
El «V2» supera los 200 km/h. Lieb ha sido ganador absoluto de Le Mans y campeón del mundo de resistencia. Juntos forman una pareja rápida. Para saber cómo empieza esta historia debemos remontarnos 62 años atrás.
En 1959, el Rallye Lieja-Roma-Lieja es una de las pruebas de ruta más duras del mundo. Más de 5.000 kilómetros sin parar. Los requisitos del organizador, la Royal Motor Union de Bélgica, no pueden cumplirse ni en las etapas de enlace. De los 104 participantes, sólo 14 alcanzan la meta y nadie zafa de recibir penalizaciones.
Como una especie de reparación histórica, el «V2» ha llegado hoy por fin a la capital italiana. Lieb está enamorado de la metrópoli, del sonido del motor Carrera y del manejo sencillo de esta joya de los primeros tiempos de Porsche. Es consciente de lo que significa este vehículo. En 2016, tras coronar sus 14 años de trayectoria como piloto oficial de Porsche con la victoria absoluta en Le Mans y el título de campeón del mundo, se pasó a la asistencia de equipos de competición de clientes. Su gran referente es Herbert Linge. «¡Es el tipo más genial que he conocido!», exclama entusiasmado Marc Lieb.
Cuando hizo campaña por una mayor seguridad en las carreras desde esta comisión, sabía perfectamente de lo que hablaba. «En Lieja-Roma-Lieja conducíamos día y noche a toda velocidad, con los caminos abiertas al tráfico, una locura inimaginable hoy en día», dice rememorando el legendario rally, que ganó en 1954 con Helmut Polensky. Posteriormente disputó esta y otras pruebas de ruta junto a su amigo Paul Ernst Strähle. «Solo sobrevivías un Lieja-Roma-Lieja formando un buen equipo», cuenta Linge. «Nos turnábamos cada tres horas, más o menos. El copiloto tenía que dormir si podía. Strähle lo conseguía. En los controles a veces me ponía su gorra y firmaba por él, ni siquiera se enteraba. Yo, en cambio, no lograba pegar ojo».
No era sólo el ritmo temerario por carreteras estrechas y puertos con caminos de tierra lo que impedía a Linge dormir. Todos sus sentidos estaban puestos en el estado técnico del «V2». Conocía cada tornillo. Linge probó todos los primeros 356. «Sabían que tenía conocimientos previos de motociclismo, por eso me pusieron al cargo. Al principio construíamos de tres a cuatro autos al día. Por las tardes, después de la prueba de conducción, tenía que informar a Ferry Porsche de cuáles estaban bien y cuáles debían volver al taller». La habilidad de Linge como mecánico se hizo famosa entre los pilotos de carreras y rallies de la casa, lo que le convirtió en un codiciado copiloto para pruebas de resistencia en 1954. «Le dijeron al señor Porsche que si Linge participaba se ocuparía de todo».

No hay que olvidar en qué condiciones se competía en aquella época: algunas pruebas de ruta formaban parte incluso del campeonato mundial y el mismo equipo tenía que ir con el «V2» desde Stuttgart a otros países europeos para poder competir. Y después, por si no se había conducido lo suficiente, de vuelta a casa. Además, la red de estaciones de servicio dejaba bastante que desear. Pero Linge era precavido: «En las pruebas especiales siempre llevábamos el menor peso posible de combustible en el auto. Los mecánicos se adelantaban con una furgoneta Volkswagen, colocando sobre la banquina bidones de gasolina de 20 litros en los puntos acordados. Así de fácil, y nadie robaba nunca nada. Nos apoyábamos mutuamente. Si otros tenían problemas, yo los ayudaba». Que él mismo necesitara ayuda en una ocasión fue la base de su amistad con Paul Ernst Strähle.
Linge siempre contó con el apoyo de sus jefes. En 1952 le dejaron llevarse una Volkswagen Kombi de la empresa para el fin de semana. El vehículo lo dejó tirado y le dijeron que probara en el taller de la familia Strähle, en Schorndorf, cerca de Stuttgart. Y tuvo suerte: Paul Ernst, el hijo del jefe, le ayudó a poner a punto la furgoneta. Unas semanas más tarde se produjo un segundo encuentro fortuito. Esta vez Strähle utilizó su Volkswagen Escarabajo para sacar las motos de Linge y sus amigos de un pozo de barro en el que el grupo se había quedado atascado durante una prueba. Por supuesto, Linge se ofreció a ponerse en contacto con él cuando pudiera devolverle el favor con Porsche.
La versión GT planeada incluía numerosos componentes ligeros, un escape de carrera y, bajo pedido, un tanque de combustible más grande para las carreras de resistencia. Todas estas siglas estaban por encima de las posibilidades de Strähle. Pero conocía a Linge y se enteró de que un auto accidentado con el motor deseado estaba a la venta. El motor y la caja de cambios todavía eran utilizables, pero el chasis estaba dañado por el fuego. De hecho, el auto iba a ser desguazado, pero Strähle pidió a Porsche una carrocería de reemplazo nueva, que fue encargada a Reutter con la aprobación de Ferry Porsche. Gracias a ello, Strähle recibió una variante experimental del GS Carrera GT en el color deseado, azul Adriático. Paul Ernst Strähle, fallecido en 2010 a los 83 años, describió esa época como «el período de gestación del V2».
Nació un auto de carreras en el que sólo se incluyeron cosas buenas, e incluso eso fue mejorado por los dos amigos a lo largo de los años. Al terminar su jornada laboral, Herbert Linge iba a trabajar al taller de Strähle. En 1957, gracias a su ayuda, se incorporó el nuevo motor Carrera de 1.6 litros al auto. Linge se sigue emocionando como un jóven cuando dice: «¡Siempre tuvimos material de primera! A veces colocábamos piezas que la fábrica no había terminado de probar. Amortiguadores y cosas así». Como piloto de pruebas, conocía las ventajas de algunos componentes. En 1957, ambos obtuvieron el primer triunfo para el «V2» al terminar decimocuartos en la general y vencedores de su categoría en la Mille Miglia. Se sucedieron muchos más éxitos hasta que Strähle dejó de competir en 1964.
Incluso retirado, Linge ha seguido siempre muy de cerca la exitosa carrera de Marc Lieb en la Porsche Carrera Cup Alemana, que él había dirigido en su momento, así como el ascenso desde los equipos de clientes a los oficiales, cosechando victorias y títulos por todo el mundo. «Aprendo de Herbert cada vez que lo encuentro; sus conocimientos son un tesoro inagotable», dice Lieb. El ingeniero mira por el espejo retrovisor y pone el intermitente para dirigirse al Coliseo. El gran volante del «V2» está rodeado del instrumental que Linge y Strähle implementaron en su día. El cuentarrevoluciones todavía tiene una marca en 3.500 rpm. Al motor Carrera no le gustan los regímenes bajos, como bien sabe Lieb. «Porsche construye ahora entre 250 y 300 deportivos al año destinados a la competición para clientes, pero la filosofía es la misma que entonces», asegura. «No se trata sólo de vender autos, sino de planificar proyectos estratégicos. Quien se interesa por un modelo, desde el Porsche 718 Cayman GT4 Clubsport hasta el Porsche 911 RSR que también utiliza el equipo oficial, no solamente puede tener dudas técnicas. Además, quiere recomendaciones para posibles actuaciones, saber qué piloto oficial está disponible y qué soporte técnico hay».
Marc Lieb maneja el «V2» a buen ritmo hacia el sur de la ciudad. Navega entre el tráfico con esta joya, cambiando de marcha con sensibilidad pero con brío y reduciendo siempre con doble embrague. A diferencia de 1959, apenas hay turistas en Roma. Los transeúntes lo saludan y dos policías le dan el visto bueno con el pulgar levantado, mientras la bella macchina les pasa por delante con su profundo sonido. Los edificios de la Via Appia Antica hacen de caja de resonancia. Lieb respira hondo, como si quisiera empaparse de los más de 2.000 años de historia de esta calle. «Todo lo que somos es una evolución de la historia». El «V2» ha llegado a Roma con Lieb al volante. «500.000 kilómetros recorridos, los viejos asientos, el habitáculo… Todo es diferente, pero muy familiar. Aprietas el acelerador y enseguida lo notas: ¡esto es un Porsche!».
Fotos: Prensa Porsche
Artículo originalmente publicado en el número 399 de Christophorus
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como consiguiò este hombre entrar en la Via Appia Antica?? y por sobretodo, como logrò salir de ella sin dejar una suspensiòn, una goma o un musculo lombar?
Seguramente bajado de una ¨camilla¨y empujado a mano. La foto que más costó poner en la nota es la anteúltima, del Porsche «en movimiento», excesivamente retocada y «falsa»…
Las tres imágenes en la Via Appia son en el mismo punto, en las proximidades del bebedero de agua. Da para sospechar…