Carabelas de la nada

2/Abr/2020

Cuando el último diciembre motivos dizque familiares me pusieron en la obligación de encarar las rutas nacionales con dirección al Valle de Calamuchita, recordé que había tomado nota del “agente Graham Paige en Godeken-Estación Beravebú” como para echar un vistazo algún día.

Algún día parecía haber llegado y Beravebú resonaba en mi memoria como uno de los pueblos hasta los que llegaba el jornal “El Informe de Venado Tuerto”. Me largué a la ruta sin consultarlo con Google.

Para variar encaré por la ruta nacional 7 y distraído me confundieron los carteles de las obras inconclusas. Pasé de largo el empalme de la Ruta 32, pero para no variar decidí persistir en el error y al llegar a Junín definir el nuevo «borde».

Llegado a la cuna del «Caballero del Camino», para ser menos que Pappo tomé la Ruta 65… Dejé por estribor Fortín Tiburcio y una vez atravesado el límite interprovincial apareció en todo su esplendor la 94, con su pavimento dividido que recuerda que durante muchos años fue “media ruta”, con preferencia para los gorgojeros.

Al llegar a Villa Cañás ya era casi la hora de la siesta y de la ciudad de la “Reina de los Almuerzos” sólo obtuvimos unos yogures y ensaladas de fruta, en puro plan light. Luego de un par de «bordes» extra para esquivar las lagunas encadenadas y una inevitable pasada por la tierra de mi madre y de don Ramón Requejo, pusimos proa a la Ruta 33. Pasando Murphy (pronúnciese Murpi) y luego de retirar unos salames, un queso y maníes para una picada cetogènica on board, un desvío a la derecha nos deposita en La Chispa. De ahí serían 20 km más por la tierra y al fin Godeken.Entramos a la zona urbana por la puerta de atrás, recibidos por un ñandú que correteaba en un patio. Unas pocas cuadras y por fin el centro de un pueblo que (oh, sorpresa) no tiene estación de ferrocarril ni calle San Martín, lo que explica la cita en la revista de los Graham-Paige.

Dimos algunas vueltas y le hicimos un par de preguntas a un señor muy amable y bastante anciano en el CSDyM que lleva el nombre del pueblo y más vueltas buscando el solar de los Graham sin éxito. Allí se me ocurrió que si no estaba en Godeken, la vieja agencia debía estar en Beravebú (continuará…).

Y allí fui buscando la salida, siempre «haciendo bailar los ojos» (mi viejo dixit), y como canta Blades: la vida te da sorpresas. De pronto una calle con un nutrido popurrí de fierros viejos (Fiat 125, Ford Sierra, Opel K 180, IKA Torino) exige una vuelta manzana para observar más en detalle.

¡Y vaya si sorpresas te da la vida! En media manzana de pastizales y yuyos reposan dos docenas de Kaiser Carabela fúnebres en distintos estados de reducción, alternando con ejemplares de otros modelos de IKA y de otras marcas.

Fotos: Alejandro Tasso

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