
Cuando un devastador incendio afectó al fabricante de automóviles en aquel mismo 1924 se precipitaron las negociaciones para conseguir un socio estratégico fuerte, papel que asumió en 1925 el consorcio de ingeniería y armamento Škoda, con sede en Pilsen. El departamento de transportes de aquella compañía había producido principalmente equipamiento militar a partir de 1919, antes de que en 1924 se añadieran vehículos comerciales: las locomotoras de vapor de electrogasolina Tilling-Stevens y Sentinel.
Ya el 10 de noviembre de 1924, Karel Loevenstein, entonces director general de Škoda Pilsen, decidió iniciar el camino para la producción bajo licencia del automóvil de lujo Hispano-Suiza H6B. Škoda Pilsen ya producía motores de aviación de esta empresa, que tenía plantas de producción en Francia y España (de ahí Hispano) y estaba dirigida por Mark Birkigt, un diseñador jefe helvético (de ahí Suiza). El auto se asentaba sobre un chasis de largueros con una generosa distancia entre ejes de 3,69 metros. De particular interés fue el motor de gasolina OHC con seis camisas de cilindro de hierro fundido en un bloque de aluminio. Independientemente del costo, el cigüeñal, alojado sobre siete cojinetes, se mecanizaba desde una pieza forjada de 350 kg hasta los 45 kg resultantes.
La fábrica de Pilsen no tenía taller de carrocería propio, por lo cual los chasis completos de más de la mitad del total de 100 unidades fueron vestidos en la planta de Mladá Boleslav. Las unidades restantes se carrozaron en empresas independientes como Aero, Brožík, JO Jech, Petera (actual planta de Škoda Auto en Vrchlabí), Pokorný & Beiwl o Uhlík. Un tercio de los ejemplares producidos se exportó a países como Argentina o Turquía, además de los mercados europeos. El certificado de entrega del primero de estos vehículos lleva la fecha del 10 de mayo de 1926, y aquella limusina especial se mantuvo al servicio del presidente Tomáš Garrigue Masaryk durante casi diez años.
Sólo un puñado de los Škoda Hispano-Suiza producidos entre 1926 y 1930 han sobrevivido hasta el día de hoy. Entre los más atractivos de éstos se encuentra el ejemplar en exposición en el Museo Škoda. El chasis lleva el número de serie 469 y el vehículo está equipado con el motor n° 1181. El “rolling chassis” fue terminado en Pilsen el 4 de mayo de 1928. El renombrado carrocero JO Jech, que operaba en Praga, cerca del Teatro Nacional, en la calle Karolína Světlá, entregó el 22 de septiembre de 1928 el vehículo completo a la próspera Asociación de Refinerías de Azúcar Checoslovaca. Su presidente, Robert Mandelík (1875-1946), industrial, financiero y alcalde de Ratboř, cerca de Kolín, utilizó el Škoda Hispano-Suiza hasta mediados de la década de los años 30.
En la década de los años 70, este ejemplar fue adquirido por un coleccionista eslovaco. El siguiente propietario, esta vez de Praga, inició en 1995 una profunda renovación que se extendió a lo largo de diez años. Václav Zapadlík, un reconocido artista plástico enfocado en sus lienzos en retratar escenas automovilísticas, diseñó una creación al estilo de JO Jech sobre el chasis original , a partir del sector delantero original de la carrocería. Posteriormente, el auto cambió de propietario dos veces más y desde 2010 forma parte de la colección del Museo Škoda.
No sólo la carrocería, gran parte de la cual no era original y no tenía más de un cuarto de siglo, tenía defectos fundamentales. En 2019, tras retirar el motor, el auto fue trasladado a un taller especializado en la restauración de carrocerías, incluida la estructura de madera. Hubo que adaptar la forma de la parte trasera y alargar y metalizar el par de puertas traseras. A esto le siguió la fabricación de nuevos guardabarros traseros y estribos, así como nuevos revestimientos metálicos de las puertas delanteras.
Las labores continuaron con el desmontaje de la carrocería para pintarla y montarla en el chasis. Se modificó el mecanismo del techo abatible, se hicieron nuevas estructuras de asientos y se reparó y repintó el tablero. Ni siquiera el Covid-19 detuvo el trabajo. En 2021 le tocó el turno a la tapicería y marquetería de los asientos. No debemos olvidar que la marquetería es un oficio tradicional: el plegado y pegado de chapas de madera de diferentes colores y texturas, en este caso comenzó con los adornos de las puertas. Pero el lujoso Škoda Hispano-Suiza también tenía marquetería sobre el tablero, ricamente decorado, y en el tabique que separa la zona de los asientos delanteros de los pasajeros que viajan detrás.
La revisión del motor también fue un desafío y finalmente llevó tres años de trabajo. También en este caso los expertos tuvieron que redimir una serie de viejos pecados y lidiar con las consecuencias de una reparación fallida del cigüeñal, por ejemplo, y de la tapa que cubre el block, que quedó deformada y oxidada después de una mala intervención.

La guinda del pastel de esta meticulosa restauración son las réplicas fieles de las matrículas Č-26.960 de la Primera República Checoslovaca. Si recordamos el rubro de negocios del propietario original, podríamos decir que el renacido Hispano-Suiza quedó tan dulce como el azúcar. Por supuesto, no está a la venta: desde su restauración es una de las estrellas del Museo Škoda en Mladá Boleslav.
Fotos: Prensa Skoda
Un Laurin & Klement para el paseo del primer presidente checo
- Audrey Hepburn los prefiere DS - 01/12/2024
- Los autos son hermosos: Mr Brainwash en el Museo Petersen - 28/11/2024
- Subastan el Mercedes W 196 con el que Fangio ganó en Argentina - 26/11/2024
























0 comentarios