Las infancias no se manchan

Alejandro Tasso
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Como buen “Atypical”, agotadas las novedades mainstream empecé a sondear en Youtube (tal vez la madre de todas las aplicaciones) buscando algún material interesante y/o inédito, que pudiera presentar algún interés automovilístico.

Para los “open-minded” me animo a recomendar el canal de “Filmoteca On Line”, presentado por Fernando Martín Peña. Entre el material hay un curioso documental de 1972 sobre un congreso de Cooperativas de Crédito (en el Luna Park, reacondicionado tras el “Rompan todo” de Billy Bond), que presenta un amplio surtido de ómnibus utilizados para movilizar a la concurrencia, que hará las delicias de la “Mesa UTA”.

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Como una cosa lleva a la otra, recordé que esas instituciones fueron desplazadas del sistema financiero en 1977 por la “Ley de Entidades Financieras” (dictada por la Dictadura y aun vigente con sucesivos remiendos hasta la actualidad). Bajo la 21.526 nacieron el BIR (main sponsor de la “Vuelta a la América del Sur” de 1978) y otros bancos y financieras fallidos (casualmente varios de ellos auspiciaron a varios dandy drivers argentinos tanto en el ámbito nacional como internacional).

A pesar de las crisis y persecuciones muchas de esas Cajas de Crédito consiguieron sobrevivir integrando el que hoy conocemos como Banco Credicoop. Una de ellas fue la Caja de Crédito Villa Sahores cuyo edificio original sobrevive en Nazca al 2200 de la capital, hoy devenido agencia de “la banca solidaria”.

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En 1970, celebrando el ex “Día del Niño”, la Caja organizó un “concurso de manchas” al que mi madre juzgó oportuno inscribirme (pobre), creyendo que mis aptitudes me permitirían aspirar a alguno de los premios. Y allí fuimos mis hermanas y yo, en busca de la gloria hasta Nazca y Jonte. Resultado: Primer premio en mi categoría y una flamante número 5 azul y amarilla a casa.

Esta sería la primera muestra de mi arte para el gran público: engañado por el éxito fácil decidí perseverar en mis intentos borroneando papeles y, como “el Loco Belfor”, aproveché una temporada en la que la línea 47 de colectivos modificó su recorrido, pasando todas las tardes sentado en el umbral de casa paterna observando el paso de cada unidad, para poder plasmar sus siluetas en el papel que abundantemente proveía un tío impresor de Venado Tuerto. Aún hoy recuerdo que el interno 70 era de carrocerías La Unión (que por entonces estaba en el barrio), parecido al de la foto, retratado en los fondos de Viña (PBA).

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Lamentablemente, de esa recopilación de unidades no se han conservado copias. En cambio pude recuperar un par de imágenes que merecieron ocupar carpetas y sobrecubiertas de libros de mi hermana, algunas del período “azul y amarillo”, influídas por el efímero romance con la número 5 y las primeras lecturas de la revista “El Gráfico”. El cinéfilo detallista reconocerá en el paisaje urbano de Joliet las primeras imágenes de “El Golpe”, en una versión bastante imaginativa, semiplena prueba de que el talento (como el 47) había cambiado de recorrido y yo seguía esperando en la parada equivocada, sentado en el umbral.

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El Golpe 1

Pasaron años y el mismo 47 se transformaría en mi transportador oficial una vez ingresado a la benemérita ENET Nº35 (conservo por ahí la tarjeta del ingreso pero por pudor no la haré pública). La escuela, entre tantas cosas a las que como decía el “Canario” Luna “el recuerdo ha disfrazao de santas”, tenía a la manera de los “Sports” de los colegios ingleses una Olimpiada interna. Bastante torpe y algo excedido de peso para los deportes, mi lugar estaba asegurado en el “Concurso de Manchas”, donde año tras año fui tentando suerte infructuosamente. Hasta que por fin en 1981 los efluvios de la fotocopiadora (que en el día a día escolar imprimía los apuntes que nos permitían seguir las amenas clases de los ilustres ingenieros Gonet, Kurz y  Bianchi, entre otros), corrompieron el juicio de Bernasconi, artista plástico residente y jurado del concurso. ¡Alcancé el escalón más alto del podio!

La obra puede verse gracias a alguna argucia que me permitió recuperarla y conservarla hasta el día de hoy, ya que luego de expuestas no se devolvían. Otro inútil espaldarazo para mi autoestima, pues seguíamos desencontrados con el talento.

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Extraviadas en la inmensidad de mis limitaciones las posibilidades de transferirme a Italia y matricularme en el Politécnico de Torino, mi afiebrada fantasía seguía demandando papel, lápices, tinta y otros elementos para alegría de la familia González, libreros de bien ganado prestigio en el barrio.

Años más tarde, y ya disponiendo de un Ami 8 bastante baqueteado, dejé volar la imaginación para pergeñar alguna transformación en el diseño de Flaminio Bertoni. La configuración de los Citroën era una tentación para dibujar, en esa época en la que proliferaban las variaciones de carrocerías de PRFV. A la vista los ejemplos más dignos, cuyos trazos rústicos, más que de Bertoni traen reminiscencias del “Chivo” Pavoni, al que en su rol de pizzero tuvimos el placer de conocer con mis compañeros, cuando instaló su boliche en la esquina de la escuela.

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Tras un largo hiato por “esas cosas de la vida”, recién en 2011 tomé aire y empecé a disponer un poco de organización y tiempo para experimentar con colores y texturas.

Quedó claro que el mejor tributo que podía rendir al arte era la admiración de la obra ajena, pero la osadía pudo más y componiendo a partir de algunas fotografías empecé a reproducir escenas en las que, vaya sorpresa, suele aparecer alguna cosa con ruedas, a veces hasta reconocible. De ese período data el automóvil Willys retratado en su lánguido reposo jubilatorio en un cobertizo adosado a una tapera en Rancagua (PBA), con las debidas licencias pictóricas.

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En fin, algunas reflexiones que me vinieron a la mente ayer domingo mientras aprovechaba el sol del día de las infancias paseando por el Parque Los Andes, precisamente frente al acceso del taller Rancagua del subte B. Paseo en el que además de retratar algunos modelos en reposo en el conjunto habitacional obra de Beretervide, encontré un emprendimiento novedoso: un par de jóvenes ofrecían a los padres que paseaban con sus niñes, atriles y materiales para pintar, convenientemente sanitizados, para paliar la ausencia de la calesita, por cierto con una inversión bastante más modesta que una docena de Bugatti Baby o dos.

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Más tarde y ya vuelto a casa me entretuve disfrutando otros rescates de “Filmoteca On Line”: una simpática película promocional (1946) de la recién nacida localidad de Santa Teresita con una emocionante carrera de Jeeps Willys por un circuito en las arenas, y en el mismo corto a Juan Gálvez como director de una carrera de regularidad largada en Buenos Aires. De postre, una curiosa producción en clave humorística del Departamento de Capacitación en Ventas de IKA dirigida por el ilustre José Martínez Suárez.

Fotos, dibujos y pinturas: Alejandro Tasso

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5 Comentarios, RSS

  1. Sr. Tasso, releere todos sus aportes anteriores….en busca de lo que no he podido ver hasta ahora.
    Muchas gracias, en mi opinion muy talentoso.

  2. Pablo Gonzalez @

    Hermoso texto , con hermosos recuerdos que comparto contigo Alejandro ,sobre el acontecer de aquella Nazca y Jonte que por aquellos tiempos era ,quizás , el mundo mismo !!! Gracias por el recuerdo!!

  3. Güilbeis @

    El dibujo con el 125 y el bus es la entrada al taller de la ENET 35 desde el patio.
    Me gustó el Ami 8.

  4. Ranquel Arbolito @

    ¡Librería Gonzales! Ahí compraba los Manuales de Taller de editorial Cosmopolita.

  5. Gringo Viejo @

    Muy buena descripción de la epoca, Alejandro. Me llegó al corazón y ahora, como decía aquel florido poema campero: “contra el recuerdo no puedo, luchar en esta ocasión”. Recuerdos de ENETs (Me gradue en una ENET) Menciones al BIR (Banco dudoso y culisuelto de aquella epoca de plata edulcorada que fue la primera ficha del nefasto dominó en caer) financiando actividades que en un pais como el nuestro eran, cuanto menos, frivolas y mas aun para un banco casi quebrado. Aunque despues vinieron bancos aun mas generosos con “la guita de los giles”.
    Pasando a los bellos dibujos, ademas de bellos ayudan a preservar un patrimonio que ya no queda. Gracias.

    GV

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