“Le Mans” vive en el altillo de un fanático

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A menudo, la vida escribe los guiones más emocionantes. El final feliz nunca está garantizado, pero siempre puedes creer en uno. De hecho, hay que hacerlo, de lo contrario el fracaso es seguro; el triunfo ya no será una opción. “¿Así que tú eres el que no descansará hasta que me conozca?”. Esta pregunta, planteada por Richard Rüdiger, uno de los actores secundarios de “Le Mans”, podría ser interpretada como un reproche para muchos sensibles mortales.

Pero para Frank Wrobel era una distinción honorífica. Había conseguido contactar con otro testigo contemporáneo, otro héroe de una película que hoy en día goza de estatus de culto. Frank Wrobel, de la ciudad alemana de Saarbrücken, ha escuchado este tipo de comentarios muchas veces antes, ya que no es un coleccionista en el sentido clásico: es un investigador, un soñador, un fanático. De hecho, a Frank no se le escapa que la palabra “fan” se deriva de “fanático”. Nunca habría llegado tan lejos sin un toque de obsesión: nunca habría conocido a Siegfried Rauch ni le habrían dado su guión original dedicado o una gran colección de fotos privadas del set, o un vídeo cassette de la película firmado por Hans Herrmann. ¿Pero dónde empieza una pasión como ésta?

En el sofá. “Bullitt” fue la droga de iniciación para Frank Wrobel, aunque ya tenía interés en este género. Orgulloso propietario de un Ford Mustang rojo, ha hecho pequeños papeles en películas, además de trabajar como presentador, albañil, experto en publicidad y modelo fotográfico. Este hombre de 53 años nunca ha seguido un camino convencional, ni en su vida profesional ni en la privada. Puede ser peculiar pero, al final, te conquista con cualidades que pocas personas poseen: autenticidad y pasión, combinadas con una buena dosis de obstinación. Ser un buscador de objetos de colección es parte de su ADN. Tal vez eso explica su afinidad con Steve McQueen. Tal vez por eso está tan fascinado por la gran leyenda del cine norteamericano.

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La persecución del Ford Mustang contra el Dodge Charger lo conquistó. Luego e inmediatamente Frank se enamoró de “Le Mans”. Fue la película que a Steve McQueen le costó más tiempo y mucho dinero. Aunque no fue un éxito de taquilla en el momento de su estreno, se ha convertido en un icono del género de las carreras de autos. Ofreció un retrato más auténtico que su contemporáneo “Grand Prix”, de Frankenheimer. Fue la antecesora de “Rush” y, aunque con bastante más parafernalia de Hollywood, de “Le Mans 66”.

El altillo de una casa normal cerca de Saarbrücken es el hogar de lo que probablemente constituye el mayor museo de objetos cinematográficos de “Le Mans”. Eliminemos la palabra “probable”. No hay otro lugar donde se puedan encontrar más accesorios originales y firmados. Incluso el casco con la inscripción “Ritter” está ahí. Johann Ritter, interpretado por Fred Haltiner, conducía uno de los Porsche 917 KH de la película como compañero de equipo de Michael Delaney/Steve McQueen.

Pero, lamentablemente, al casco le falta un overol. Frank Wrobel ha estado dos veces muy cerca de adquirir los originales, sorteados en 1971 por “Bravo” como parte de la promoción de la película. Tres trajes usados por Steve McQueen en el rodaje llegaron a manos de nuevos propietarios y Frank Wrobel logró localizar a dos de ellos.

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Pero cuando creía que había conseguido una de estas reliquias, el destino intervenía. Los dueños verían su oportunidad de hacer mucho dinero. Los tres buzos los adquirieron coleccionistas millonarios, en subastas por sumas de seis cifras. Pero el corazón de la película late en Saarbrücken, donde Frank Wrobel, con el apoyo de su novia Jasmin Kühnreich, ha construido una red a lo largo de muchos años que incluye a los que participaron en la película, tanto delante como detrás de la cámara. Podía contar entre sus amigos al ahora tristemente fallecido Siegfried Rauch. Fue invitado a la fiesta del 50º cumpleaños del chef que había atendido al equipo y que creó el filete “Steve” para Steve McQueen: marinado en salsa de miel y endulzado con trozos de piña.

Y cuando la épica novela gráfica de Sandro Garbo “Steve McQueen en Le Mans, el Opus final” se publicó, en octubre de 2019, Frank Wrobel volvió a ser parte de la historia: inmortalizado en un dibujo justo al lado de Steve McQueen. Frank Wrobel es más que un simple coleccionista. Es un coleccionista que ha llevado adelante la historia de la película, que ha rastreado a las personas y sus historias con una dedicación incansable y que, al hacerlo, ha armado un rompecabezas viviente a partir de los accesorios y objetos de la película de culto. En lugar de preservar las cenizas, mantiene el fuego encendido. Nadie más podría decir eso, nadie más lo ha logrado.

Michael Delaney no es el primero en cruzar la línea de meta al final de la película, después de 104 minutos. Su compañero de equipo, Larry Wilson, conduce su Porsche a la victoria. Sin embargo, el héroe de la película es el verdadero vencedor, ya que, con un solo gesto, al final lo gana todo: el respeto de Erich Stahler, quizás incluso el corazón de Lisa Belgetti, la mujer a la que ama y, sobre todo, hace las paces consigo mismo. Un final feliz es, por supuesto, lo que haces de él.

Fotos: Prensa Porsche

Publicado originalmente en el número 17 de la revista Porsche Klassic

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1 Comentario, RSS

  1. Adolfo @

    Simplemente, maravilloso. Aplausos

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