A 50 años del nacimiento del Toyota Celica

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Recién estrenada la década de los años 70 vio la luz el Toyota Celica, una de las cupés más reconocidas gracias a su diseño, placer de conducción y comportamiento, además de su dominio del Campeonato del Mundo de Rally –World Rally Championship (WRC)- a principios de los años 90.

El nombre del nuevo modelo desarrollado por Toyota ya hacía presagiar su futuro -Celica es sinónimo de ‘celestial’-, por lo que desde el primer momento quedaba claro que estaba llamado a ser una estrella. Así quedó demostrado en sus siete generaciones y más de 35 años de historia.

La nueva cupé 2+2 de Toyota se presentó en sociedad en diciembre de 1970 y representó para Toyota volver a poner el foco en los ‘specialty cars’, los vehículos especializados, combinando diseño y alto rendimiento con un precio adecuado para los conductores más jóvenes. El objetivo era proporcionar el modelo ideal para aquellos que querían gozar de una gran sensación de libertad al volante pero disfrutar también de un práctico interior y una respuesta deportiva.

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Desarrollado a partir de la plataforma del Carina, el Celica ofrecía además múltiples posibilidades de personalización ya que, bajo la denominación ‘sistema completo de opciones’, se podía elegir entre diversos motores de 1.4 y 1.6 litros, dos tipos de cajas de cambio manual y una transmisión automática y cuatro niveles de equipamiento  (ET, LT, ST y GT).

Confort y facilidad de uso fueron también prioritarios para los ingenieros que desarrollaron el Celica, pero siempre garantizando una respuesta dinámica sobresaliente en curva para conquistar a los más entusiastas de la conducción deportiva. Lo lograron con una configuración de suspensión delantera independiente y trasera de cuatro brazos, con amortiguadores separados, lo que junto a la puesta a punto del resto del chasis permitió convertir al Celica en un modelo único en caminos de montaña.

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La combinación de potentes motores y excelente respuesta dinámica fue una fórmula de éxito también en el mundo de las carreras, ya que el Celica logró diversas victorias en Japón y fue el modelo con el que Ove Andersson dio forma al Toyota Team Europe (TTE) en Colonia (Alemania), siendo el centro de las actividades automovilísticas de Toyota en las siguientes décadas.

En abril de 1973 llegó una segunda variante a la gama, con el Celica Liftback, que ofrecía una carrocería cupé de tres puertas con cinco motores para elegir, tres de 1.6 litros y dos de 2.0 litros. Fue lanzado al mercado para satisfacer la demanda del creciente número de clientes que querían un Celica más práctico para realizar actividades al aire libre, gracias a su gran portón trasero y los respaldos de los asientos posteriores rebatibles, lo que permitía transportar grandes objetos para los momentos de ocio, como tablas de surf y todo el equipo de camping.

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Tras más de un millón de unidades vendidas y casi siete años de recorrido llegó al mercado la segunda generación del Celica, en agosto de 1977. De nuevo con base Toyota Carina, el nuevo Celica se ofrecía con carrocería cupé de dos puertas y ‘liftback’ de tres puertas, creciendo en tamaño, tanto en longitud como en anchura, para responder a los gustos de los cada vez más apasionados clientes estadounidenses.

Con un equipamiento que seguía siendo excepcional para la época, el nuevo Celica mantenía las virtudes de su antecesor: dinamismo, funcionalidad y refinamiento combinados con un habitáculo apto para cinco ocupantes.

En 1978, con la entrada en vigor de normas de emisiones cada vez más estrictas, Toyota tuvo que modificar sus motores, algo todavía más complicado en el caso de los propulsores picantes del Celica. Aun así, los ingenieros de Toyota lo lograron, introduciendo algunos cambios para que el Celica siguiera con su célebre propulsor con doble árbol de levas en cabeza (DOHC) como opción.

Un par de años después de su lanzamiento, la segunda generación del Celica estrenó una ligera actualización estética: los cuatro faros redondos fueron sustituidos por otros de forma rectangular, quedando integrados a ambos lados de una nueva parrilla frontal.

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Apenas cuatro años después de su lanzamiento, la segunda generación del Celica fue reemplazada por la tercera. Con forma de cuña y desbordada creatividad aerodinámica, el nuevo Celica presentaba afilados contornos y superficies planas. Su rasgo más característico eran los faros semi retráctiles, de forma que cuando no estaban en uso se integraban al nivel de la carrocería, lo que reducía el coeficiente aerodinámico y daba lugar a un frente más uniforme.

El diseño interior también fue revolucionario, con un ambiente futurista presidido por un panel de instrumentos totalmente digital y, en algunas versiones incluso, sistema de navegación, uno de los primeros del mundo del automóvil. El primer motor DOHC con turbocompresor en Japón se unió a la oferta del Celica al poco del lanzamiento de la tercera generación, con variantes de 1.6, 1.8 y 2 litros.

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En octubre de 1982, Toyota lanzó 200 unidades especiales del Celica con homologación de rally Grupo B. Se denominaban Celica GT-TS y se fabricaron en torno al nuevo motor DOCH turboalimentado.

El Celica Twin Cam Turbo demostró ser un arma casi infalible para Toyota en el Campeonato del Mundo de Rally —World Rally Championship (WRC)—, especialmente en África, donde firmó tres victorias consecutivas en el Rally Safari de Kenia entre 1984 y 1986 y otras tres victorias en el Rally de Costa de Marfil en 1983, 1985 y 1986.

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En 1985 se presentó la cuarta generación del Celica, una revolución al pasar de ser tracción trasera a tracción delantera y ofrecerse únicamente con carrocería cupé ‘liftback’. Líneas mucho más redondeadas y un sobresaliente coeficiente aerodinámico (0,31) que se conjugaban con la nueva configuración de motor y tracción en el eje delantero y suspensión totalmente renovada, tipo McPherson delante y detrás. El interior mantuvo su seña de identidad con instrumentos digitales, ahora todavía más futuristas gracias a los gráficos en color.

A finales de 1986 se presentó el que quizá haya sido el Celica más admirado y deseado, el Celica GT-Four, una variante de tracción total con motor DOHC de 185 CV y turbocompresor que resultó ser la base perfecta para que Toyota lograra, años después, el título del WRC. Tras completar el calendario completo del Mundial de Rally en 1988 y firmar varios podios y una victoria (Rally Australia) en 1989, el Toyota Team Europe (TTE) y Carlos Sainz lograron el título en 1990, en su segundo año juntos.

Ese fue el primero de muchos éxitos del Celica GT-Four en el WRC, en sus distintas versiones a lo largo de los años —ST165, ST185 y ST205—, ya que con él, Toyota sumó 29 victorias y seis títulos, dos de constructores y cuatro de pilotos.

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Mientras el Celica GT-Four basado en la cuarta generación cimentaba la que posteriormente sería una gran trayectoria en el WRC, en 1989 Toyota lanzó la quinta generación del modelo de calle. De diseño todavía más redondeado, su tamaño era algo mayor y contaba con una gama de tres motores de 2.0 litros con hasta 225 CV en el Celica GT-Four.

En 1992 vio la luz el Toyota Celica GT-Four RC (Rally Competition), comercializado en otras regiones como Toyota Celica Carlos Sainz como homenaje al piloto español con el que Toyota logró los títulos del WRC en 1990 y 1992. Fue una edición especial limitada a 5.000 unidades para todo el mundo, de las que unas 3.000 llegaron a Europa.

Esta variante se diferenciaba del Celica GT-Four por diferentes ajustes en el motor, entre ellos un ligero aumento de potencia, el chasis, con diferencial trasero tipo Torsen, y la carrocería, con una imagen aún más deportiva.

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Lanzada en 1993, la sexta generación implicó el regreso de los cuatro faros redondos en el frente. Se mantenían las líneas redondeadas pero llegaba una nueva plataforma, que incrementaba la rigidez y reducía el peso, llevando todavía un paso más allá la deportividad inherente al Celica. Incluso con una carrocería más resistente, los ingenieros de Toyota lograron reducir el peso del conjunto en 90 kg. Para la suspensión se optó por una nueva configuración “Super Strut”, mejorando gracias a ella la respuesta a alta velocidad y en carreteras sinuosas.

En 1994 se comercializó en Japón un nuevo Celica GT-Four, homologado para el WRC, como parte del reto de seguir siendo la referencia del campeonato. Se propulsaba gracias a un motor de 255 CV con un nuevo sistema de reglaje de válvulas y un renovado turbocompresor , que permitía al Celica GT-Four acelerar de 0 a 100 km/h en poco más de seis segundos y alcanzar los 250 km/h de velocidad máxima.

Igual que en la generación anterior hubo una variante convertible, en este caso con capota de lona con un nuevo sistema de accionamiento eléctrico, que permitió incrementar el volumen del baúl y el espacio trasero en el habitáculo, llegando a cotas similares a las de la variante de carrocería cerrada.

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Cuando se lanzó la séptima generación, allá por 1999, nadie podía pensar que sería la última del mítico Celica. Presentado en formato prototipo, como Toyota XYR Concept, en el Salón del Automóvil de Detroit en enero de 1999, fue toda una revolución a nivel diseño. Con un guiño al perfil en forma de cuña de la tercera generación, el que sería el último Celica presentaba una imagen angulosa, con una distancia entre ejes estirada y las ruedas muy cerca de los extremos de la carrocería.

Se comercializó únicamente en versión ‘liftback’ porque, desde el principio del proyecto, Toyota decidió no desarrollar versión cabrio ni de tracción total. En algunos mercados hubo dos opciones de motorización disponible, un 1.8 litros de 140 CV y un 1.8 litros 192 CV, mientras que en otros, como en Europa, sólo se comercializó con el más potente.

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En abril de 2006, tras más de 35 años de historia, siete generaciones y más de cuatro millones de unidades vendidas en todo el mundo, el ya mítico Toyota Celica cesó su producción. Unos pocos años después, Toyota volvió a contar con un deportivo en su gama con la llegada del Toyota GT86, un cupé 2+2 de motor bóxer delantero y tracción trasera cuyo desarrollo se centró en las sensaciones que su conductor debía obtener al volante, con el placer de conducción como hilo conductor de toda su puesta a punto.

Fotos: Prensa Toyota

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