y Jacques Séguela: entre 1958 y 1959, dieron la vuelta al mundo en ese auto con motor de 425 cc y 12 caballos. Ya habían cruzado Europa y parte de África, siendo perseguidos por elefantes y rinocerontes, cuando arribaron a Rio de Janeiro cruzando el océano en barco. Allí declararon haber encontrado su mayor desafío hasta entonces: superar la burocracia brasileña para poder liberar el auto del puerto. Pero lo consiguieron, tanto que el Citroën es una de las piezas del Museo de las 24 Horas de Le Mans

Fotos: Jason Vogel

Artículo originalmente publicado en el sitio Motor1 BrasilVadeRetro recomienda la siguiente nota relacionada:

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